Hace siete años ya comenzaba a ver en HBO una serie nueva de lo más interesante y prometedora. Una serie de vampiros. En plena era en la que los zombies y los vampiros están de moda no pensé que me iba a atrapar tanto, o incluso a gustar, menos aún cuando estaban tan de moda la saga de novelas "Twilight", por lo que si era algo así, no iba a durar ni 15 minutos frente al televisor, pero le di una oportunidad, y me enganché.

True Blood está basada en los libros The Southern Vampire MysteriesTrue Blood no es una serie de vampiros adolescentes enamorados que brillan, no, es una serie basada en la saga de novelas The Southern Vampire Mysteries de Charlaine Harris, que nos relata la vida de Sookie Stackhouse, una inocente chica del sur de los Estados Unidos que se ve involucrada con vampiros, en los días en los que estos hace pública su existencia y deben comenzar a convivir con nosotros, simples humanos mortales.

Toda la historia se desarrolla en el pequeño pueblo de Bon Temps y cada uno de los personajes en su inicio tenía algo maravilloso, algo que nos atraía de cierta forma, ya sea odiándolo, queriéndolo, simpatizando, o sencillamente como el personaje gracioso de toda serie o película. Su primera temporada fue genial, y hace apenas minutos ha finalizado, decayendo hasta una última temporada insípida, pero que no pudimos dejar de ver.

Una historia de amor, mucha sangre y sexo

HBO hizo un trabajo magistral llevando estas novelas a una serie de televisión, vamos, como siempre lo hacen. El elenco fue impecable y aunque realizaron cambios en la trama durante las siete temporadas, eso no impidió que tuviera una gran historia, llena de altos y bajos, pero gran historia.

Lamentablemente su final no le hizo justicia a la serie, se sintió vacío, lleno de relatos sin sentido, de relleno, todo por alargar un poco más su inevitable final, que en gran parte no le hizo justicia a la serie. True Blood, ante nada, era una historia de amor, de cómo evolucionaba la relación de Sookie y el vampiro Bill, que fue turbulenta durante las siete temporadas, pero siempre latente, siempre estuvo ahí, algo así como ese primer amor que nos pone nerviosos encontrarnos en la calle.

El problema de True Blood fue la diversidad de cosas que con cada temporada iban debutando en la serie. La hicieron extraña y en muchos casos muy exagerada. Yo me sentí muy feliz cuando en la quinta temporada volvieron a lo que mejor sabían hacer, una historia de vampiros, con personajes memorables que fueron de lo mejor de la serie, como el gran, extrovertido y cordial pero sangriento, Russell Edgington, con sus tres mil años de edad que lo hacían casi indestructible.

Todo el cuento de la "Autoridad", la ley de los vampiros y cómo sus edades los hacían más poderosos, era lo que más disfrutaba de True Blood. Esas historias de Eric Northman de cómo fue creado por otro de los mejores personajes de la serie, Godric, y sus recuerdos de hace mil años, o incluso en la última temporada cuando Bill recordaba su pasado, en plena guerra civil de Estados Unidos.

Pam, Lafayette, Alcide, Russell y Godric fueron de los mejores personajes de la serieEl lado de "vampiros" de esta serie de vampiros fue lo que la hizo más grande, todo lo demás, todos esos elementos absurdos que incluyeron en algunas temporadas, siempre me pareció que sobraba, especialmente cuando revelaron algo sobre la familia de Sookie. Quizás soy yo, pero esa simple idea me parecía ridícula.

Sin embargo, nunca pude dejar de ver True Blood; saber el desenlace de las historias de sus personajes me mantuvo allí, saber qué sería de la vida de Lafayette, qué sería de Arlene, de Sam Merlotte, de Jessica y de la espectacular Pam, siempre me mantuvo atento los domingos a la serie, y la extrañaré.

True Blood no fue una serie de vampiros normal, no fue otro clon más de las obras míticas de Anne Rice, ni tenía absolutamente nada que ver con vampiros de piel escarchada (el horror para los fanáticos de los vampiros). True Blood nos contó cómo sería si los vampiros existiesen, y tendríamos que convivir con ellos, una idea tan loca como curiosa, inmediatamente relacionada a la violencia, la sangre y el miedo, pero también al amor y como hablamos de HBO, mucho sexo.

Ninguna serie es perfecta (quizás Breaking Bad está muy cerca) y por ello True Blood no tuvo un final digno, sino insípido. Pero eso sí, no dejó cabo suelto, y los que seguimos a esta gran serie durante siete temporadas la extrañaremos. Extrañaremos visitar Bon Temps, extrañaremos unas copas en el bar Merlotte's, extrañaremos el bar Fangtasia y ver a Eric en su trono, extrañaremos a Jessica (y mucho), extrañaremos las ocurrencias de Jason y el Sheriff Andy, las excentricidades tan geniales y peculiares de Lafayette, el hecho de que Sookie nunca se quedaba quieta y siempre buscaba problemas, las expresiones inigualables de Pam, los vampiros desnudos en cada episodios, extrañaremos a Jessica (creo que ya lo dije, pero por si acaso), extrañaremos las luces que salen disparadas de algunas manos, sé de muchas que extrañarán a Alcide, y nadie, absolutamente nadie, extrañará a la mamá de Tara.

True Blood acaba y nos deja un vacío sangriento a los fanáticos. Incluso con su final que no estuvo a la altura, fue una gran serie, y extrañaremos a Bill y Sookie.

Sobre la última temporada (Spoilers)

Cuando menciono lo insípido de la séptima y última temporada no lo hago sin razón. El inicio de la temporada prometía mucho, con el brote de Hepatitis V y cómo nuestros vampiros favoritos se veían enfermos de esta terrible y mortal enfermedad para los vampiros, que le daría la verdadera muerte a todo el que tomara sangre contagiada.

El problema ocurre cuando la temporada se comenzó a llenar de historias de relleno sin sentido ni emoción alguna, que sencillamente alargaban el desenlace de la trama verdaderamente importante, y se hacía insoportable. La adicción de Tara Mae que parecía volver, esta vez por la sangre de vampiro, o "V", es el mejor ejemplo de esto. Toda una odisea y escenas de escándalos insoportables para ver alucinaciones con una Tara hablando en idioma extraño y sin sentido todo para concluir con una escena que se suponía era de lo más emotiva pero lo que en realidad hizo pensar fue: "al fin acabó".

Por otro lado, el regreso de Hoyt me pareció un gran detalle, hasta que por alguna razón tuvo que terminar de nuevo con Jessica, aparentemente sin importarle que le borraron la memoria y Jason de nuevo gustándole una chica relacionada al que fuera su mejor amigo, pero tratando de "no estar con ella" así todos supiésemos que tarde o temprano pasaría. Y ni hablar de todo el meollo con la hija hada de Andy y el hijastro de Andy, todo esto tan innecesario que fue lo que condenó a la última temporada a la mediocridad. Aunque me alegra que las historias de Lafayette y Arlene tuvieran un final feliz.

Aún así, las historias que de verdad importaban, la trama principal, tuvieron un buen desenlace, incluso con la decisión egoísta de Bill de querer morir "por el bien de Sookie", sin importarle lo que Sookie o Jessica quisieran. Vamos, que hasta a Eric le pareció una decisión de lo más extraña, y tratar de hacerla "romántica" era una verdadera estupidez.

True Blood fue una gran serie, con un desenlace mediocre. Pero como mencioné en las anteriores líneas, eso no quita que la vayamos a extrañar. Adiós, Bon Temps.