Un bombero evalúa los daños en L'Aquila. Fuente: The conversation

El 6 de abril de 2009 un temblor de 6,7 en la escala Richter masacró, literalmente al pueblo de L’Aquila, en Italia. **308 muertos, 1.500 heridos y 50.000 habitantes sin casa** son cifras que recuerdan la tragedia. Un sismo que había sido predicho semanas antes y que además le ha costado la cárcel a siete personas quienes defienden ahora su caso.

Esta es la historia del terremoto de L’Aquila. Esta población se encuentra en el centro de Italia, en la región de los Abruzos. El lugar tiene una historia ligada a los terremotos ya que es una zona sísmica activa y sus habitantes han pasado y pasan por algunos de pequeña magnitud a lo largo de su vida. Pero un terremoto de 6,7 no es para tomárselo a la ligera. Y sin embargo, hace poco un juez italiano revisaba el caso de siete responsables **que no supieron evaluar adecuadamente el peligro que existía** en L’Aquila. Estas siete personas están condenadas por negligencia a 6 años de cárcel. Todo por no hacer caso a la crónica de un terremoto anunciado.

* L’Aquila, predicción fatal
* Una tarea casi imposible
* Anatomía de un Terremoto
* Un homicidio involuntario

L’Aquila, predicción fatal

Semanas antes del terremoto, **Giampaolo Giuliani**, un sismólogo amateur que vive en L’Aquila apareció un día en la puerta del ayuntamiento tratando de advertir de un inminente peligro. Las autoridades no le dieron el más mínimo crédito a pesar de los pequeños temblores premonitorios, algo bastante común en la zona. Giuliani no se cortó un pelo y se **subió a una furgoneta dispuesto a alertar a todos los vecinos** mediante unos altavoces y una nota que advertía de que se acercaba un terremoto.

Giampaolo Giuliani, el sismólogo amateur que predijo el terremoto de L’Aquila. Fuente: Infosannio

El sismólogo no dudó en poner fecha y magnitud al terremoto por venir pero el mismísimo alcalde **lo denunció por incitar al pánico a la población** sin ninguna prueba. Los datos que manejaba Giampaolo se basaban en el alarmante incremento de gas radón emanado de la tierra. Tras ser obligado por las autoridades, el sismólogo retiró la nota de alerta y se dispuso a esperar hasta el día previsto. Mientras tanto, un comité de expertos se reunió el 31 de marzo de ese año para tranquilizar a la inquieta población. Según sus estudios los movimientos solo significaban la atenuación de la actividad sísmica, no había nada de que preocuparse. Así que llegó el día que Giuliani, muy tenso, esperaba. Y no ocurrió nada.

Una tarea casi imposible

Efectivamente, el día previsto por Giampaolo no ocurrió lo que éste esperaba. Pero sí que pasó días después y con una violencia que ni si quiera el sismólogo pudo prever. Sin embargo Giuliani veía con horror como sus instrumentos indicaban cada vez más radón a medida que pasaban los días, por lo que cuando llegó el día del terremoto en L’Aquila, nada más notar el movimiento previo al infierno que se desataría posteriormente se levantó de inmediato, junto a su familia, y se marcharon lejos del potencial cementerio que se levantaba a su alrededor.

A día de hoy solo podemos hacer estimaciones según las fallas y las zonas activas conocidasSi bien este investigador había advertido de lo que ocurriría después, ¿por qué nadie le hizo caso? Giampaolo, tomado como un excéntrico trató de realizar una tarea imposible: predecir un terremoto. A día de hoy solo podemos hacer estimaciones según las fallas y las zonas activas sismicamente que conocemos. Algunos investigadores como el propio Giuliani han tratado de utilizar el aumento de concentración de gas radón en la tierra para poder advertir la llegada de un terremoto con antelación debido a su presencia en las zonas geológicamente activas.

Aunque hay varios estudios al respecto, por ahora ha sido imposible reproducir con exactitud los resultados por lo que no sirve como detector infalible. De ahí que Giampaolo errara en el día y en la magnitud. Incluso podría haberse equivocado por completo, y no sería la primera vez que un sismólogo lo hace. Hoy día existen varios métodos que pueden utilizarse para levantar las alertas, desde el curioso método VAN a través de una red telemétrica de barras de metal, hasta la previsión por sismos iniciales, el comportamiento animal o la concentración de la luz provocada por el óxido de silicio, muchos son los sistemas propuestos pero ninguno ha resultado cien por cien fiable para predecir un terremoto como el de L’Aquila con tiempo suficiente.

