Hace 76 años exactamente ocurrió un evento que impactó el mundo y cambió por completo la evolución del transporte aeronáutico al ver el final de la era de los dirigibles. Un evento trágico y lleno de tristeza protagonizado por el dirigible alemán Hindenburg y que tuvo como consecuencia el fallecimiento de muchas personas, por lo que nunca será olvidado. El accidente del Hindenburg ocurrió el 6 de mayo del año 1937.

Durante la década de 1930 se estaba haciendo muy popular el uso de dirigibles como medio de transporte aéreo, especialmente por parte de Estados Unidos y de algunos países del continente europeo. Pero ningún dirigible era más imponente que las dos naves gemelas procedentes de Alemania, una llamada "Graf Zeppelin II" y la otra llevando el nombre de Hindenburg, nombre que toma como tributo del Presidente Paul von Hindenburg de Alemania. Ambos dirigibles tenían una longitud de nada menos que 245 metros de largo, y hasta el día de hoy ninguna nave ha podido alcanzar siquiera semejante longitud.

Además de su increíble tamaño, se trataba de un nuevo diseño de origen alemán que utilizaba tipos de materiales innovadores en este ámbito (duraluminio, en su totalidad) y en su mayoría lleno de hidrógeno. Era tal la magnitud de este titán de los cielos que incluso sobrevoló el océano y en tres días completó su viaje desde Frankfurt (Alemania) hasta la ciudad de Nueva Jersey, en los Estados Unidos, que sería su último viaje.

Aunque la mayoría de detalles sobre el accidente del Hindenburg se mantienen como misterio, se conoce que debido a una tormenta que había ese día en la ciudad donde se suponía atracaría para dejar a los más de 90 pasajeros que se encontraban a bordo, de los cuales 35 fallecieron debido a la explosión y colisión del gigante de los cielos.

Se dice que el accidente del Hindenburg pudo haber sido evitado si los ingenieros alemanes hubiesen utilizado el diseño original del dirigible que en lugar de hidrógeno llevaba bolsas con gas helio no inflamable, pero debido a un embargo comercial de Estados Unidos hacia la Alemania Nazi, modificaron el diseño para adaptarse al gas con el que sí contaban. De cualquiera manera, anteriormente ya se habían utilizado dirigibles a base de hidrógeno, y también habían recorrido el mundo, por lo que el caso de esta nave permanece como un misterio.

Será imposible olvidar la voz de Herbert Morrison, el locutor de radio que narró el accidente en vivo y directo, cuando su voz emotiva se notaba desgarrada ante tan trágicos acontecimientos y gritaba la conocida frase: "¡Oh, la humanidad!".

Luego de los trágicos acontecimientos del dirigible Hindenburg al finalizar su viaje desde Alemania a Estados Unidos, el mismo Adolf Hitler ordenó terminar con la flota de dirigibles comerciales, y rápidamente el ejemplo fue tomado por cualquiera que estuviese desarrollando esas naves.

El 6 de mayo del año 1937 se llevó a cabo el último vuelo comercial de un dirigible, y marcó un fin a este medio de transporte que en esa época estaba en pleno auge.