Hace unos días comentábamos sobre el ciberataque del gusano Stuxnet hacia una planta nuclear en Irán. El programa, cuyo objetivo era inutilizar las centrifugadoras, resultó ser demasiado virulento, por lo que miles de otras computadoras alrededor del mundo también resultaron infectadas. Aunque el gobierno iraní dijo que el ataque no había tenido éxito, parece que los destrozos provocados por el virus retrasarán hasta 2011 la reinauguración de la planta de Bushehr.

Como respuesta, el ministro de Inteligencia de Irán, Heudar Moslehi, afirmó esta mañana en la televisión local que sus fuerzas han capturado a "varios espías occidentales". A través de su mensaje, el funcionario acusa a Estados Unidos y a Europa de realizar "actividades destructivas en el ciberespacio". Moslehi también mencionó que ya han encontrado una solución para contener al gusano, y que su nación está preparada para lidiar con futuros ataques.

¿Es verdad que el gobierno iraní ha atrapado a los responsables? No lo creo. Al parecer, sólo es una forma de mantener la calma entre la población, pues queda claro que aún desconocen la fuente del ataque. Ante la duda, Irán ha decidido culpar a los de siempre (¡esos malditos occidentales!), en lo que encuentran la manera de reparar los daños causados por el gusano. Es de preocuparse, pues Stuxnet representa una nueva generación de malware, con resultados impredecibles.

Si realmente se trata de un ataque coordinado por alguna nación, se habrá abierto fuego en un escenario desconocido para todos los jugadores. Hasta hace poco, la idea de una ciberguerra permanecía en la trama de las cintas de ciencia ficción. Stuxnet es sólo la punta de lanza. La amenaza está para ser considerada en serio, pues Irán cuenta con el respaldo de Rusia y China. Con Estados Unidos alistando sus defensas desde hace tiempo, algo me dice que lo peor aún está por venir.