Anatomía de un Terremoto

Lo que sí podemos hacer es activar un sistema de alerta temprana, el cual es empleado en lugares de mucha actividad sísmica tales como Japón o Chile. Esto es gracias a que sabemos «cómo» es un terremoto, esto es, cómo se propaga y progresa, con bastante exactitud. Un terremoto es una sacudida brusca que ocurre al «chocar» o «rozar» varias placas o elementos de una falla geológica. Esto es muy común en los bordes de las placas tectónicas y suelen asociarse a procesos volcánicos. También existen otros eventos que pueden provocar terremotos tales como detonaciones nucleares o incluso el fracking.

Los terremotos constan de tres ondas, las P, las S y las superficiales, las más devastadorasUna vez que comienza el proceso este suele tener un punto central, el epicentro, donde se ha originado el terremoto. Los terremotos tienen tres tipos de ondas, las más rápidas o P, las secundarias o S y las más lentas y devastadoras, las superficiales. Las ondas P son longitudinales por lo que su efecto es mucho menor, como si agitásemos un mantel hacia adelante y hacia atrás. Las ondas P suelen avisar en las alertas tempranas la llegada de lo peor del sismo, pudiendo advertir mediante un sismógrafo la probable intensidad del terremoto.

Más tarde llegan las ondas S, que se transmiten de manera perpendicular. Estas solo atraviesan sólidos y se propagan, al igual que las P, por el interior de la tierra. Las ondas superficiales son las más lentas de las tres y también son las verdaderas causantes de las tragedias como la de L’Aquila. Estas se propagan como si fueran ondas en el mar, desde el epicentro, agitando toda la superficie y destruyéndolo todo a su paso. gracias a su relativa lentitud, gracias a la alerta temprana se puede detectar su llegada segundos antes, permitiendo a las ciudades preparadas que se tomen las medidas oportunas.

Un homicidio involuntario

Hace unos días se celebraba en Italia una revisión del caso que declaró a los expertos sismólogos encargados de estudiar el caso de L’Aquila culpables. En 2012, tras casi un año de juicios fueron sentenciados a seis de cárcel por homicidio involuntario. La apelación de la sentencia llega un par de años después al Según los jueces, son culpables de la muerte indirecta de al menos 29 personasjuzgado mientras siete personas, las consideradas culpables de la muerte de 309 personas siguen esperando en la cárcel.

Estas personas no son otras que el equipo consultado por el ayuntamiento de L’Aquila el 31 de marzo, una semana antes del seísmo. Según los jueces, su opinión como expertos provocó la muerte indirecta de al menos 29 de las 309 personas que perdieron la vida en L’Aquila aquél fatídico 6 de abril. Su mensaje habría contribuido a que la gente, al contrario de estar preparada, se sintiese falsamente segura en casa cuando en realidad se encontraban en grave peligro. Entre los convictos se encuentran auténticas personalidades como el presidente del Instituto para el estudio y protección del medio ambiente, o el ex-presidente del instituto nacional de geofísica y volcanología.

Así transcurrió el juicio contra los siete expertos de L’Aquila. Fuente: Diario ADN

Su defensa mantiene que en ningún caso los expertos «aseguraron» la situación segura de L’Aquila mientras que los jueces sostienen que el equipo no contradijo a Bernardo de Bernardinis, delegado jefe del departamento de seguridad civil italiana, quién explicó que la comunidad científica había confirmado la seguridad de la situación de L’Aquila a pesar de los avisos de Giuliani desde semanas antes.

Precisamente, el caso de Giampaolo no apareció en los primeros juicios pero si tras estos, lo que probablemente agrave la situación de los expertos. El juicio sigue todavía en activo, un polémico caso donde hay quien ve a estos expertos como chivos expiatorios de una desgracia que no tiene culpables, mientras que otros no dudan en señalarlos con el dedo. ¿Pudiero hacer algo por evitar aunque fuesen algunas muertes? ¿Erraron en su juicio por exceso de confianza? Por desgracia lo ocurrido en L’Aquila no tiene solución, pero si esperamos que nos enseñe a todos a estar aún más atentos si cabe.

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