Los cortometrajes, esas piezas de cine breves que pueden llegar a ser un bocado delicioso, se encuentran en franca inferioridad de condiciones respecto a los largos en distribución y exhibición, y si a eso le añadimos que aún hay personas que consideran que la animación “es para niños” a estas alturas, los cortos animados muchas veces tienen problemas para que se los tome en serio y no como un entretenimiento pueril.

Suerte que disponemos de internet, y hoy quiero compartir con vosotros siete cortos de animación que merecen muchísimo la pena.

Belleza, de Rino Stefano Tagliafierro (2014).

Bellísimo corto que los amantes de la pintura nunca olvidarán. Tagliafierro anima brevemente obras de pintores como Bouguereau, Tiziano, Caravaggio, Vermeer, Rubens, Doré, Rembrandt y Friedrich, que cobran vida de forma hermosa e inquietante, bien ayudado por la música ambiental de Enrico Ascoli.

Malaria, de Edson Oda (2012).

Uno de los cortos más originales que se pueden ver. Combina imagen real, origami, kirigami, el imaginario de las películas del Oeste americano y del mundo de los cómics. Nunca se ha contado una historia así.

Parcialmente nublado, de Peter Sohn (2009).

La obra de Pixar no podía faltar. He aquí una historia encantadora e hilarante que aprovecha esos cuentos chinos que algunos les han contado a los niños sobre de dónde vienen los bebés, con la animación fluida que caracteriza a este estudio.

The Facts in the Case of Mister Hollow, de Rodrigo Gudiño y Vincent Marcone (2008).

Este es un cortometraje fascinante, increíblemente destallista, que mezcla imagen real con animación, en el que los recovecos de una fotografía bastan para dar una pincelada sobre una historia aterradora que se va revelando poco a poco.

No Time for Nuts, de Chris Renaud y Mike Thurmeier (2006).

Con diferencia, el cortometraje más gracioso y vibrante protagonizado por Scrat, la simpática ardilla prehistórica con la peor suerte del mundo que siempre anda detrás de una bellota en la saga de La Edad de Hielo (Ice Age). Una peliculita de viajes en el tiempo para mondarse de la risa.

Abducido, de Gary Rydstrom (2006).

Espero que a nadie le extrañe que haya escogido otro cortometraje de Pixar para mostrároslo, sobre todo porque me parece el más descacharrante que han realizado nunca. Brilante ciencia ficción con prácticas de abducción incluidas.

El viejo y el mar, de Alexandr Petrov (1999).

Multipremiado cortometraje que adapta la novela homónima de Ernest Hemingway utilizando miles de pinturas al óleo sobre cristal. No en vano, el director tardó la friolera de diez años en elaborarlo. El resultado es un trabajazo impresionante que deja sin aliento por su hermosura.