A 2.191 metros bajo la superficie, en el oscuro abismo de la cueva Krubera-Voronnya, la más profunda de la Tierra, una expedición de investigadores españoles y rusos ha encontrado hasta cuatro nuevas especies de animales. De entre las mismas, la Ortobalaganensis plutomurus, unos insectos primitivos sin ojos que los investigadores no han dudado en reconocer como aquellos encontrados a mayor profundidad en la historia.

La Ortobalaganensis plutomurus formaría parte de estas cuatro nuevas especies de insectos sin alas pertenecientes a los colémbolos, invertebrados artrópodos. Según la investigación, normalmente vivirían en la oscuridad de las cuevas, espacio donde se alimentarían de hongos y materia orgánica en descomposición.

Los insectos fueron hallados durante la expedición que tuvo lugar en la región de Abkhazia, cerca del Mar Muerto y enclave donde se encuentra la cueva Krubera-Voronnya. Cuenta una de las investigadoras de la expedición, Sofía Reboleira, de la Universidad de Aveiro en Portugal, que las condiciones han sido tremendamente duras hasta la consecución del hallazgo:

El equipo ha estado explorando esta cueva desde hace más de 10 años, trabajo duro y peligroso en una zona remota en el interior de las montañas. No hay máquinas, sólo el trabajo humano. En el campamento base no tenemos agua dulce, sólo la nieve derretida, y la comida tiene que ser racionados para alimentar a casi 30 personas durante 30 días. La búsqueda de animales cavernícolas es una tarea que requiere de varias horas de búsqueda activa, extremadamente difíciles en las condiciones frías de la cueva debido al riesgo de la hipotermia.

Y es que hasta ahora se tenía como las criaturas terrestres que habitan en mayor profundidad al escorpión junto al insecto conocido como "pez de plata", encontrado a 920 metros de profundidad. Ahora y tras el hallazgo de la especie Ortobalaganensis plutomurus (exactamente a 1.980 metros) habrá que cambiar el récord.

La especie, a diferencia del resto encontrada, no tiene ojos ni grandes antenas aunque sí pigmentación. Los investigadores creen que la especie habría llegado a tales profundidades recientemente. Esto explicaría su falta de adaptación extrema a las mismas. La razón del argumento radica en que su organismo aún no ha perdido pigmentación como el resto de criaturas en cuevas.

Un descubrimiento increíble si tenemos en cuenta la profundidad alcanzada por estos organismo en ausencia total de luz, con los pocos alimentos disponibles y las temperaturas extremas.