Google Glass, es decir, las famosas gafas que Google ha desarrollado y con las que pretende cambiar la forma con la que percibimos e interactuamos con el entorno que nos rodea, es un dispositivo que ha creado bastante expectación desde que fuese presentado el año pasado y pudiésemos verlo físicamente durante el pasado Google I/O. Google Glass además de ser un dispositivo es una plataforma orientada a servicios en la que están trabajando desarrolladores ajenos a Google para ofrecernos todo un ecosistema de funciones y utilidades con las que explotar este dispositivo pero, por la última patente que ha solicitado Google, las posibilidades del sistema podrían evolucionar hasta permitirnos el control de objetos cotidianos.

Hace tiempo que venimos oyendo hablar del Internet de las cosas, es decir, entornos inteligentes donde un gran número de dispositivos estarían conectados a la red y podríamos interactuar con ellos o recogería información susceptible de ser utilizada o procesada. De hecho, en este entorno hiperconectado también se desarrollaría el concepto de wearable computing, es decir, ropa y complementos capaces de conectarse a la red y ofrecernos información o servicios (algo que ya vemos en dispositivos como Fuelband o el rumoreado reloj de Apple o la propia Google Glass).

Dentro de este ecosistema, Google se plantea que esos dispositivos inteligentes que llevamos puestos, como podrían ser las gafas de Google Glass, podrían interactuar también con objetos simples que, por regla general, no estarían conectados a la red; cosas tan cotidianas como la puerta de nuestro garaje, el refrigerador que tenemos en la cocina o la máquina de café podrían interactuar con nuestros sistemas.

Dotando a estos objetos cotidianos "sin capacidades de conectividad" de sistemas que salven esta carencia, por ejemplo sensores, dispositivos RFID, interfaces Bluetooth o códigos QR, nuestro reloj inteligente (ahora que se comentan tanto y que parece que Samsung trabaja en uno) o las gafas de Google Glass podrían conectarse a estos interfaces, por ejemplo, para visualizar información del estado de la puerta (si está bloqueada o está abierta), controlar el estado del elemento o, quizás, activarlo a distancia. Una posibilidad que se ha descrito en la patente y que, incluso, podría ofrecernos un interfaz sobreimpresa en la imagen real que estamos visualizando, es decir, conjugando la realidad aumentada en el sistema.

Google Glass patente

Si a esto le sumamos la posibilidad de incluir control gestual o comandos de voz, sin duda, cambiaría mucho la forma que tenemos de relacionarnos con objetos y dispositivos cotidianos y todo nuestro entorno podría ser mucho más confortable y automatizado.

Lógicamente nos encontramos ante una patente y, por tanto, esta tecnología podría no desarrollarse pero, en mi opinión, nos presentan un entorno bastante atractivo e interesante.