Todos hemos escuchado la frase "el pez grande se come al pequeño" aplicada a empresas --sobre todo--, países, flora, fauna... En fin, la frase aplica a sistemas de casi cualquier tipo. Y cuando de animales se trata, llamamos caníbal al que "come carne de otros de su misma especie". Ahora bien, recientes observaciones con el Telescopio Hubble parecen demostrar que las galaxias elípticas son, digámoslo así, caníbales: un provechoso encuentro con galaxias más pequeñas les alimenta vida nueva.

Se sabe que las galaxias elípticas tienen miles de millones de años sin dar a luz nuevas estrellas. También pueden ser el resultado de dos galaxias en colisión. Sin embargo, las imágenes de la galaxia NGC 4150 --ver imagen-- captadas con la Cámara de Gran Angular 3 del Hubble acusan flujos arremolinados de polvo y gas, así como cúmulos de estrellas azules jóvenes --menores a mil millones de años--. Y he aquí lo más revelador: según la evidencia recabada, la mezcla con una galaxia enana provocó el nacimiento de nuevas estrellas.

Sugata Kaviraj, astrónomo de la Universidad de Oxford, habla al respecto:

Creemos que una mezcla sucedida hace como mil millones de años con una galaxia más pequeña, rica en gases, le inyectó a NGC 4150 el combustible necesario para formar nuevas estrellas.

Los astrónomos mencionan que son 10 veces más fáciles de encontrar colisiones entre galaxias muy grandes, que entre galaxias grandes y relativamente pequeñas. Las colisiones entre galaxias gigantes suelen ser más frecuentes de ver porque generan un espectáculo de distorsión espacial, gas y montones de cúmulos de galaxias jóvenes.

Vía: Astronomy | Mail Online

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