Durante la celebración de la cumbre de París, el COP21, hay algunas cuestiones que están quedando casi demasiado claras. De todos los países invitados, al menos once de ellos no se comprometen a seguir las necesarias directrices contra el cambio climático. Las razones son variadas y complejas. Pero todas implican un mismo problema: ¿qué va a ocurrir con estos países que no se unen al compromiso de mejorar el panorama mundial?

Los países que no se unen a la lucha contra el cambio climático

de los 195 países, 184 se han comprometido a hacer su parte en la reducción de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. Esto supone un coste y un esfuerzo adicional para el país. ¿Cuales son los once países que han decidido abstenerse? Entre ellos se encuentran Corea del Norte, quienes deniegan que exista ningún tipo de cambio climático, Siria, que se encuentra en guerra actualmente o, sorprendentemente, varios países de Latinoamérica, como Nicaragua, Venezuela o Panamá. En estos países se presentan una misma tónica, enmarcada por las palabras de Paul Oquist, el enviado de Nicaragua: "aquellos que han causado el problema deberían de solucionarlo".

Algunos países, como Nepal, se están recuperando de desastres o conflictos internosOtros países que tampoco se han unido al compromiso de lucha contra el cambio climático son Libia, que se encuentra muy inestable tras el golpe contra Gadafi, o Nepal, que en estos momentos se centra por completo en recuperar al país del enorme terremoto que asoló la región hace unos meses. Por otro lado Uzbekistán, que junto a Venezuela suponen los países más grandes que no se unen al compromiso, resulta muy representativo. Ambos países productores de petróleo y famosos por sus críticas a otros países consumidores del mismo.

Por último, algunos países, como Timor Oriental, sencillamente no han conseguido llegar a tiempo para unirse al compromiso contra el cambio climático. Como contrapunto, es muy interesante apreciar que algunas de las naciones más castigadas, como Afganistán, sí han decidido unirse a la lucha a pesar de la inestabilidad con la que cuentan en su país. Las Naciones Unidas se han comprometido a ayudar a todos los países firmantes del compromiso para impulsar sus medidas de reducción de gases de efecto invernadero.

Una lucha mundial

Una cuestión muy llamativa es la posición tomada por los países Latinoamericanos, representada por las palabras de Oquist. Aunque no todos los países han decidido denegar la propuestas por los mismos motivos, es cierto que desde antes de la celebración de la cumbre ya existía un rechazo manifiesto a los posibles acuerdos a los que se pudiera llegar por parte de un colectivo de países procedentes Latinoamérica. Sin embargo, una vez comenzadas las negociaciones parece mentira que estos países sigan adelante con su maniobra política mientras que otros países en peor situación económica y social hayan decidido sumarse a las propuestas. Hay que tener clarísimo que esta batalla contra el cambio climático es una lucha mundial, en la que todos los esfuerzos son pocos, pues ya llegamos tarde en muchos aspectos.

Ciertamente, hay ecosistemas, especies, climas y regiones que ya están condenadas. Y no exageramos al decirlo. Por eso hace falta una reducción drástica e inmediata de emisiones con efecto de gas invernadero. Esto implica la participación de todos los países disponibles. Especialmente si tienen capacidad de comprometerse. En el caso de Corea del Norte, siempre se han mantenido distantes y ausentes en todos los temas de las naciones unidas. Pero son un país que representan una dirección retrógrada, completamente fantástica y obsoleta. Los países en conflicto se pueden comprender. Al igual que Nepal, que debe reponerse, a pesar de que siempre se ha mostrado colaborador con el resto de las Naciones Unidas. Pero el caso de Venezuela, Panamá y Nicaragua... es más bien molesto.

Lo que nos jugamos es mucho más que una cuestión económica o de prestigio internacionalAunque tienen muchas razones para quejarse sobre las medidas propuestas para la reducción de gases de efecto invernadero, las cuales parecen excesivamente duras para los países más pequeños, esa no es razón para echarse atrás. No es razón porque lo que nos jugamos es mucho más que una cuestión económica o de prestigio internacional. Y más cuando las propias Naciones Unidas han propuesto ayudar a los países con menos disposición económica. Hasta cuarenta países se verán beneficiados de dichas ayudas, por el momento. Nos apostamos el futuro del mundo. Por suerte, según las previsiones, si todos los países firmantes cumplen con sus compromisos, la reducción de gases de efecto invernadero sería notoria. Los científicos siguen escépticos y bastante negativos al respecto. Hace falta más concienciación, más sensibilización y más información. Pero un paso es un paso.

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