Cuando vi la película Her, protagonizada por Joaquin Phoenix, lo que más llamó mi atención durante los primeros minutos de ese grandioso filme fue la forma en la que el protagonista interactuaba con sus dispositivos tecnológicos. Ya fuera para tomar anotaciones en su computador, o para conversar con esa inteligencia artificial que también protagoniza la película, lo único que necesitaba era un minúsculo dispositivo en forma de auricular que se ubicaba dentro de su oído, más nada.

Así es la forma en la que veo a los wearables en el futuro no muy lejano. Creo fielmente que la película de Spike Jonze es una visión de cómo evolucionarán no solo los smartwatches, esos que están tan de moda hoy en día, sino todos los wearables, hasta lograr una interfaz invisible que facilite su uso, que los convierta en una extensión casi natural de nuestro cuerpo en el día a día.

Puede sonar exagerado, pero así veo a los wearables en el futuro. Incluso en la actualidad cuando apenas estamos viendo el auge de los brazaletes inteligentes que miden nuestra actividad física, o el auge de los relojes inteligentes, con Samsung, LG y Motorola, además de Pebble, apostando por los suyos, y el mundo a la espera de algún anuncio al respecto por parte de Apple, ninguno de estos supone realmente lo que es un wearable práctico, mucho menos cuando hablamos de las tan sonadas Google Glass.

Seamos sinceros, yo fui parte del grupo que en su presentación aplaudió la idea de las Glass de Google, como algo innovador y cuyo aspecto tan futurista era imposible que pasara desapercibido ante el público amante de la tecnología. Pero las Glass terminarán siendo una curiosidad, y la razón es sencilla: no son prácticas.

La realidad es que Google Glass es un concepto interesante, pero incómodoTener un dispositivo pegado a tu rostro que nos obliga a mirar hacia arriba y con un dedo navegar por su interfaz es algo aparatoso y cansino al paso de un par de horas, Glass dista mucho de ser algo invisible, su interfaz es incómoda y poco natural. De esta forma, no puede ser un producto que de verdad cuele en las masas, no facilita nuestro día a día.

No digo que Google sea mala en cuanto a wearables, no, ya ha demostrado con Glass que tiene ideas increíbles, también lo hizo con Android Wear, pero sus gafas no son prácticas, no se sienten "naturales", si se me permite usar tal expresión cuando hablo de un gadget, y por ello a largo plazo no serán más que un experimento en el camino a conseguir un wearable realmente útil y genial.

Una interfaz como la de Minority Report luce bien en la ficción, pero no en la realidadAunque en la película lucía genial, nadie realmente quiere estar con los brazos al aire dando manotadas de un lado a otro cuando maneja un dispositivo electrónico, a la Minority Report. Hace una década ver a Tom Cruise usando una especie de interfaz basada en la realidad virtual y en unos guantes peculiares que movía como bloques la información en una "pantalla" de 180 grados lucía genial, pero en la realidad queremos acercarnos más a Her, y alejarnos de Minority Report.

Por supuesto, para lograr una interfaz invisible en wearables falta mucho tiempo, investigación y desarrollo, pero hay empresas que lo tienen claro, como por ejemplo Jawbone que en declaraciones mencionó estar segura de que no habrá wearable que domine a los demás, dados que estos serán como la ropa, como la moda, un detalle más en nuestro cuerpo que casi pase desapercibido, pero sin dejar de ser un detalle mínimo pero agradable en el "look" del usuario.

Y creo que por eso me gusta tanto el Moto 360, porque es lo más cercano a un smartwatch invisiblecon lo que contamos hoy en día. Por un lado parece un reloj no más, análogo de los de toda la vida si así lo queremos, pero oculta algunas funciones geniales gracias a su sistema operativo.

Puede que el camino a ello vaya a ser largo, pero los wearables terminarán siendo invisibles; sus interfaces no serán exageradas sino que pasarán de imprevisto. Algo así como lo que vimos en Her, la película más "realista" en cuanto a lo que el futuro de los wearables se refiere, que ha salido. Aquí no hay luces de neón, no hay gestos ni manotazos al aire, no hay brazos robóticos ni gadgets que parecieran sacados de Dragon Ball o Star Trek. No, Her nos muestra cómo vamos a interactuar con la tecnología sin siquiera tocarla y a veces ni siquiera mirarla, de una forma completamente invisible y cómoda, casi natural.

Y los mejores wearables serán de esta forma.

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