La historia de la tecnología se escribe día a día con las innovaciones que usuarios y empresas desarrollan. Pero tras de sí, hemos dejado innumerables leyes y paradigmas que sirven para ilustrar reglas básicas aplicables al futuro incierto que nos espera. En Hipertextual hemos hecho el esfuerzo de reunir las más importantes para entender de mejor manera cómo funciona la tecnología que nos rodea.

En esta primera edición, os mostramos la Ley de Metcalfe, una de las leyes de tecnología aplicadas al mundo de las telecomunicaciones que más debate está generando en los últimos años con el auge de las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp.

Enunciado

El valor de una red de comunicaciones aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios del sistema (n2)

Explicado de forma simple con un ejemplo, nos encontramos con el primer teléfono del mundo. Sin entrar a discutir si fue Antonio Meucci o Alexander Graham Bell su inventor, tener un teléfono en sus estadios iniciales no era prácticamente útil puesto que sólo hubiéramos podido llamar a un número limitado de personas. Conforme los usuarios del teléfono fueron creciendo, la tecnología se hizo mucho más valiosa, hasta el límite que conocemos hoy en día (y que crece día tras día).

Historia y aplicación

La Ley de Metcalfe se la debemos al ingeniero estadounidense Robert Metcalfe. Formado en Hardvard y el MIT, a Robert no sólo le debemos esta archiconocida ley sino además otros estándares populares como el Ethernet que usamos hoy en día, imponiéndolo sobre otras soluciones. A raíz de la invención de Ethernet dentro del centro de investigación de Xerox, fundó en 1979 la compañía 3Com. Pese a que muchos años después abandonó la Junta Directiva de la compañía debido a desavenencias con el resto de accionistas, siempre siguió vinculado al mundo de la tecnología. El Presidente Bush hijo, premió el trabajo de Metcalfe con la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación en 2003.

Enunciada por primera vez en 1976, Robert Metcalfe explicó la ley que lleva su mismo apellido en el contexto de las redes de Ethernet. Fue una forma sencilla de explicar el valor potencial de su tecnología frente a la del resto de igual manera que esta misma ley ha sido aplicada prácticamente a todos los sistemas de telecomunicaciones que conocemos.

Ley de Metcalfe

Al contrario de la Ley de Moore, la Ley de Metcalfe no se trata de una ley física inmutable, sino que tiene más relación con el mundo de la economía y de cómo el crecimiento exponencial de los usuarios de una red pueden aumentar considerablemente su valor. Una ley básica para entender el valor de las grandes redes de comunicaciónEl propio Reed Hundt, ex-presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones de Estados Unidos declaró que ambas leyes eran la “base” par la comprensión de la tecnología que lo cambiaría todo: Internet. “Sin ellas no podríamos entender esta tecnología”.

A lo largo de la historia de la tecnología hemos visto como la Ley de Metcalfe se ha podido probar sobre diferentes ámbitos: el fax, los servicios de mensajería instantánea, las redes sociales e incluso todos aquellos servicios web de suscripción, incluido el email. ¿Acaso alguien duda que el valor real de WhatsApp se encuentra en su tecnología (fácilmente duplicable y mejorable) o en los millones de usuarios que tiene detrás?

Pero como en todo, la Ley de Metcalfe ha sufrido innumerables críticas entre las que le achacan ser demasiado optimista con sus predicciones o la imposibilidad de medir con una objetividad supina el valor de la tecnología sobre la que se enuncia. Metcalfe anunció en 1995 el fin de Internet, que no se ha cumplido La ley se ve completada por los diferentes (dos) puntos de equilibrio que se generan por el aumento masivo de usuarios, haciendo que una tecnología pueda llegar a morir de éxito si la infraestructura detrás de la misma no puede soportar esta afluencia masiva.

Cabe recordar además, la gran metedura de pata que Robert Metcalfe cometió en relación con su ley y el auge de Internet. En 1995, Robert vaticinó que esta tecnología se desmoronaría por el gran número de usuarios que tendría. Como todos sabemos, esto no fue así y en un alarde de humildad, se comió (literalmente) sus palabras en 1997.