Yo confieso (¡oh, piedad!) que no he leído "El Hobbit". No sé si, para fines prácticos de hablar de la cinta de Peter Jackson, sea una ventaja o un hándicap. O si, en el mejor de los casos, siquiera importe, considerando que la novela corta ha servido para inspirar una trilogía con tal de exprimir la mitología en las taquillas. Pero, bueno, hablamos de Hollywood, la tierra que convierte juegos de mesa y atracciones de feria en épicas de la pantalla grande.

Confieso también que no entré a la versión de los 48 fotogramas por segundo. En primer lugar, porque en la sala donde acudí no la tenían disponible; y en segundo término, porque las impresiones de mis amigos no fueron las más favorables y no estaba dispuesto a distraerme de la trama por un asunto técnico. Así que, querido lector, si usted busca discutir sobre los cuadros por segundo, lamento decirle que no le dedicaré más que este comentario. Aclarados los puntos, voy con mi impresión -huelga decir que con un poquito de espóiler, advertidos quedan-.

"The Hobbit: An Unexpected Journey" es una película larga. Ya sé, ya sé, es una obviedad. Tiene una duración de 169 minutos (o lo que es lo mismo, prácticamente tres horas). Si la comparamos las otras obras de Jackson alrededor de "El Señor de los Anillos" -The Fellowship of the Ring (179 minutos), The Two Towers (179 minutos) y The Return of the King (201 minutos)-, esta última cinta es más corta. Sin embargo, como diría Einstein con su ejemplo de la mano en la estufa, la percepción del tiempo es relativa. Desde ese parámetro, The Hobbit es extenuante.

La cinta tiene un planteamiento muy definido. Desde la aparición de Bilbo Baggins (Martin Freeman), sabemos por dónde irá la trama: un viaje del héroe rumbo a una aventura legendaria. Si tomamos en cuenta que estamos ante una primera parte de una trilogía, es comprensible que el relato sirva como un planteamiento, una forma de refrescar la memoria sobre los pasajes de la Tierra Media y anexas. La presentación es tan profunda que, por ciertos pasajes, Jackson decide sacrificar a su personaje principal en aras de darle más detalle al conjunto. Una cinta sobre un hobbit donde el hobbit, pues, es lo que importa menos.

En lo personal, no soy muy fanático de justificar una película como la parte de un todo. Una buena película debería ser capaz de sostenerse como unidad y como ensamble. Esa famosa frase de "es que hay que verlas todas como una" ocasiona que soportemos ciertos aspectos flojos en aras del "bien mayor". Y si no me creen, pregúntenle a algún fanático de las precuelas de Star Wars o de la trilogía de Nolan sobre Batman. Si algo había distinguido a Peter Jackson es que en sus tres películas de The Lord of the Rings, ninguna opaca a la otra. Con todo y el apoteósico cierre de The Return of the King, uno es capaz de toparse con las dos primeras y quedar igual de enganchado. En "The Hobbit...", es clara la intención de planteamiento.

Aún así, la calidad de The Hobbit no es cuestionable. Es una cinta cuidada en muchos detalles. Jackson domina la mise en scène para dotar sus tomas de un ambiente envolvente, gracias a una iluminación, fotografía, maquillaje y banda sonora destacadas. El guión tampoco desmerece. Con todo y la omisión de Bilbo por un buen rato (a veces creo que es más una cinta sobre Thorin Oakenshield y su tropa), el ritmo es bien llevado. En la actuación, Ian McKellen es un coloso -como siempre-, aunque su Gandalf se nota más cansado que en la trilogía de The Lord of the Ring. Quizá sea el esfuerzo, quizá sea sólo mi imaginación.

Si todo está tan bien, ¿por qué la sentí tan larga, tan fatigadora? Será que los secundarios sobran un poco. El mago Radagast (Sylvester McCoy) cumple bien como una especie de comic relief, pero hasta ahí. Por supuesto, está confirmado para las siguientes cintas, por lo que habrá que esperar a ver su desarrollo de personaje. Por otro lado, The Great Goblin (Barry Humphries) también es un villano menor -en éste, se nota muchísimo la mano de Guillermo del Toro en el diseño-, apenas una sombra entre un rey tonto y un intento de Jabba the Hut. De lo prescindible en la película.

El revestimento hace que, por algunos momentos, nos olvidemos que la historia es sobre un hobbit. Por fortuna, Jackson no lo deja de lado, y más vale tarde que nunca, nos muestra la reaparición de Gollum (grande, Andy Serkis), el descubrimiento del anillo, la valentía de Bilbo y demás que aspectos que esperábamos desde el inicio. La cinta cierra, al estilo del canon, con que lo mejor estará por venir. Vale, pero que para la próxima haya menos paja alrededor del relato central. Y miren que lo dice un neófito.