Como sabréis, nuestro planeta es solo una pequeña parte de este humilde sistema solar. Y el sistema solar, a su vez, se encuentra en uno de los brazos de nuestra galaxia: la Vía Láctea. Si ampliamos un poco más el panorama veremos que esta galaxia es solo parte de un grupo mayor que consiste en un conjunto de unas 40 galaxias más llamado Grupo Local. Nuestro enorme Grupo Local se encuentra en el cúmulo de Virgo, una estructura masiva de cientos de millones de años luz de diámetro. Pero no nos paramos ahí. El cúmulo de Virgo se encuentra en la superestructura más grande conocida, después del propio universo visible: Laniakea. Este monstruoso supercúmulo galáctico reúne él solo un 4% del espacio que ocupa el universo que podemos ver. Y dentro de de este vecindario, como si fuéramos pequeños átomos, estamos nosotros. ¿Cómo se las arreglan los investigadores para ver esta enorme imagen?

Laniakea, el monstruoso vecindario

Laniakea, cuyo nombre significa en hawaiano "cielo inconmensurable", apareció como concepto hace unos meses, cuando los investigadores desarrollaron una nueva manera de definir un supercúmulo. Aunque de esto hablaremos después. El resultado fue una estructura titánica de aproximadamente 520 millones de años luz. Para que nos hagamos una idea, si viajásemos a la velocidad de la luz tardaríamos esos 520 millones de años en llegar de una punta a otra. La humanidad entera lleva existiendo solo un 0,002% de esa cifra. Dentro de Laniakea se calcula que existen unas 10.000.000.000.000.000 estrellas con una masa total de cien mil billones de soles como el nuestro repartidas en unas 100.000 galaxias. Su tamaño es tan monstruoso que, sencillamente no podemos hacernos una idea de lo grande que es. Es más, Laniakea es solo uno de las seis millones de supercúmulos que se pueden contar dentro del universo observable, aunque es espectacularmente grande.

Laniakea se encuentra situada junto a el enorme supercúmulo de Perseo-Piscis. Y estos, junto a los otros seis millones de superclústeres estimados se encontrarían dispuestos en una especie de red donde las galaxias se empaquetan dejando gigantescos (y creedme que la palabra se queda corta) espacios "vacíos" en los que creemos que no hay materia tal y como la conocemos. Esto formaría la imagen con forma de red que puede que hayáis visto: el mapa completo del universo observable. Volviendo a los supercúmulos, hasta el momento solo hemos podido estudiar por completo a Laniakea, cosa que es ya una auténtica proeza. Pero tenemos una idea que creemos bastante acertada tanto de nuestro superclúster como de nuestro vecino más inmediato. Y la pregunta que sigue a esto es ¿Cómo se las han ingeniado los científicos para "cartografiar" una cosa tan titánica?

Midiendo la galaxia

Cuando tenemos que trabajar con cosas tan grandes que ni los mejores instrumentos ni las mentes más brillantes pueden abarcar con detalle usamos fenómenos igual de monstruosos. Por ejemplo, la gravedad. Ese efecto que atrae la materia que conocemos entre sí. Gracias a ella ya la luz (como concepto en física, no solo la visible) que nos llega, podemos saber hacia dónde se están desplazando las galaxias y cúmulos de estrellas. Con estas imágenes y tras complejísimo cálculos, podemos hacer un mapa de lo que está ocurriendo en el universo. En concreto, para el reconocimiento de Laniakea, los astrónomos usaron los radiotelescopios para observar más de 8.000 galaxias del grupo local. Según se expande el universo y éstas se alejan sus ondas electromagnéticas (como las de radio o la luz) pierden energía de una manera muy parecida al "efecto Doppler".

Laniakea
Imagen del mapa del universo. Fuente: Popular Science

Esta perdida de energía es llamada "corrimiento al rojo" y cuanto más lejos está la galaxia, mayor es el efecto. De esta manera podemos conocer como la gravedad de otras galaxias y estructuras afecta al resto de vecinos. Es un proceso complejo de estudiar, aunque funciona bastante bien con las estructuras locales. Gracias al trabajo de los investigadores ahora hemos dado un paso más para entender mejor cómo funciona nuestro universo. A una escala jamás vista hasta la fecha. Hemos descubierto que el viejo Supercúmulo de Virgo es solo parte de uno mayor. Y ya veremos que más sorpresas nos trae el mundo de la astronomía durante las décadas venideras. Parece increíble que siendo, como somos, algo tan minúsculo, perdidos en mitad de algo tan inconmensurable, podamos hacer una medición fiable. Es como pedirle a una hormiga que haga una medición de la Vía Láctea. Y probablemente nos quedemos cortos, porque para semejantes tamaños, una hormiga es prácticamente lo mismo que un ser humano. En cierto sentido, eso es lo poético de pertenecer todos a este mismo universo, ¿no?