Conocemos como accidente cerebrovascular, o derrame cerebral, a la pérdida de funciones cerebrales como consecuencia de la interrupción del flujo de sangre al cerebro y que derivan en secuelas como la pérdida de movilidad, la afasia, mareos o pérdida de visión; episodios clínicos que afectan a número nada despreciable de personas que requieren de atención y largos procesos de rehabilitación. Si bien existen líneas de trabajo destinadas a mejorar los procesos de rehabilitación, por ejemplo usando videojuegos o la estimulación eléctrica, la mejor terapia es la prevención o la actuación de manera temprana. En este sentido, el Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) ha desarrollado un micro-motor que podría tratar aneurismas e infartos cerebrales en los casos en los que la cirugía no es posible o es extremadamente compleja.

El micro-motor es un dispositivo MEMS (Microelectromechanical Systems) de 250 micras de ancho, es decir, la anchura de un cabello humano y la envergadura de un grano de sal. ¿Para qué serviría este micro-motor? La idea es que pueda entrar en las pequeñas venas que surcan el cerebro humano y recorrerlas para buscar la obstrucción.

Para el equipo de invesigación de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y de Computadores del RMIT, en colaboración con el Real Hospital de Melbourne, los neurólogos necesitan un instrumental y equipamiento mucho más avanzado que el actualmente disponible puesto que, aproximadamente, el 15% de las intervenciones de neurocirugía no tienen éxito.

Para el tratamiento de pacientes que han sufrido un infarto cerebral, usamos microcatéteres de un plástico flexible que introducimos en las arterias para llegar al cerebro y alcanzar el coágulo que ha taponado el flujo sanguíneo del cerebro

El microsistema, que ha tardado 6 años en desarrollarse, ha sido fabricado por el Centro de Nanofabricación de Melbourne, permitirá a los neurocirujanos guiar con precisión los catéteres que introducen por las venas del cerebro del paciente puesto que, hasta ahora, utilizan unos tubos de plástico que van enrollados y a veces presentan cierta resistencia al viajar por los vasos sanguíneos (que tienen un diámetro de 0,5 milímetros). De hecho, en el peor de los casos, la resistencia a moverse por el interior de las venas puede llevar a dañarlas o, incluso, romperlas y llegar a provocar la muerte del paciente.

¿Cómo funciona entonces? Imaginemos que introducimos por la vena una especie de micro-vehículo que va tirando del tubo y facilita que éste pase a través de las venas hasta llegar a la obstrucción para romperla; un interesante desarrollo que permitiría a los neurocirujanos aumentar su precisión y, sobre todo, la tasa de éxito de las intervenciones.

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