El séptimo capítulo de la temporada nos trae de vuelta a Nina Sharp, un personaje al que muchos echábamos de menos y que conoce a Walter, el antiguo y el nuevo, como a la palma de su mano; un Walter que cada vez siente más la presencia de su antiguo yo. Olivia, por su parte, cree que está perdiendo a Peter y el joven Bishop continúa perfeccionando sus habilidades como Observador.

Alerta de spoilers a partir de este punto

Five-Twenty-Ten es un episodio centrado en la inexorable transformación de Peter. Mientras el grupo, siguiendo las instrucciones de la cinta número 5, busca un par de balizas de los Observadores; el joven Bishop tiene su propia agenda y organiza un ataque contra los tres colaboradores más próximos a Windmark.

La cinta número cinco

Esta vez la cinta los lleva hasta una antigua instalación de almacenamiento propiedad de William Bell. Por fin sabremos qué hacía Bell atrapado en el ámbar y los términos de su traición a la humanidad aliándose con los Observadores. La mano en ámbar de Bell, aquella mano que Walter no dudo en cortar en Letters of Transit, sirve para acceder a la cámara secreta del almacén, lugar donde Belly guardaba sus más preciados tesoros.

Sin embargo, cuando llegan a la instalación descubren que la entrada está sepultada bajo una montaña de escombros. En ese momento deciden recurrir a Nina Sharp, la única persona que puede darles acceso a la avanzada tecnología que necesitan para despejar el camino. Una anciana Nina se reúne con Olivia, Walter y Astrid. El reencuentro entre Nina y Olivia es muy tierno, tengamos en cuenta que esta mujer la crió desde que era una niña y que conocía muy bien a Etta. Gracias a Nina consiguen una máquina que convierte la materia sólida en materia gaseosa, entran en la cámara de Bell y consiguen las dos balizas que necesitan.

Lo interesante del capítulo no es la misión, una mera excusa para contar cosas mucho más interesantes como el infierno interior de Walter, las sospechas de Olivia, el aislamiento y la indiferencia del científico, el poder seductor de la ciencia y el precio a pagar por desentrañar los misterios del universo. Además Peter actúa por su cuenta – cada vez con más frecuencia – orquestando un atentado contra los Observadores.

Nina Sharp y Walter Bishop

En un momento del capítulo Nina le pregunta si está sintiéndose más como el hombre que solía ser; aquel científico frío y soberbio que sintió el poder de Dios entre sus dedos y que jugó con él a placer. Walter confiesa que sí, que desde el reimplante cerebral al que lo sometieron se siente cada vez más como antaño. No obstante está convencido de que esta vez será diferente porque tiene a Peter a su lado, su hijo le ayudará a mantener intacta su humanidad, el poder del amor le redimirá y le mantendrá a salvo.

Nina no está tan convencida y le habla de su propia experiencia con Bell diciendo que por mucho que se amaron terminó perdiéndose, Walter le responde que Belly nunca la amó mostrando la cara más cruel de su antiguo yo.

Cuando más tarde, Walter descubre en la caja fuerte de William Bell una fotografía de Nina, se da cuenta de su error. Se reúne de nuevo con su antigua amiga y le confiesa su equivocación: Bell la amaba. Eso significa que el amor por Peter no le hará inmune al cambio, Walter teme no poder controlarse y por eso le pide a Nina, con lágrimas en los ojos, que le extirpe, una vez más, pequeñas partes de su cerebro.

El dilema de Walter es tremendo, su cerebro ahora trabaja a pleno rendimiento pero eso significa perder su alma ante la arrogancia del pasado. El amor por Peter no frenará la conversión, así que está dispuesto a sacrificar parte de su intelecto para mantener intacta su alma y cerca a las personas que quiere. El problema es que para la lucha contra los Observadores necesita estar al cien por cien, menos podría significar la derrota. ¿Es más importante salvaguardar su alma que el futuro de la humanidad?

Peter Bishop, el Observador

Olivia le confiesa a Astrid su preocupación por Peter, cree que le está perdiendo. Durante todo el capítulo podemos ver como él cambia, Peter se vuelve más frío, más distante, menos humano, más Observador.

Al inicio del episodio le vemos utilizando sus habilidades precognitivas para localizar a los lugartenientes de Windmark. Más adelante es capaz de apaciguar a Walter para que recuerde la combinación de la caja fuerte de William Bell. Peter no duerme, ladea la cabeza, habla cada vez menos, su mirada se vuelve vacía y analítica; y dice cosas como:

Es lógico que nos separemos.

Esta frase encierra toda la verdad sobre el nuevo Peter Bishop, un hombre cuya sed de venganza le ha llevado al extremo de sacrificarse a si mismo. A medida que el capítulo avanza el cambio es sutil pero palpable, hay que alabar el trabajo de Joshua Jackson porque logra perfilar un nuevo y horrible Peter. Cuando Olivia encuentra le encuentra en el apartamento de Etta trazando las líneas temporales en las pizarras averigua la verdad. Su marido con voz monocorde y carente de emoción le explica lo que ha hecho porque ya no le importa, porque no siente remordimientos ni miedo ni vergüenza, porque le es indiferente la reacción de ella, y porque ha perdido la capacidad de sentir, entonces y solo entonces le dice la pura y dura verdad.

El momento en el que Peter habla a la vez que Olivia, repitiendo sus palabras, me provocó escalofríos. La transformación avanza a pasos agigantados y Peter Bishop ya no es él mismo y es que si perdemos nuestras emociones, nuestra humanidad ¿qué somos? ¿qué nos queda?. Ni siquiera demuestra un atisbo de emoción al explicar que en el atentado contra los Observadores utilizó la toxina come carne del vuelo 627, el primer caso de la división Fringe, el primer caso con Olivia, el punto de partida de una relación que ha pasado por muchas cosas pero que no creo que pueda superar las horribles consecuencias de la venganza de Peter.

The Man Who Sold The World

La música importa. Entre las cosas de William Bell, Walter encuentra su vieja colección de discos y recupera uno de David Bowie que escucha al final del episodio. En la soledad del laboratorio suena The Man Who Sold the World. El montaje final nos muestra por un lado a un Walter preocupado y arrepentido, y por otro lado a Peter trabajando en sus pizarras llenas de líneas, cada vez más Observador, cada vez más lejos de sus seres queridos, cada vez más calvo.

El hombre que vende el mundo podría ser también el hombre que vende su alma. Walter la perdió el día que cruzo la frontera entre universos, por eso pidió que le extrajesen partes de su cerebro, por eso pasó más de tres lustros en un psiquiátrico. Su redención llegó a través de Olivia Dunham y de su hijo pero ahora vuelve a sentirse, una vez más, un monstruo capaz de hacer pruebas con niños. Peter vendió su alma a la tecnología de los Observadores, abrumado por el dolor y convencido de la legitimidad de sus actor, vendió todo lo que él es para enfrentarse a unos seres con los que cada vez tiene más en común.

Creo que Walter aún podría salvarse pero no sé que será de Peter. El descenso de ambos al infierno vino dado por la pérdida de un hijo pero ¿cómo salir de ese lugar? Si Walter pudo una vez, seguro que podrá otra; y si Olivia formó parte activa de esa liberación podría ser la clave en la de Peter.