Corría 1997 cuando Reed Hastings y Marc Randolph decidieron montar un videoclub llamado Netflix completamente diferente a lo que se había visto hasta entonces; este no era físico sino que a cambio de una tarifa mensual los cinéfilos podían alquilar vía Internet cualquier DVD del catálogo de la empresa. El modelo resultó ser bastante exitoso y desde entonces Netflix no ha parado de innovar hasta llegar a su gran objetivo hace bastante poco: ofrecer un gran surtido de películas y vídeos --que crece por momentos-- mediante streaming.

El funcionamiento de Netflix es prácticamente igual al de por ejemplo Spotify --el usuario paga una mensualidad por la que obtiene acceso al catálogo de películas y series disponibles vía stream-- y la fórmula ha supuesto para la compañía su verdadera revolución. No lo digo yo sino lo números que traigo bajo el brazo los cuales se han ido publicando en los últimos tiempos en varios sitios de Internet (y antes de plasmarlos es importante aclarar que la compañía solamente opera actualmente en EE.UU y Canadá):

  • Netflix cuenta con más de 23 millones de suscriptores.
  • El 7% de la población estadounidense está suscrita a Netflix.
  • El servicio ya es la mayor fuente de tráfico de datos en Internet en EE.UU.
  • Tienen una colección de DVDs de más de 110.000 títulos.
  • Y cuentan con alrededor de 20.000 títulos disponibles en su catálogo de vídeos bajo demanda.
  • Según estimaciones, al día Netflix sirve unos 5,1 millones de películas y series de televisión.
  • Además de mediante la mayoría de las últimas televisiones con un dispositivo que se conecta a ellas, entre la lista de dispositivos desde los que se puede disfrutar de Netflix encontramos el Apple TV, iPad, iPhone, smartphones Android, Boxee, Google TV, Xbox 360 o la PlayStation 3.
  • Según Nielsen, en enero de este año el servicio se situó entre los diez de EE.UU que más visitantes únicos absolutos recibió con un crecimiento del 15,6% respecto a diciembre.
  • En febrero de 2010, el índice Americano de Satisfacción al Cliente nombró a Netflix como la mejor compañía de comercio electrónico (e-commerce) en el rubro de satisfacción al cliente.
  • Supera en número de abonados a Comcast, el mayor operador de cable de EE.UU (aunque hay que aclarar que Comcast sigue teniendo muchos más suscriptores si se cuentan los clientes que compran servicios de vídeo junto a voz e Internet).
  • En los tres primeros meses del año Netflix facturó 719 millones de dólares (485 millones de euros) lo que representa un incremento del 49% respecto al mismo periodo del 2010.
  • Y tuvieron unos beneficios netos de 60,2 millones de dólares (40,60 millones de euros), casi el doble que en 2010.
  • En el último trimestre Netflix sumó 3,59 millones de nuevos suscriptores de EE.UU.
  • En el último año su número de clientes ha crecido en un 70%.
  • En 2010 el precio de las acciones de Netflix aumentaron un 219%, agregaron 8 millones de suscriptores y obtuvieron unos ingresos de 2 mil millones de dólares.
  • Según estimaciones a finales de este año Netflix llegará a los 30 millones de usuarios.
  • Y generará ingresos por más de 3 mil millones de dólares al año.

Tras ver estos apabullantes números tres claras conclusiones podemos sacar de ellos, esas mismas tres que tantas veces se han repetido ya y muchos magnates del copyright siguen ignorando: que los hábitos de consumo de los usuarios han cambiado y rehuyen los formatos físicos, que la innovación es la única barrera eficaz contra la industrialización de la piratería y que el futuro inmediato para la industria cultural pasa por el streaming de contenidos y la distribución mediante Internet en formatos digitales.

Por otro lado también es cierto que al streaming todavía le faltan bastantes escollos por solventar pero tanto los números de Netflix como otras pruebas (el descalabro de Blockbuster por poner un ejemplo) muestran que quien terminará con el circo del copyright no será la piratería sino las compañías que innoven y aprovechen la tecnología a su favor, de lo que a su vez se desprende por un lado que las leyes sinde que cercenan derechos básicos responden únicamente a intereses industriales muy concretos, y por el otro que la cultura como un todo pasa por su mejor momento histórico porque nunca fue tan fácil hacerla accesible para tantos.