¿Podemos considerar a Planet of the Apes como una franquicia? Tras el éxito que supuso la cinta original en 1968 --un auténtico emblema del cine distópico--, ninguna de sus secuelas o precuelas ha conseguido siquiera hacerle sombra. Los experimentos han sido varios: Beneath the Planet of the Apes (1970), Escape from the Planet of the Apes (1971), Conquest of the Planet of the Apes (1972) y Battle for the Planet of the Apes (1973) forman parte de una filmografía bastante olvidable. Tras la fiebre, durante dos tres décadas tuvimos series para TV y telefilmes con la temática, así como múltiples homenajes y parodias, como el memorable musical en The Simpson:

Fue en 2001, hace diez años, cuando Tim Burton decidió hacer su propia versión de Planet of the Apes, la cual tuvo una pobre recepción. Los trabajos anteriores del director habían creado una expectativa alta, la cual no se cumplió pese a las buenas actuaciones de Tim Roth o Helena Bonham Carter, así como el gran trabajo de maquillaje. La versión de Burton enlató nuevamente la franquicia, hasta que la 20th Century Fox decidió sacar una nueva adaptación. Como tantas veces, apostaron por el reboot, por contar la historia desde el inicio y refrescar la mitología.

Así surge Rise of the Planet of the Apes, dirigida por Rupert Wyatt, un cineasta de poca proyección. Como los protagonistas están James Franco, quien da vida al Dr. Will Rodman; y a Andy Serkis, quien presta sus facciones para César, un chimpancé dotado de una inteligencia prodigiosa. Rodman es un genetista que descubre un virus capaz de potenciar la inteligencia e inicia los experimentos con primates. El final lo sabemos desde el título: la insurrección de los monos ante la raza humana. Pero, ¿cómo llegamos del punto A al B? Si quieres leer más --y no te importan los espóilers-- continúa. Si no, detén tu lectura y ve al cine bajo tu propio riesgo.

Bien. Lo voy a decir como es: Rise of the Planet of the Apes no juega a nada. Es una película con un planteamiento larguísimo, que se queda con clímax insípido y un desenlace fugaz. La historia inicia con Will, quien adopta a César, un chimpancé cuya madre --objeto de múltiples experimentos con un virus-- le ha heredado la cepa. El padre de Will, un músico virtuoso, padece síndrome de Alzheimer. Conforme pasan los años, Will descubre que la capacidad intelectual de César es sorprendente, razón por la que continúa estudiando al virus. Cuando la degeneración cerebral de su padre llega a un punto insoportable, Will recurre a inyectarle la cepa, lo que provoca una recuperación milagrosa.

Empero, la enfermedad vuelve con mayor fuerza, ya que el ser humano desarrolla anticuerpos contra el virus, anulando sus virtudes. El padre de Will termina en un estado lamentable, lo que provoca que escape de casa. En su afán por defender al enfermo, César tiene un altercado con un vecino, donde en un arrebato de furia termina por arrancarle un dedo. Éste es uno de los puntos conflictivos de la historia, pues al chimpancé se le presenta como visceral, arrebatado, casi malvado. Esta connotación, por desgracia, terminará por afectar el resto de la cinta.

La pelea provoca que César sea internado en un refugio para primates. En este punto, se examina el rol de César dentro del esquema social. El chimpancé pasa de un momento de crisis de identidad a una especie de despertar de clase --una lectura casi marxista--. Los monos son oprimidos por los humanos, tratados como bestias, encarcelados y maltratados. A la vez, César es golpeado por los de su especie, debido a su estado como mascota. Aquí es donde la cinta cambia sus intenciones. De la perspectiva revolucionaria --los primates librándose de la opresión humana-- se pasa a una idea vengativa, punitiva. Lo que César pretende es castigo, no justicia.

Del otro lado, la recaída del padre de Will lo orilla a investigar una cepa aún más violenta. En un experimento, un investigador queda expuesto y cae enfermo. Al mismo tiempo, César erige un sistema social a su alrededor, grajeándose a antiguos enemigos y ganándose a todos los miembros del grupo. Después, les infecta con el virus --una dosis robada de casa de Will-- para dotarlos también de mayor inteligencia. En el protocolo de investigación, los resultados son muy promisorios, por lo que el dueño de la farmacéutica (un típico y caricaturesco hombre de negocios) decide aumentar los experimentos a pesar de la recomendación de Will por mantenerlos controlados.

Entonces ocurre el levantamiento. Los primates toman el refugio y escapan, con César como líder. Acuden a la farmacéutica para liberar a los otros monos del protocolo de investigación; y posteriormente a los del zoológico. El movimiento tiene poco de revolucionario: se trata de una simple y llana venganza. Los humanos tratan de frenar a los primates, pero --como buen lugar común-- terminan por ser superados en la estrategia. A pesar de todo, César mantiene calmada la situación, impidiendo que su ejército masacre a los caídos. El mensaje es claro: él sólo va por los que merecen su castigo. Al final, consiguen escapar a un paraje donde Will se encuentra con César, y con una frase categórica ("Ceasar is in home"), se retira a las copas de los árboles. Fin.

El problema de la cinta es que nunca consigue despegar este relato. La trama del despertar de clases se queda estancada, al igual que la parte de la identidad de César. Hay una buen intención por contar un relato más profundo, pero la ejecución es muy deficiente. Por desgracia, es imposible identificarse con el chimpancé por esa asociación maligna que nos queda; así como tampoco terminamos por simpatizar con los humanos, por lo que terminamos con una historia sin antagonistas marcados ¿Es necesariamente mala la ausencia de contrapartes? En este caso, sí, porque la película termina por navegar en la ambigüedad. . Se convierte en una cinta gris, indefinida.

Más allá de los errores obvios y las exageraciones --¿cuántos monos hay en San Francisco?, ¿en serio hay cientos?-- lo insultante es que la cinta intente justificarse en la última escena, una oda al lugar común. En un momento de la cinta, el científico infectado acude a la casa de Will. No lo encuentra y se topa con el vecino, a quien le estornuda enfrente. Al final de la película, vemos al vecino con un traje de piloto aviador, a punto de subirse a su vuelo, visiblemente enfermo.. ¿El mensaje implícito? La Humanidad termina mermada por el virus, permitiendo que los monos tomen el poder. Después de ese final, a mi me sobra más de media película.

En conclusión, *Rise of the Planet of the Apes es una cinta que quiere, pero no puede. Hay una intención clara por emular la construcción del suspenso de las originales, pero el guión contiene lagunas insondables. De poco sirve que Serkis dé una actuación bastante digna, si el relato carece de credibilidad. Se pasa de una búsqueda personal a una trama revolucionaria, para luego moverse a la venganza y la tiranía y terminar en una coexistencia entre especies. Y con el colofón, los monos heredarán la Tierra no por el espíritu emancipador o por el levantamiento de los débiles. Su victoria es más bien oportunista.

Yo no he quedado satisfecho. Como he dicho, le aplaudo algunas buenas intenciones, pero la dirección es cansina, el ritmo es bastante lento y la profundidad de la película se ve afectada por sus traspiés. Si pueden, ahórrense el cine --no hay demasiado tampoco que ganarle en la cinematografía-- y esperen a la versión en DVD. O mejor: desempolven la original, la de Charlton Heston desgañitándose al aire, y quédense con el buen recuerdo de la franquicia que nunca fue.

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