Es prácticamente imposible derribar la cuarta pared, esa construcción bastante pero bastante más grande que la muralla china sin que parezca que estamos tirando abajo la escenografía de una película de Ed Wood. No es sencillo superar esa construcción que simplemente separa la realidad de la ficción, que nos recuerda que por más metidos que podamos estar dentro de una historia, se trata justamente de eso, una historia que transcurre en un mundo distinto de este. Y discúlpenme, pero es decepcionante. Que a pesar de que estemos inmersos en una partida de rol seamos solamente personajes, separados completamente del mundo real, ya que estamos cambiando un mundo por otro, es decepcionante. Que después de seis temporadas, miles de páginas, sigamos tan separados de aquellas personas por los que nos preocupamos tanto, es una verdadera lástima. Claro que ha sucedido, en alguna que otra ocasión, que un personaje sospeche que es un personaje. El personaje de Will Ferrel en Más extraño que la ficción es un claro ejemplo, al igual que La historia sin fin, en que los personajes de la historia dentro de la historia se reconocen como personajes. De todos modos, nuestra posición sigue siendo pasiva. Estamos hablando de sueños dentro de sueños, historias dentro de historias y código dentro de código; algunos personajes pueden tomar conciencia de su destino, pero a nosotros nadie nos molesta, nadie nos devuelve la mirada.

Hasta que a Grant Morrison, el rey del refrito, le ofrecieran revivir Animal Man, una historieta bastante intrascendente. Claro que la historia tendría lo suyo, pero convengamos que no salía de lo común. Bien, seamos honestos y reconozcamos a Morrison: hasta 1988 Animal Man era un héroe del montón, un personaje menor dentro del vasto universo DC. Morrison decidió cambiar por completo no sólo al personaje sino la narrativa, las historias, el mismísimo mundo en el que vivía Buddy Baker y en el proceso comenzó a tratar temas como vegetarianismo, el cuidado del medio ambiente y los derechos de los animales. La historia ya no era para niños, por más que los poderes de Buddy dejasen mucho que desear (adoptar características de animales con los que estuviera en contacto, con razón nunca fue muy popular...). Pero las ideas de Morrison trascienden completamente cualquier poder que pudiera tener:

Animal Man no es autobiográfico en el sentido estrictamente naturalista de Harvey Pekar, pero todo viene de mí y está afectado por cosas que me han pasado. Animal Man va de hecho sobre mí escribiendo Animal Man, así que es autobiográfico en un sentido inteligentemente posmoderno.

Grant Morrison explora la realidad por medio de sus historias y Animal Man no es una excepción. Al contrario, alejado del realismo tan en boga a finales de los 80, cuando uno más cree que se trata de algo simple el guionista nos está conduciendo al medio del desierto de Arizona, donde Buddy Baker toma Peyote y descubre "una red de incontables campos más pequeños, de planos que guían la formación de átomos en moléculas, células, tejidos, órganos, sistemas". Tras descubrirse como una especie de chamán postmoderno, Animal Man tiene una experiencia que lo sacude completamente. Pero no sólo a él, sino a nosotros, por primera vez. Buddy Baker gira el rostro y con todo el miedo que cabe imaginar, nos devuelve la mirada. Y es un comic, así que la pequeña nubecita blanca nos lo confirma: "Puedo verte!".

Lejos de una alucinación,** la experiencia define al superhéroe**, ya que una y otra vez vuelve a confirmar que de hecho vive dentro de una viñeta, atrapado por los designios de un guionista excéntrico. En medio de la confusión y la desesperación, Animal Man llega a utilizar una viñeta para destruir a un enemigo. La relación ficción/realidad ha quedado completamente desdibujada y nuestro mundo no es más real que el de Buddy Baker, quien se enfrentará al final al mismísimo Grant Morrison, a quien pregunta si es real. ¿La respuesta de Morrison?

¡Claro que lo eres! No estaríamos hablando aquí si no lo fueses. Existías mucho antes de que yo te escribiese y si tienes suerte, seguirás joven cuando yo envejezca o muera. Eres más real que yo.

Señores, es simple: al igual que tantos otros muros, la cuarta pared ha desaparecido y nunca se podrá recuperar, ya que todos (el super héroe que da nombre a la historia y nosotros) hemos aprendido que somos "personajes menores en una historia" pero que podemos superar nuestro estado de simples personajes y espectadores pasivos y participar plenamente del acto creativo y crearnos a nosotros mismos en un par de viñetas. ¿Nosotros mismos nos devolveremos la mirada?

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