Siempre que se hablan de los orígenes de la ciencia ficción se mencionan grandes nombres como Asimov, Arthur C. Clark y Robert Heinlein y, llendo todavía más lejos, a las revistas pulp de las cuales las más importantes fueron, sin lugar a dudas, Amazing Stories, Weird Tales y Astounding Stories. Lo cierto es que en la década del 30 se generó un movimiento bastante importante que dio nacimiento al género como todos lo conocemos. Lo que no es tan conocido es el modo en que el nació. Imagínenlos, unos geeks muy pero muy inteligentes y cultos, apasionados por la ciencia pero también por la literatura y por el futuro. Además, las especulaciones sobre el futuro no sólo eran científicas sino que muchas veces daban lugar a verdaderos estudios sobre la sociedad. Todos estos intereses y preocupaciones estaban a flor de piel en los fundadores del género, que no tuvieron mejor idea que unirse en una asociación.

Los Futurians (así se llamaba) tenían entre sus miembros al genial y ganador de premios Hugo y Nebula Frederick Pohl (quien está por cumplir 91 años de edad), Damon Knight, Donald Wollheim y el mismísimo Isaac Asimov. La particularidad de los Futurians es que, lejos de ser simplemente un grupo de fans del incipiente género, era una verdadera comunidad, al punto de que varios miembros llegaron a vivir juntos en "la casa Futuriana", en la ciudad de Nueva York. Estos hippies tecnológicos, en palabras del escritor cyberpunk Bruce Sterling:

No tenían internet pero sí contaban con el equivalente de su época: mimeógrafos e imprentas personales, que usaban constantemente para generar una enorme cantidad de revistas de ciencia ficción, manifiestos literatios y extraños artículos que se iban pasando de mano en mano.

Además, como queda evidenciado por el estilo de vida que tenían, algunos de los miembros tenían también una activa vida política. Frederick Pohl, socialista, fue miembro durante unos años del Partido Comunista, al igual que Wollheim, pero esto no quiere decir que el propio grupo tuviese una determinada orientación política, ya que el autor James Blish, miembro de los Futurians, coqueteó a mediados de la década con el fascismo, alejándose luego de conocer las atrocidades que estaban cometiéndose en el viejo continente.

Pueden imaginar que fines de los 30 no era una buena época para ser socialista en Estados Unidos. Menos aún, miembros del Partido Comunista con imprenta propia. Así es que, en el año 1939, el Servicio Secreto, alertado por vecinos de la comuna, irrumpieron con armas de fuego en la Casa en la que vivían los Maestros, "preparados para confiscar las imprentas ilícitas y el dinero ilegal". Claro que en lugar de dinero y agentes soviéticos se encontraron con revistas y más revistas de ciencia ficción. En el momento del operativo se encontraba en la Casa sólamente George Hahn, quien debió explicar las motivaciones detrás de la agrupación y su amor por las historias sobre el futuro, robots y alienígenas.

Los miembros de la agrupación se fueron haciendo de un lugar cada vez mayor en la industria literaria y a principios de los 40 prácticamente la mitad de las revistas de fantasía y ciencia ficción eran editadas por miembros de los Futurians. Sin lugar a dudas, los fanáticos del sci-fi les debemos mucho a estos escritores, científicos y verdaderos visionarios que sentaron las bases de todo lo que fue escrito tras ellos.