En este recorrido que estamos haciendo cada semana por la historia de los videojuegos, hemos conocido la historia de los primeros juegos que nacieron de la experimentación en los primeros computadores de la historia (como Nimrod u OXO) y las primeras incursiones comerciales con las primeras máquinas recreativas de la historia, que se basaban en el popular Spacewar! (Galaxy Game y Computer Space). Sin embargo, hay un lapso entre ambos momentos que merece nuestra atención porque daría pie, años más tarde, a la introducción de los videojuegos en los hogares mediante la primera consola de la historia.

En 1966, con Spacewar! causando furor en los sectores tecnológicos, un personaje que sería clave en el sector del ocio electrónico también se contagió de este entusiasmo: Ralph H. Baer. Baer, uno de los primeros Ingenieros en Televisión del mundo, trabajaba en Sanders Associates un contratista del ejército estadounidense, sin embargo, viendo la notoriedad que tenía Spacewar!, había ideado un sistema de entretenimiento que pudiese conectarse a una TV doméstica que permitiese jugar a juegos desde el salón del hogar. Aprovechando los recursos que tenía a su alcance, estuvo desarrollando en secreto su idea (por si acaso sus superiores pensaban que estaba perdiendo el tiempo en un proyecto que no era nada serio) y, apoyado por dos compañeros, obtuvo un prototipo en marzo de 1967.

Este prototipo incluía una serie de juegos como el ping-pong, voleibol y un juego de una galería de tiro para el que habían diseñado un rifle que era capaz de detectar los blancos en la pantalla de TV. Con el prototipo, Baer decidió presentar la idea a sus jefes en Sanders Associates a los que les gustó la idea y le ofrecieron 5 meses de plazo y 2.000 dólares de presupuesto para seguir trabajando en el proyecto. La Brown Box, que fue el nombre que recibió el proyecto, no entusiasmó demasiado a los altos cargos de la compañía, sin embargo, despertó el interés de TelePrompTer Corporation, una compañía de TV por cable que, casualmente, en una vista a Sanders Associates se fijó en el proyecto. Sanders Associates y TelePrompTer Corporation se sentaron a negociar, sin embargo, no fueron capaces de llegar a ningún acuerdo y, como consecuencia, la idea de Baer terminó archivada.

Baer decidió, en enero de 1968, patentar sus diseños y sus ideas sobre videojuegos y consolas domésticas. Siguió trabajando en su idea y decidió presentársela a las principales compañías de electrónica como RCA, General Electric, Zenith Sylvania o Magnavox, sin embargo, todas terminaron rechazando la idea. No obstante, las demostraciones de Baer llamaron la atención de Bill Enders, un antiguo ejecutivo de RCA que trabajaba en Magnavox que convencido del potencial de la idea convenció a sus superiores para apostar por la idea de Baer. Magnavox dio luz verde al proyecto y firmó un acuerdo, en marzo de 1971, con Sanders Associates para fabricar en serie el producto y comercializarlo, propiciando así el nacimiento de la Magnavox Odyssey.

El 27 de enero de 1972, Magnavox comenzó la fabricación de la Odyssey, presentándose en sociedad en el mes de abril y lanzando el producto al mercado en el mes de mayo. Durante 1972 se vendieron 130.000 unidades de la consola, que tenía un precio de 100 dólares de la época, algo que provocó que otras compañías se lanzasen a la producción de sus propias consolas. El pack de venta contenía la consola, un par de mandos y seis cartuchos que almacenaban los doce juegos que se ofrecían en la versión básica. Además, se lanzó al mercado, como periférico que se vendía por separado, un rifle de plástico y otros juegos (hasta completar una colección de 28 títulos) que también se vendían por separado (productos, videojuegos y periféricos, que hoy en día se siguen vendiendo por separado para las consolas actuales).

Pese a sus éxito, diversos fallos comerciales provocaron que las ventas no fuesen aún mayores. Por un lado, Magnavox (que también vendía televisores) emitió por TV un anuncio que daba la sensación de que el dispositivo únicamente era compatible con sus televisores (cuando era compatible con cualquier aparato), sin embargo, este rumor que nunca se desmintió hizo que las ventas no despegasen. Por otro lado, la cadena de distribución del dispositivo se ciñó a los puntos de venta de Magnavox, con lo que se cerró bastante el radio de acción. De todas formas, las ventas fueron muy buenas y dio pie a una evolución de la máquina con el paso de los años.

En cuanto a sus características técnicas, Magnavox Odyssey estaba realizada, a medida, mediante una placa de circuitos que únicamente contenía transistores, resistencias y condensadores. No montaba ningún tipo de microprocesador, por lo que las limitaciones del hardware eran altas y, por ejemplo, los juegos no tenían sonido. Aún así, en 1972, la Odyssey fue todo un punto de inflexión y atrajo la atención de muchos emprendedores, incluyendo a Nolan Bushnell, creador del Computer Space y fundador de Atari.

Ralph Baer es toda una institución en el campo de la ingeniería y en el sector de los videojuegos, además de crear la primera videoconsola y la primera pistola de luz, siguió trabajando en el campo del entretenimiento electrónico creando, por ejemplo, el juego Simon a finales de los años 70. Miembro del IEEE, en el año 2006 donó todos sus planos, esquemas y documentos al museo Smithsonian y recibió la medalla nacional de tecnología por su contribución a la industria de los videojuegos.

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