Mil años han pasado desde el colapso de la civilización industrial. Una jungla tóxica se esparce ahora, que amenaza la sobrevivencia de los últimos miembros de la raza humana.

Ella porta una curiosa máscara antigas. Camina por el bosque así porque el aire transporta un veneno. Belleza y muerte cohabitan en ese lugar. Y cuando la pequeña llega a la cima del Ohmu sin vida --una suerte de escarabajo inmenso--, le extrae la cornea con destreza. Feliz, intenta regresar a casa, pero la batalla comienza instantes después. Las escenas son feroces.

Ella es la princesa Nausicaä, vuela montada sobre una nave mínima, mientras otro Ohmu avasalla todo con su carrera. Éste parte en dos el bosque para alcanzar al forajido. ¿La solución de Nausicaä? Una que evade todo sentido común a la vez que nos revela su carácter profundamente pacífico: la comunicación. Pero,

[...] el aire está lleno de ira.

El Ohmu no responde al llamado. Otra estrategia será necesaria.

Nausicaä del Valle del Viento es el documento visual de un posible post apocalipsis, el trabajo fundacional del Estudio Ghibli del maestro Hayao Miyazaki, la película perfecta para entender de qué va la naturaleza y su lastimosa pero sobre todo malentendida relación con el ser humano.

Miyazaki presenta en Nausicaä que los seres vivos somos todos uno. Un universo donde la naturaleza está en guerra contra unos de los suyos: el más inteligente, a su vez el más estúpido, el que está convencido de la monstruosidad de aquello que encuentra fuera de su comprensión.

¿Qué o quién puede restablecer el equlibrio perdido? No diré más. Dejo al lector, si no lo ha hecho, el visionado de una película que, al menos en mi opinión representa una obra manífica, metáfora completa de lo que vivimos en nuestros días, exenta del maniqueísmo tradicional de la animación en Occidente.

Nausicaä del Valle del Viento, de 1984, nos entrega animación adelantada a su tiempo, o mejor dicho, atemporal; poseedora de una belleza francamente espectacular en cada unos de sus trazos, acciones trepidantes, y una invitación a la reflexión profunda sobre nuestro responsabilidad con todo cuanto existe: pistas para el entendimiento, no lecciones de moral.

Hayao Miyazaki, dicen, es el Walt Disney japonés. La comparación es injusta para el hombre graduado en Economía y Ciencias Políticas en Tokyo. Miyazaki escapa de toda relación en términos de animación y discurso con Disney. Pero quizá esto merece otro artículo.

El vídeo que pongo arriba va en idioma original. Mejor así. El mensaje de las imágenes trasciende el idioma, solo hace falta un poco de paciencia y contemplación.

Como es costumbre espero sus recomendaciones en @alanlzd. Hablemos de Anime.

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.