Hace dos semanas trascendió a la opinión pública que la NSA había espiado a los presidentes de México y Brasil, es decir, a Enrique Peña Nieto y a Dilma Rousseff. La fuente de la información, como nos podemos imaginar, habían sido los documentos filtrados por Edward Snowden y estas actividades ponían en una situación complicada a Estados Unidos: se pueden considerar un gran problema diplomático (con graves consecuencias para las relaciones con estos países). La reacción de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no ha tardado mucho en llegar y, además de anunciar la cancelación de su visita oficial a Estados Unidos, se estaría planteando independizar sus infraestructuras de acceso a Internet para evitar la influencia de Estados Unidos y la NSA.

Puede sonar a una especie de teoría de la conspiración o una reacción populista pero, la verdad, creo que vale la pena echar un vistazo al tendido de cables submarinos para entender, en parte, la dependencia de infraestructuras de Latinoamérica con Estados Unidos. Prácticamente todos los cables submarinos que unen América con Europa, África o Asia pasan por Estados Unidos y, evidentemente, esto es un "gran buffet" para la NSA. Brasil es, quizás, de los pocos países que cuenta con un acceso directo a Europa y África gracias a un enlace que termina en Portugal y que también llega a Senegal.

Por ahora, la idea no es más que un estudio interno que la presidenta ha encargado tras conocerse las actividades de espionaje de la NSA sobre su persona y sobre la compañía petrolera nacional (Petrobras) pero, eso sí, podría ser la punta del iceberg de una serie de medidas mucho más profundas.

Los planes de Brasil

Además de una posible independencia en cuanto a infraestructuras troncales (que, quizás, no sean la solución del problema si los servicios en la nube que se usan tienen base en Estados Unidos), es importante tener en cuenta que la NSA comparte datos y sistemas con Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia, por lo que la "independencia" se hace muy complicada.

Aún así, Brasil apostaría por el tendido de una red de cables submarinos que abran un camino alternativo con Europa, África y Asia; una infraestructura que no pasaría por suelo estadounidense y que podría ser utilizada por el resto de países de Latinoamérica (y así escapar de los tentáculos de la NSA).

Brasil también estaría planteándose forzar a las empresas de Internet que operan en el país para que almacenen los datos personales de los usuarios en territorio nacional, es decir, ofrecer mayor protección a los usuarios mediante imperativos legales que fuercen a servicios como Facebook a que los datos sean tratados, exclusivamente, en dicho país.

Si sumamos estas dos medidas, el resultado no es muy esperanzador porque Brasil podría convertirse en una especie de isla con un peligroso parecido a Irán o China (que viven aisladas con sus "intranets") y, la verdad, no creo que sea el mejor espejo con el que mirarse.

Lo que sí que parece interesante es el resto de ideas que Dilma Rousseff parece estar plantándose. La presidenta de Brasil quiere hablar de privacidad y seguridad ante la Asamblea General de Naciones Unidas con el objetivo de poner sobre la mesa un tema escabroso: las supuestas puertas traseras de la NSA tanto en aplicaciones como en hardware y, para evitar programas como PRISM, el servicio postal de Brasil trabajará en un sistema de correo electrónico seguro para los brasileños.

Presidenta de Brasil y Obama - Espionaje de la NSA a Brasil
Ricardo Stuckert/PR para Agência Brasil

¿Soberanía tecnológica o aislamiento tecnológico?

Obviamente, como usuario, no comparto las violaciones de la privacidad que, por sistema, la NSA lleva perpetrando desde hace años; sin embargo, no estoy tan seguro de que la forma de rodear estas prácticas sea con el aislacionismo tecnológico.

Internet es una red global y "alterar" el rutado de paquetes de datos para que no pasen por Estados Unidos no detendrá a la NSA; seguramente es un problema que tendrán más que resuelto. Evidentemente, la mejor forma de evitar puertas traseras es apostando por tecnologías y soluciones que puedan auditarse; es decir, el software libre sí que puede ser un camino hacia la soberanía tecnológica de los Estados.

Sin embargo, el aislacionismo, el "Internet alternativo" o regular el alojamiento de los datos por decreto, en el fondo, matan esa "aldea global" que es Internet y, quizás, no sea la mejor de las opciones (a pesar que la NSA nos esté empujando a ello tras cruzar la línea y abusar de su poder).