Un político que está en plena campaña por la re-elección, un médico que quiere borrar las opiniones negativas de sus pacientes y un pedófilo que quiere borrar la información de sus delitos. Esas tres personas han sido las primeras en acogerse al "Derecho de Olvido Digital" que ayer la Corte de la Unión Europea impuso a Google.

La regla pretende dar la oportunidad de silenciar aquello que nosotros queramos
Esta ha sido la culminación, o el inicio según se mire, de una historia sin pies ni cabeza que está sucediendo ante nuestros ojos y ante la cual tan sólo podemos ser espectadores. Resumiendo: esta nueva regla garantiza a los ciudadanos de la UE que, de solicitarlo, Google debe borrar los resultados de búsqueda que lleven a una página donde se habla de él. Haciendo la comparación es como si le dijeras a tu cerebro que se olvidara del ridículo que hiciste aquella noche de borrachera. Pero sabes que eso queda ahí. Igual que la información. Y más en la era de Internet, donde todo queda, nada se borra. Es inútil legislar en este sentido con la excusa del "derecho a la privacidad" porque son cosas diferentes. Lo que la UE está haciendo es un "derecho al silencio de los demás" y eso, en mi humilde opinión, se llama censura.

La nueva regla deja en manos de las autoridades de cada país el definir qué se borra y qué no y el procedimiento de solicitar la baja y, además, no da pie a que se apele en contra. Lo que vendría siendo un "pregúntale a tu madre" en toda regla. Por su parte, Google, está preparando un mecanismo para el borrado de los enlaces pero, me pregunto yo, ¿será un borrado constante o será único? ¿Si después del día de la petición, se crean nuevos enlaces, qué pasa?

Para acabar, la UE, como nos tiene acostumbrados, ha legislado mal, deprisa y corriendo. En otro acto de lo que podría llamarse "Cerco a lo invisible", Bruselas está agitando la bandera de las libertades sin darse cuenta de que la está despedazando. Y mientras nosotros recogiendo los cachitos.

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