Ni Íñigo Montoya, ni Darth Vader, ni Luke Skywalker, ni el mismísimo Aragorn hubieran lucido tanto en la gran pantalla sin el maestro de la esgrima que se encontraba detrás de muchas de las escenas más míticas de la historia del cine. El domingo falleció uno de sus personajes más importantes. Bob Anderson moría a los 89 años de edad dejando tras de sí un número incontable de escenas.

Nacido en Hampshire, Inglaterra, el 15 de septiembre de 1922, Anderson fue un hombre que rindió culto a la espada toda su vida. Un esgrimidor profesional reconvertido a actor de cine tras la llamada de Hollywood en 1953 para ayudar a Errol Flynn en la mítica El señor de Balantry.

Cuenta la historia de Anderson que el hombre sobrevivió a la muerte en la Segunda Guerra Mundial tras hundirse el barco en el que se encontraba. Poco después y a su vuelta al país, los conocimientos de esgrima lo llevaron a representar a Inglaterra en los Juegos Olímpicos de Helsinki, Juegos donde conseguiría la quinta plaza para Inglaterra.

Su posterior paso por los Mundiales hasta el año 1953 hicieron que los productores de Hollywood se fijaran en el hombre para ayudar a la gran estrella del celuloide, Errol Flynn, para las producciones en las que se encontraba inmerso El señor de Balantry y Espadas Cruzadas. Tras ayudar a Errol Flynn pasaría a sus primeros papeles como doble en Los Cañones de Navarone o Desde Rusia con Amor.

A partir de aquí comenzaría una meteórica carrera donde alternaría su apoyo a innumerables filmes de acción como entrenador y coreógrafo de lucha o bien como doble de escenas.

Hasta 1977. Ese fue el año que George Lucas lo reclutó para lo que sería una de las sagas más grandes de la historia, Star Wars. Anderson se convertiría en Darth Vader en prácticamente todas las escenas de acción. Hecho que la gran mayoría del público no lo sabría hasta 1983, momento en el que Mark Hamill rendiría tributo al maestro y su contribución con las siguientes palabras durante una entrevista:

Bob Anderson fue quien realmente hizo las peleas de Darth Vader. Se supone que sería un secreto para siempre, pero al final le dije Lucas que no me parecía justo.

Junto a Star Wars, Anderson acabaría participando en otras tantas cintas que forman parte de la historia. Probablemente una de las más recordadas sería la escena de The Princess Bride, considerada como uno de los duelos más conseguidos en la gran pantalla, Íñigo Montoya y Westley se enfrentarían en un duelo de diestros como si fueran zurdos...

Lo mismo pasaría con otra película que bebe de la sabiduría de este hombre. Si Highlander es grande lo es por su banda sonora y por la construcción de un conjunto de escenas de lucha con espadas únicas, todas construidas a partir de la sabia mano de Anderson.

Su última gran contribución quedó en Nueva Zelanda. Peter Jackson lo reclutaría para la gran trilogía de Tolkien. Jackson contaría mas tarde que su contribución fue más allá de la simple construcción de escenas ya que Anderson estudiaría a fondo los libros de Tolkien para imprimirle un estilo personal y único a cada personaje y raza de la trilogía.

Junto a este conjunto de filmes, el hombre trabajó para Kubrick en Barry Lyndon o con Antonio Banderas en La máscara del Zorro. Finalmente su último trabajo se produjo en el año 2006. Fue en una producción española, Alatriste de Díaz Yanes, con la que pondría punto y final a un legado de leyenda que encumbró muchas de las películas que hoy admiramos.

Reclaiming the Blade fue el documental que recoge parte de la obra de Anderson. Un trabajo dirigido por Daniel McNicoll donde el director rendía tributo a la obra del hombre detrás de uno de los villanos más recordados de la historia del cine.

Les dejo con las emotivas palabras que ha dejado Peter Jackson en su página de Facebook tras el fallecimiento de Anderson:

Es raro y extraño, incluso dentro de la industria del cine, llegar a trabajar con una leyenda, algo que me emocionó cuando Bob Anderson accedió a unirse al rodaje de El Señor de los Anillos como nuestro maestro de esgrima. En realidad, me llevó un tiempo darme cuenta de que iba a trabajar con el mismo hombre que había ayudado a crear algunas de las mejores escenas de lucha de la historia del cine, desde Star Wars a La Princesa Prometida. Bob era un increíble espadachín y un profesor talentoso; le recordaré como un hombre maravillosamente paciente, que poseía un tremendo sentido del humor. Fue un privilegio conocerle...