Pocas cosas he disfrutado tanto en una pantalla como las cinco temporadas de Breaking Bad. Durante unos cuatro años (aunque la serie duró cinco) disfruté de esta impresionante historia que nos regaló Vince Gilligan, porque eso debemos considerarlo: un regalo; un antes y un después, una nueva etapa en la televisión donde las comparaciones serán inevitables y siempre veremos atrás cuando llegue un nuevo proyecto que siquiera asome intenciones de ser parte de su legado.

La cosa con Breaking Bad es que la serie no fue estática. Breaking Bad es evolución absoluta, es cambio, en todo aspecto. Es la unión de varias historias alrededor de una sola para luego de cinco temporadas llegar a un final único, un todo, no quedan cabos sueltos, no queda ningún "¿y qué fue lo que pasó con...?" ni nada por el estilo. Breaking Bad en su último episodio, transmitido hace apenas horas por AMC en los Estados Unidos, llegó a su clímax, su Grand Finale, y no quedó otra razón más que pararse y aplaudir.

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Y por eso es que Breaking Bad es la mejor serie de la historia de la televisión. Para muchos hasta ahora ese título lo llevaba The Sopranos, que también es una obra de arte y que disfruté desde el inicio hasta un final que me dejó un sabor agrio en la boca, pero que también aplaudí sufrí, porque siempre sufrimos cuando se acaba una historia que nos gusta, que nos ha atrapado, y a diferencia de una película, las series de televisión duran años, por lo que uno se apega más a esta historia, y la sufre más que casi ninguna otra en el mundo del entretenimiento (para mi los videojuegos son otro gran protagonista en éste ámbito, pero eso ya es otra historia).

Lo que hace grande a Breaking Bad son sus detalles, y su evoluciónLa gran diferencia con los grandes hasta ahora es eso, la evolución de Breaking Bad, la evolución de sus personajes. Y claro, los detalles; esos malditos detalles de los que no te percatas sino hasta la tercera vez que presencias esa escena épica porque te dejó con la boca abierta y sentías la necesidad de repetirla una y otra vez, como la escena final del episodio titulado Ozymandias, a dos capítulos de finalizar por siempre la serie.

Tomemos el ejemplo de The Sopranos y el personaje interpretado por el gran James Gandolfini (descanse en paz): Tony Soprano es, según lo describió un buen amigo también compañero aquí en Hipertextual, "el hermano mayor que muchos quisimos tener". Sí, era un "patán" en muchas cosas, pero su carácter de chico malo, canalla, hombre de negocios y poder es algo envidiado por muchos jóvenes y era inevitable no mirarlo como un modelo (sin su lado criminal, por supuesto. Los chicos me entenderán). Las diferencias de Tony Soprano con Walter White son muchísimas, pero como personaje, como protagonista de una serie, hay una sobre todas: Tony Soprano es el mismo de inicio a fin, el mafioso italiano que va a una terapista para tratar de resolver sus problemas de carácter, que nunca resuelve más allá de dejar de ver a los patos en su piscina.

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En cambio, Walter White es sinónimo de evolución. Ese hombre que conocimos en los primeros episodios de la serie más épica de la historia, no es el mismo que vimos ayer en el último episodio. Quizás lo único igual se encuentra en que Bryan Cranston seguía interpretando, majestuosamente, a su personaje más conocido. De resto, nada.

Bien lo decía Cranston durante una entrevista en el programa de Jimmy Fallon:

Lo difícil de interpretar a Walter es que debíamos hacer tanto empeño en los pequeños detalles y gestos que en realidad interpreté a muchos más personajes, sin perder la esencia del original. Era todo un reto. Tomemos como ejemplo a F.R.I.E.N.D.S. Yo amé y amo F.R.I.E.N.D.S., es una gran serie y de las mejores de la historia, pero Ross Geller siempre fue ese hombre un poco lento y sabiondo desde inicio a fin, o Joey fue siempre un tonto mujeriego, o Phoebe una simpática y atolondrada chica. Walter White comenzó, y terminó distinto

Y no podría tener más razón. La evolución de Walter White a Heisenberg es uno de los dos aspectos más impactantes de la serie. Ninguna otra había hecho algo similar. Y no, no podría olvidarme del grandioso papel de Aaron Paul como Jesse Pinkman, quien también evolucionó... a su manera.

A partir de este momento lee bajo tu propio riesgo. Habrá spoilers de la trama

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Mientras ese profesor de química débil y cobarde en extremo se transformó en un capo de la droga, sin piedad, sin sentimientos y jugando a ganar sin aceptar otro resultado ni importarle llevarse a nadie por el medio para lograr su cometido (con la única excepción de su familia); Jesse Pinkman es un caso totalmente distinto. El atolondrado maleante de pacotilla que casi nadie tomaba en serio se convirtió en un hombre trastornado, sufrido a más no poder, todo por culpa no sé si directamente de Heisenberg (un punto que muchos me podrían debatir), sino de sus andanzas con él, de todo lo que esta amistad que duró desde el inicio al fin de la serie de una forma hermosa y perturbada (con altos y bajos, como la vida misma).

"Lo hago todo por mi familia"Walter White se convirtió en Heisenberg, un hombre despiadado y temido por su propia familia gracias a sus acciones que se negaba a aceptar como suyas propias, se excusaba con la frase de "es todo por mi familia" sin darse cuenta de que si quisiera detenerse ya lo habría hecho. Cuando sus andanzas con Gus Fring ya tenía el dinero suficiente que en la primera temporada anunció como la cifra exacta que necesitaba su familia para subsistir sin él, poco más de 700 mil dólares. Entonces, ¿por qué la ambición? ¿para qué más?

