Hace unos días, el embajador mexicano ante Estados Unidos, Arturo Sarukhan, señaló su beneplácito por la entrada de México a las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP). En una reunión en San Antonio, Texas, para conmemorar los 20 años de la firma del Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN; NAFTA en inglés), Sarukhan señaló que la suscripción de los tres miembros de este tratado (Estados Unidos, Canadá y México) a TPP significaba una forma de fortalecer al TLCAN a través de "la puerta trasera". No por algo este acuerdo ha sido llamado un NAFTA on steroids.

La declaración se da en el contexto de las discusiones en México acerca de TPP. En diferentes sedes, distintos actores se reunieron para hablar sobre las implicaciones del acuerdo; aunque, desgraciadamente, el principal ausente fue la sociedad civil. Mientras que políticos, empresarios y negociadores continúan poniéndose de acuerdo, el documento permanece aún oculto, sin posibilidad de análisis público.

¿Qué ha pasado en los últimos días? Entre el 12 y 15 de noviembre, México fue anfitrión de una reunión intermedia con los 11 responsables negociadores de TPP. De lado mexicano, acudieron Bruno Ferrari, secretario de Economía; y Fernando de Rosenzweig, subsecretario de Comercio Exterior. De acuerdo con Economía, también se presentaron "los representantes del sector privado mexicano" -¿quiénes?, no sabemos-.

A su vez, el martes 14 se sostuvieron dos reuniones en el Distrito Federal: una en el Senado de la República y otra en la Secretaría de Economía. En la primera, dos legisladores llamaron públicamente a que se revele el contenido de TPP; preocupados, principalmente, por su impacto en los temas de alimentación y agricultura. Aunque se hizo el llamado a través de ese foro, aún no existe un esfuerzo formal del Senado para ser ver el texto íntegro del acuerdo. A lo más que han llegado es al resumen que Economía les envió hace unos meses -casualmente, unos días antes de formalizar la entrada de México en TPP-.

En las oficinas de Secretaría de Economía, se reveló una reunión para analizar el capítulo de propiedad intelectual de TPP -del cual, lo que sabemos, no es nada halagüeño-. Lo curioso es que se manejó una presentación de TPP ante la sociedad civil, ese mismo día a las 11:00 horas, del cual no hay información al respecto: ni asistentes ni qué temas se trataron ni nada.

La siguiente fecha a marcar en el calendario es el 3 de diciembre, cuando inicie la ronda 14 de negociaciones, ya con Canadá y México como miembros. Desde ese día y hasta el 12, los representantes se sentarán en Nueva Zelanda a discutir el acuerdo en completa opacidad. Sobre México, será la primera ronda en la que tenga participación la administración de Enrique Peña Nieto -apenas un par de días después de su toma de protesta-, a través de un grupo de representantes desconocido (a la fecha, ni siquiera se conoce la conformación de su gabinete).

La declaración de Sarukhan es sintomática. Aunque el embajador se refiere a que ayudará a impulsar al TLCAN, sus palabras se pueden extrapolar a muchas situaciones. Sin duda, organismos como el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual deben estar frotándose las manos por las reformas que se necesitan para que entre en vigor el acuerdo -las cuales, por supuesto, permitirían consolidar su sueño de multas millonarias-. El mismo presidente Peña Nieto tiene en TPP una oportunidad de avanzar en su plan de ingresar capital extranjero en Petróleos Mexicanos -actualmente, empresa del Estado con el monopolio energético-; o las grandes farmacéuticas deben estar contentas por la extensión de patentes, a pesar de que la misma industria mexicana lo rechace.

Todo, por la puerta trasera.

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