Quienes somos zurdos hemos tenido que aprender a vivir en un mundo de cuchillos que no cortan bien, cámaras con el botón en el lado incorrecto y pupitres inútiles (a menos que dedicáramos cada segundo a perseguir el único pupitre "especial" de todo el colegio). Sin embargo, la mayoría nos hemos acostumbrado, por la sencilla razón de que no acostumbrarnos consumía demasiada energía. Sin embargo, todavía existen resabios de la discriminación histórica contra los zurdos.

Aproximadamente 10% de la población del mundo es zurda. Sin embargo, más allá del hecho de que muchas herramientas están diseñadas exclusivamente para ser usadas por diestros, en muchas sociedades, los zurdos somos considerados de mala suerte o incluso malignos. Conozco personas que hoy en día son diestras porque fueron obligadas en su infancia a aprender a escribir con su mano derecha, a pesar de que su tendencia natural era usar la izquierda.

Un pasado siniestro

El lado izquierdo del cuerpo y la mano izquierda albergan una connotación negativa en muchos lugares. La palabra en inglés para "izquierdo", "left", deriva del vocablo anglosajón "lyft", que significa "débil". En castellano y otros idiomas derivados del latín, "siniestro" significa "algo que está a la mano izquierda", pero también "infeliz, funesto" o "malintencionado". "Gauche", la palabra francesa para "izquierda", significa también "torpe".

Al mismo tiempo, la mano derecha tradicionalmente lleva consigo connotaciones positivas: "diestro", que significa alguien que usa la mano derecha, también se entiende como "hábil o experto". En inglés también, la palabra proviene del latín "dexter": "dexterity" significa habilidad manual. En muchos idiomas, la palabra que indica la dirección, "derecho", significa también "correcto" ("right" en inglés; "recht" en alemán, "droit" en francés, por poner sólo algunos ejemplos), y además alberga asociaciones con las leyes y la justicia.

Más allá de los meros vocablos, persisten expresiones que perpetúan esta percepción. En español, "levantarse con dos pies izquierdos" significa que uno ha empezado mal el día, mientras que "hacer algo por la izquierda" significa usar medios ilegítimos o recurrir a la corrupción. Estas dicotomías lingüísticas se repiten en los idiomas más diversos, desde el sueco hasta el finlandés, pasando por el húngaro y el hebreo.

izquierda
"Linkshaender 01" by Kuebi = Armin Kübelbeck - Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Commons.

En algunos lugares del mundo, como en India y en países musulmanes, todavía se conserva una distinción que antes era más ubicua: el uso de la mano derecha para comer, manejar comida, e interactuar con otras personas, mientras que la izquierda se reserva para tareas más bajas, como la higiene personal.

Las consecuencias de esta percepción

Aunque a primera vista podría parecer una tontería, en lugares donde estas percepciones están más presentes, aún significan un verdadero factor de discriminación. En Asia, por ejemplo, donde los niños zurdos son obligados a convertirse en diestros a causa de estas percepciones culturales, esto puede desencadenar muchos problemas cognitivos, como dislexia y tartamudez. Otros problemas que pueden presentarse en edad escolar incluyen dolores de espalda, brazo y hombro a causa de la postura que hay que adoptar por el uso de pupitres diseñados para diestros (sin contar con que nos acusen de copiarnos, dadas las contorsiones que tenemos que hacer para poder escribir).

Para terminar en una nota amable, existen algunas culturas donde la mano izquierda, por el contrario, trae buena suerte. En los pueblos indígenas de la región de los Andes Centrales, los zurdos poseen capacidades espirituales especiales, incluyendo el don de la sanación. En algunos deportes, como el béisbol y el fútbol, se considera que ser zurdo presenta una ventaja contra el oponente, aunque ésta no persiste en otros deportes, como el golf, donde además tienes que conseguir palos especiales.

Hoy en día en muchas partes del mundo existen tiendas que venden productos especialmente diseñados para zurdos, de modo que, aunque te vaya a costar el triple que uno normal, sigue siendo una especie de consuelo la posibilidad de conseguir por fin un sacapuntas que gire hacia el lado correcto. El problema de acabar con las manos llenas de tinta cuando escribimos, que yo sepa, aún no ha sido resuelto.

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