omar sharif

Omar Sharif - Andrea Raffin, Shutterstock

Hay intérpretes conocidísimos porque han trabajado en multitud de producciones cinematográficas de éxito y, para no saber de ellos, uno prácticamente tendría que vivir recluido en un búnker casi sin relación con el mundo exterior. Pero hay otros actores a los que, si bien han participado en montones de películas, se les recuerda sobre todo por uno o por un puñadito de papeles que quizá hayan sobresalido más que los de aquellos que han vivido en el éxito permanente; y ese es el caso de Omar Sharif.

De matemático a galán del cine egipcio

Michel Demetri Chalhoub, más tarde conocido como Omar Sharif, nació en la luminosa ciudad de Alejandría en abril de 1932, y era hijo de un matrimonio católico grecomelquita: su madre, Claire Saada, era de ascendencia siria y libanesa, y su padre, Joseph Chalhoub, era un rico comerciante libanés de maderas exóticas, negocio al que el propio Sharif se dedicó durante un tiempo después de licenciarse en Matemáticas y Física en la Universidad de El Youssef Chahine y David Lean son los directores que le cambiaron la vidaCairo. Pero más tarde decidió estudiar actuación en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres, lo que, como supondréis, fue determinante para su destino profesional.

De hecho, su carrera como actor comenzó en 1954 con el filme egipcio de aventuras Shaytan al-Sahra, pero lo que le lanzó a la fama en su país fueron sus colaboraciones con el respetado director Youssef Chahine, y la primera de ellas fue la película Siraa Fil-Wadi, en la que también actuaba la que más tarde sería por veinte años la única esposa de Sharif, Faten Hamama. En aquella época se convirtió en el galán egipcio de moda y trabajó en veintidós películas durante siete años. Y aun así, lo que verdaderamente cambió su vida fue la impresión que le causó al director británico David Lean la apariencia física de Sharif: estaba buscando actores árabes que supieran hablar inglés para el rodaje de una de las superproducciones más recordadas de la historia del cine.

Dos personajes: el jerife Alí y el doctor Zhivago

En 1962, Omar Sharif alcanzó la fama mundial por su papel del jerife Alí en la oscarizada Lawrence of Arabia, drama bélico de aventuras del mencionado David Lean sobre un problemático oficial británico, al que da vida Peter O’Toole, que participó en la revuelta árabe durante la Primera Guerra Mundial con la ayuda del Jerife, rol por el que Sharif ganó un Globo de Oro.

'Doctor Zhivago' - MGM

Pero sería la segunda de sus dos únicas colaboraciones con Lean la que le consagraría en la memoria cinematográfica colectiva, la adaptación, en 1965, de la novela Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, acerca de un cirujano poeta que trata de sobrevivir durante la guerra civil posterior a la Revolución Bolchevique. El papel protagonista del doctor fue para él, y le proporcionó otro Globo de Oro, y su pequeño hijo Tarek interpretó a Zhivago a la edad de ocho años en una escena de remembranza. Si a mí me preguntan, diré que pocas películas anteriores al cine moderno emocionan tanto como la que cuenta la tragedia de este médico, enamorado de la joven Lara Antípova (Julie Christie) en un país y una época que no parecía la más adecuada para enamorarse. Lo curioso es que esta película le resultaba “demasiado sentimental” al propio Sharif.

Una chica divertida, un conflicto político y partidas de bridge

Entre los dos títulos capitales de su carrera, había actuado a las órdenes, por ejemplo, del director Fred Zinemann (responsable de High Noon o From Here to Eternity) y en The Fall of the Roman Empire (Anthony Mann, 1964) como el rey armenio Sohamus, casado con la hija del emperador Marco Aurelio, Lucila (Sofia Loren), con la que se rebela contra el propio Imperio por la insoportable presión fiscal. Después, ya trasladado a Hollywood, se le vio en The Night of the Generals (Anatole Litvak, 1966) como el mayor Grau, en la que volvió a compartir cartel con su amigo Peter O’Toole, o Funny Girl (William Wyler, 1968), en la que interpretó a Nicky Arnstein, tahúr judío marido de Fanny, a la que daba vida Barbara Streisand, con la que además se relacionó sentimentalmente. Su Forzaba las fechas de los rodajes por el calendario de competiciones internacionales de bridgeparticipación en esta película enfureció al Gobierno egipcio porque Streisand había manifestado su apoyo a Israel, país con el que el de Sharif había batallado el año anterior en la Guerra de los Seis Días, y Egipto y otros países árabes prohibieron la exhibición de la película en su territorio. La misma Streisand lo comentó así: “¿Pensáis que El Cairo estaba molesto? ¡Deberíais haber visto la carta que recibí de mi tía Rose!”

Pero no fueron cuestiones políticas lo que puso en aprietos en otras ocasiones a Sharif, sino el brigde, en el que era considerado uno de los cincuenta mejores jugadores del mundo. Su dedicación a este juego de cartas era tal que era capaz de forzar las fechas de los rodajes en los que participaba según le convenía por el calendario de competiciones internacionales de bridge, y hasta 2006 iba de torneo en torneo. Un día contó que llegó a perder un millón de dólares en una noche de juego, y que lo dejó para centrarse en sus nietos. Durante varios años había coescrito con Charles Goren, que popularizó el bridge en Estados Unidos, una columna sobre el juego en el Chicago Tribune, publicó libros y prestó su nombre a un videojuego.

Su último gran papel y la pérdida de la memoria

'Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran' - ARP

En los años siguientes al estreno de Funny Girl, en cuya secuela de 1975, Funny Lady, también participó con Streisand y el director Herbert Ross, otros cineastas conocidos contaron con él para películas poco relevantes, como Sidney Lumet (autor de 12 Angry Men), Richard Fleischer (Tora! Tora! Tora!), John Frankenheimer (The Manchurian Candidate, Birdman of Alcatraz), Juan Antonio Bardem (Muerte de un ciclista), Blake Edwards (Days 'Lawrence of Arabia' y 'Doctor Zhivago' harán que su recuerdo siga vivoof Wine and Roses) o John McTiernan (Die Hard).

Pero su última interpretación reconocida por la crítica y con galardones como el Premio César al Mejor Actor fue la que realizó en Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran (François Dupeyron, 2003), sobre la amistad entre un adolescente judío y un viejo musulmán en un barrio marginal de París.

En mayo de 2015, su hijo Tarek informó a los medios de que su padre padecía la enfermedad de Alzheimer, y que a menudo confundía los nombres y circunstancias hasta de las dos películas más importantes de su carrera, Lawrence of Arabia y Doctor Zhivago. Finalmente, Sharif, que había trasladado a su familia egipcia a Madrid en cuanto se hizo con el dinero suficiente para ello, que hablaba muy bien el castellano y, hasta que su madre falleció en 1998, pasaba largas temporadas en España, que se reconocía ateo aunque se había convertido al Islam para poder casarse con Faten Hamama, ha muerto de un ataque al corazón en El Cairo seis meses después que ella y a la misma edad. Pero no hay duda de que las películas a las que se entregó harán que su recuerdo permanezca vivo. Porque Omar Sharif, cuyo apellido artístico significa “noble” en árabe, se metió en la piel del jerife Alí y nada menos que del doctor Zhivago más universal, y de nadie más se puede decir eso.

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