La humanidad lleva viviendo "tiempos revueltos" desde sus inicios. En la era de Internet es mucho más fácil conocer mucha más información, pudiendo concluir erróneamente que en nuestra época suceden más catástrofes que en siglos anteriores. Irónicamente, muchos gobernantes intentan parar ese flujo de datos para su propio beneficio, algo muy difícil de conseguir y que podría acabar volviéndose en su contra.

Ayer nos acostábamos con una noticia bastante penosa: Turquía bloquea el acceso a Twitter en el país. De todos modos, no han conseguido lo que buscaban, ya que a pesar de la prohibición se enviaron más de medio millón de tweets en 10 horas. Además, muchos usuarios lo han seguido utilizando vía SMS, VPN o simplemente modificando las DNS de Google.

Curioso como un país que luchaba por entrar en la Unión Europea al mismo tiempo puede aplicar estas normas, más bien, propias de la edad media. Hace unos meses escribía un artículo en el que intentaba exponer la evidente carencia de entendimiento entre los políticos y las redes sociales, dos elementos que parece que en pleno 2014 siguen sin poder compatibilizarse.

Tayyip Erdoğan, primer ministro de Turquía, debería fijarse más en el caso de Egipto, donde las prohibiciones dieron como resultado un efecto totalmente contrario. No se pueden poner puertas al campo. Casos como los que estamos nombrando o el de Venezuela demuestran que aunque se intente bloquear la entrada a un "túnel", Internet responderá abriendo vías paralelas, más rápidas y por las que no pueden circular vehículos lentos y anticuados.

Espero que prohibiciones como la de ayer acaben siendo, de nuevo, una victoria por los derechos de expresión y que terminen con la idea de los políticos de acotar un espacio que es de todos. Podrán seguir levantando la mano para tapar el Sol, pensando que ya no está ahí, pero la realidad es que cada vez brilla con más fuerza y en más lugares. Si algo hemos aprendido desde que somos pequeños, es que cuando algo se prohíbe acaba despertando más interés. Este intento de censura acabará explotando en sus propias manos, como tantas otras veces ha sucedido.