La respuesta nos la dio no Walter sino Heisenberg en el último episodio de la serie, el primer momento en que vimos a Walter decir la verdad absoluta.

Skyler, esto lo hago por mí, no por mi familia.

Hierro, Litio y Sodio

El último episodio de Breaking Bad fue un cierre, sencillamente, perfecto para la serie. Vince Gilligan estaba claro en que no tenía porque durar más, no había cabida para más sin distorsionar una historia perfecta. En la última temporada todos los personajes principales e incluso secundarios hicieron su cierre en la historia de Breaking Bad, como debe ser, siempre rondando alrededor de lo más importante, y no como esa real basura que fue el personaje final (¿o toda la temporada?) de Dexter. Una pena, pero eso también es otra historia.

La quinta temporada de Breaking Bad es una obra de arteHace algún tiempo publicamos una recopilación de las mejores escenas de Breaking Bad, con maravillosos momentos como cuando Walter se enfrenta a Tuco Salamanca por primera vez, o cuando conocemos a Saul Goodman, ese peculiar e inolvidable abogado mediocre que tanto ayudó (¿cierto?) nuestros personajes a partir de la segunda temporada. Pero creo que no estoy loco al afirmar que, sencillamente la segunda mitad de la quinta y última temporada de Breaking Bad, completa, es una obra maestra.

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Los últimos ocho episodios estuvieron llenos de momentos inolvidables a tal punto que personalmente sentí que cada episodio no duraba más de diez minutos.

Esta segunda mitad comenzó, como ya ese genio llamado Vince Gilligan nos tenía acostumbrados: una escena incomprensible que solo tendría sentido al final de la temporada, o esta vez, la serie. Walter cumplía 52 años y se encontraba visitando la que fuera su casa, que estaba deshabitada y destruida por vándalos, con un gran "HEISENBERG" pintado en un pared del salón. En decir, todo se había ido a la mierda.

Ahora solo nos quedaba conocer cómo se va todo a la mierda. ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde están Skyler, Flinn y Holly? El camino a la respuesta fue el Apocalipsis. El odio de Jesse había sido tan grande que se había aliado con Hank para hacer caer a Walter. Y no el mismo Hank necio e insoportable como cualquier cliché de la sociedad norteamericana representada con humor negro. No, un Hank Schrader despierto y anonadado por haber descubierto la verdad de su cuñado, una verdad que estuvo frente a su cara siempre, y fue muy estúpido para ver. Eso lo persigue y lo castiga, junto con su recién nacido odio a Walter, hasta apenas segundos antes de su muerte.

Y esa escena es de las más crudas y rudas de todo Breaking Bad. Hank le dice a Walter, mientras este le suplicaba a los despreciables neo-nazis por su vida: "Eres la persona más inteligente que he conocido en mi vida. ¿Acaso no te das cuenta que ya tomó su decisión hace 10 minutos?" Justo antes que Jack le disparara, sin oportunidad alguna de sobrevivir, y de la misma forma que Walter disparó a Jack en el último episodio. Con una mirada vacía, diciéndole al cabecilla neo-nazi algo como "a ver, ¿qué me quieres decir? ¿me suplicarás? hazlo, porque igual ya me he decidido".

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Pero aunque FeLiNa fue un episodio final glorioso (con esa canción de Badfinger tan bien elegida), no podemos ni debemos restar mérito a la escena de la llamada al final del episodio "Ozymandias". Sí, podemos tomarlo como que Walter le dijo todas esas cosas espeluznantes a Skyler solo para que la policía la tomara como inocente. Pero, aunque se que eso es cierto, no creo que sea todo. En esa escena Heisenberg fue liberado, y dijo todo lo que realmente piensa. ¿Acaso no creen que Heisenberg opina que nada se hubiese arruinado y todo hubiese sido perfecto mientras siguieran sus órdenes al pie de la letra? ¿Acaso Heisenberg no se consideraba un ser supremo? ¿Acaso en esta temporada ya no dejaba en ridículo incluso a capos de la mafia, haciéndoles decir su nombre? No Walter White, su verdadero nombre. Eso en lo que se había transformado, y vaya que lo disfrutó.

"Recuerda mi nombre"

Podría extenderme demasiadas horas escribiendo y describiendo todo lo que me hizo sentir no solo el último episodio, ni la última temporada de Breaking Bad, sino toda la serie. Confieso que al inicio, cuando vi sus primeros dos episodios, no me sentí para nada atrapado por ella. Me parecía tan deprimente la vida de un hombre de pocos recursos al que no dejaban de sucederle cosas, una más mala que la otra (hijo con problemas, hija no deseada en camino, cáncer de pulmón terminal sin haber fumado nunca en su vida, y nada de dinero) que sencillamente no valía la pena verla. Solo mi curiosidad (y varios amigos) me hicieron retomar desde el tercer episodio de la primera temporada, y nunca me pude detener.

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Breaking Bad fue de esas series que lo cambian todo. Que hacen que veamos a las demás con malos ojos, incluso cuando antes las idolatrábamos. Gilligan creó una obra maestra que desde el primer episodio al último nos relató algo increíble. Su final fue completamente digno, y vaya que la extrañaremos.

Se que Breaking Bad pasará a la historia como una de las mejores series de televisión jamás creadas, pero merece más, merece ser la mejor, y los que la hemos vivido sabemos que es así. Extrañaré ese desolado desierto con tonos naranjas. Extrañaré que me deseen un "día A1". Extrañaré la tensión ante una nueva mentira de Walter. Extrañaré ver cómo esos planes maestros dan siempre resultados al final. Extrañaré esas conversaciones brillantes entre Walt y Saul.

Te extrañaremos Walter. Te extrañaremos Heisenberg. Y te extrañaremos... Bitch.