Un viernes cualquiera, fiel a mi costumbre, fui con mi madre a rentar películas. Corría el año 2000, época en que el DVD todavía era una novedad tecnológica y la gran variedad de títulos aún se mostraban en VHS. En el pasillo de filmes animados (usualmente mal categorizados como "infantiles" por las cadenas de renta), me topé con una cinta que parecía un híbrido entre Aeon Flux y los X-Men. No conocía nada sobre el título, pero en esos tiempos ya tenía el sano hábito de devorar cualquier cómic o serie animada que se me pusiera enfrente. Así fue como conocí a Gen¹³.

Gen¹³ es un cómic creado por Jim Lee en 1996, publicado por el sello Wildstorm. Pero antes de entrar en tema, hagamos un poco de memoria. Durante los años noventa, las series producidas por editoriales menores e independientes se pusieron a la par de los alicaídos Marvel y DC. Incluso, muchos títulos como Spawn, Hellboy o Sin City impusieron un estilo muy definido para los cómics estadounidenses: guiones ultraviolentos, cuerpos exagerados (¡no me hagan hablar del trabajo de Rob Liefield!) y mucha tensión sexual en el ambiente.

En ese sentido, Gen¹³ es un digno representante de la época. Narra la historia de un grupo de adolescentes que son "invitados" a un proyecto gubernamental, el cual termina por ser un experimento para activarles un gen que desarrollará sus superpoderes. La agrupación está conformada por Caitlin Fairchild, una chica tímida y estudiosa que se convierte en una amazona escultural --la escena de su transformación debe estar en el Salón de la Fama--; Freefall, capaz de manipular la gravedad en los objetos que le rodean; Burnout, quien puede generar y proyectar ráfagas de plasma; Grunge, con el poder de convertirse en el material con el que hace contacto; y Sarah Rainmaker, una apache con la capacidad de manipular el clima en su ambiente cercano.

A simple vista, Gen¹³ parece una mala copia de todos los cómics de la época. La apariencia de Fairchild es prácticamente una proyección de fantasías masculinas; el personaje de Freefall es una combinación entre Kitty Pride (Shadowcat) y Jubilee de los X-Men; y cualquier similitud de Rainmaker con Storm es mera coincidencia. Vamos: ¿un grupo de héroes adolescentes con poderes, perseguidos por el gobierno? Cliché. Sí, en la superficie, Gen¹³ tiene todos los elementos de los mutantes de Marvel, pero su virtud está en que logra dar un paso más en la psicología de los personajes. Lo que tiene de trillado en la trama lo tiene de profundo en *la psique de sus protagonistas.

Así, Gen¹³ nos entrega a una Caitlin Fairchild en conflicto con su propio cuerpo curvilíneo, incómoda por acaparar las miradas de los hombres, o incluso, inconsciente del efecto que tiene su apariencia. Está Freefall, envidiosa de la figura de Fairchild; o Grunge, saturado de referencias a la moda, apariencia y estilo de los noventa --su mote, por ejemplo, refiere a su gusto musical--. Sarah Rainmaker fue uno de los primeros personajes bisexuales representados sin tapujos en el cómic --ya después los creadores la catalogarían directamente como lesbiana--, y logró introducir temas de liberación sexual en un tiempo en que reinaba el tabú.

En general, su dinámica de grupo puede considerarse tan fundamental para la historia del cómic como, en su momento, la aparición de la familia disfuncional en Fantastic Four. Por desgracia, el combustible se agotó muy pronto, convirtiéndose con los años en un título más humorístico y paródico. Sin embargo, los cinco números iniciales --compilados como el volumen 1 de la publicación-- merecen leerse con mirada etnográfica, para entender en su trasfondo a una época de rebeldía, temores, inquietudes, gustos y fantasías de la generación MTV.