Cuando surgió Diaspora, se hizo toda una revuelta al respecto. La idea de una red social de código abierto capaz de competirle a Facebook era muy ambiciosa, lo que causó que muchos ojos voltearan hacia el proyecto. Por supuesto, hay un gran trecho entre lo que se piensa hacer y lo que se logra hacer. La ejecución dio problemas desde el día siguiente de su lanzamiento y desde ahí no volvió a levantarse de las cuerdas. ¿Se le puede considerar como un fracaso? No: simplemente fue un Ícaro más que alardeó al volar demasiado cerca del Sol.

Ahora el hype regresa con Altly, aunque en esta ocasión, ya somos más precavidos con las expectativas. Nuevamente, es otra red social que se jacta de ser una alternativa a Facebook. Como en Pedro y el lobo, ya no sabemos si creerles bien. Claro, en esta ocasión las condiciones son diferentes.

Detrás de este proyecto está Dmitry Shapiro, mejor conocido por haber concebido Veoh, un sitio de vídeos que en su momento tuvo relativo éxito como alternativa a YouTube. Por lo menos, la experiencia lo valida. Shapiro también viene de ocupar una plaza como ejecutivo en MySpace, que a estas alturas, tampoco es algo que esté tan bien cotizado.

Los argumentos para competirle a Facebook son la misma perorata de siempre --ojo, que no implica no estén bien justificados, pero han sido repetidos ad nauseaum--: que sus controles de privacidad son confusos, que son una multinacional grande y poderosa, que ponen nuestros datos personales en riesgo, entre otros. Shapiro, como tantos emprendedores, impulsa su proyecto con el mantra de ser el primero capaz de hacerle competencia a Facebook. Lo ve como algo natural en el mercado:

No hay alternativas serias en este momento. Para cada Coca-Cola hay una Pepsi, para cada Ford hay un Chevy, para cada PC hay una Mac, para cada Facebook hay... ¡un vacío!

A propósito, quiero rescatar un ejercicio mental que realiza Mark Pendergrast en Dios, Patria y Coca-Cola. En su libro, el autor se pregunta qué pasaría si, de pronto, existiera un producto capaz de competir con el refresco. Nos pide imaginar que alguien saca una bebida al mercado que tiene características parecidas a la Coca-Cola, incluso duplicando el sabor exacto y manteniendo el mismo precio. La pregunta es: ¿por qué tomar el nuevo producto, si la Coca-Cola --con más de cien años de experiencia-- ofrece lo mismo?

En el caso de las alternativas a Facebook, pasa un poco lo mismo. Quieren ser como Facebook, pero no lo son. Porque, como en el mercado de los refrescos, existe un referente al que todos deben acoplarse. Es como sacar una tablet sin compararse con un iPad. No. Las alternativas a Facebook deben mirar hacia otro lado y, ante todo, evitar cualquier relación. Eso lo hizo bien Diaspora: un servicio con otros ideales, otras miras y atendiendo otras áreas de oportunidad. ¿Por qué cayó? Simple, porque decidió medirse con el dominador.

Ésa es la razón por la que Facebook es insuperable en su juego. Es la lección que Altly debe aprender si quiere sobrevivir y no convertirse en uno más de los tantos naufragios. Porque lo que hace grande a un competidor son sus diferencias, no sus similitudes.

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