Zimbabwe es un país pobre. No lo digo yo, lo dice el Banco Mundial y su PIB per cápita comparado la media del resto de países de su región, que no es que esté mucho mejor. Su PIB per cápita es el tercero más bajo del mundo. El salario medio es de 253 dólares al mes, y eso para el 30% de la población que tiene trabajo. Una país tan pobre que es de los más caros del mundo, injusto ¿eh?. Todos y cada unos de los productos básicos son más caros; incluso los productos de producción local son más caros en la media si compramos sus precios con los de sus países vecinos, cuya renta per cápita es casi 20 veces más alta.

Uno supondría que, dada la situación, su política monetaria y sus índices de desarrollos estarían controlados de forma quirúrgica para no seguir condenados al desastre, al menos no por más tiempo. Y pese a que se han hecho muchas cosas mal en Zimbabwe (muchas con la colaboración de los países ricos del norte), su política montaría es el ejemplo perfecto, y casi de manual, de lo que pasa cuando la gente pierde la confianza en su divisa, que por cierto es el dólar. De la republica de Zimbabwe, pero dólares al fin y al cabo. La receta del desastre.

PIB África subsahariana comparado con el de Zimbabwe. Datos de Banco Mundial
PIB África subsahariana comparado con el de Zimbabwe. Datos de Banco Mundial

En poco tiempo la tasa de paro superó el 80% de la población y la moneda pasó a ser humo Aunque la mayoría haya escuchado hablar del billete del trillón de dólares, pocos sabrán que los sucesivos cambios en la ley monetaria del país han hecho que esta república africana no tenga monedas. Y eso es un problema. Tanto que, si tenemos en cuenta que los precios se dan en dólares y centavos, el cambio de los billetes al momento de hacer una compra se hace con crédito de la tienda, minutos de teléfono o piruletas. En un país en el que Banco Central pasará a cambiar sus dólares zimbabuenese por dólares norteamericano a una relación de 175 trillones de dólares de Zimbabwe por 5 USD, en el año 2013, llegó a tener solo $217 USD en sus arcas.

Trillones de dólares que se cambian por lo que cuesta un McMenú. O por el precio de un par de huevos de gallina de corral. ¿Cómo ha llegado Zimbabwe a esto? Lógicamente, la primera explicación tiene que ver con la hiperinflación y con eso que pasa cuando te pones a imprimir dinero a lo loco:

Fuente: wikimedia
Fuente: wikimedia

En el 2000, el sistema agrario de Zimbabwe colapsó y su inflación se disparó en 231 millones por ciento y la tasa de paro se elevó al 80% del total de la población, junto con un tercio del total que abandonó el país. Después de ocho años de hiperinflación, con aislamiento internacional de por medio, en vez de ceder ante la presión internacional y el FMI, el presidente, Mugabe, no se le ocurrió otra cosa que ponerse a imprimir dinero. Los tres huevos que hablábamos antes pasaron a costar, en menos de una década, de 100 dólares a más de 1000 millones de dólares de Zimbabwe, una inflación que pocas veces en la historia se ha dado con tanta rapidez.

Zimbabwe-money

Los cambios en el valor de la moneda fluctuaban tanto a lo largo del día que el mismo kilo de arroz costaba incluso 4 veces más al final del día, además, la cantidad de dinero en circulación, pese a que la máquina de imprimir billetes echase humo, estaba bastante limitada: había límites prescritos por ley que cambiaban constantemente sobre qué cantidad de dinero se podía retirar, una especie de corralito en el que mientras esperas cola tu dinero vale entre 4 y 5 veces menos, y eres más pobre; mucho más pobre.

Y si esto es un problema para la mayoría de los países imaginemos si, además, la moneda de Zimbabwe no estaba respaldada por ninguna otra;no tenía relación de valor ni referencia que asegurase su valor en el tiempo a través de la dependencia. Su correspondencia real era artificial y cambiaba tanto como cambiaba su valor: el dinero no tenía ninguna base firme para darle un valor, y por extensión, las personas que tenían ese dinero no tenían suficiente confianza en que retuviese su valor en el tiempo. Mercado negro, redenominación y moneda extranjera hundieron tanto la confianza que los ciudadanos utilizaban su moneda como papel higiénico en forma de protesta.

Juan Enriquez en The next species of human de TED pone un poco en contexto las consecuencias de que una moneda no esté respaldada por otra; y claro, si además imprimimos dinero, mañana no valdrá nada:

De nuevo, la receta del desastre. El banco central de Zimbabwe empezó a imprimir dinero a voluntad, según parecía o según se creía que se necesitaba y, por el camino, añadían o quitaban ceros de los billetes sin importar en absoluto si el valor que ponía en el billete era el que efectivamente correspondía. La economía de casino que se llamó. Imprimieron tantos billetes que en 10 años se convirtieron en los multimillonarios, billonarios y trillonarios más pobres del mundo.