El presidente de México, Felipe Calderón, anunció hace unos días en su cuenta de Twitter (@presidente_FCH) que le dará "bloqueo automático" a los usuarios que lo insulten. Esta declaración ha causado mucha polémica, pues supondría una violación a los derechos de petición, de información y de libertad de expresión de los ciudadanos. Incluso existen juristas que instan a los usuarios bloqueados a que presenten una denuncia para sentar un precedente.

¿Es válido que un mandatario bloquee a sus ciudadanos por tratarse de una cuenta personal? ¿Hasta dónde se termina la investidura presidencial? El detalle radica en que Felipe Calderón no se presenta como una persona normal, sino que ostenta su cargo. Después de todo, el uso que le da el presidente a su Twitter es para dar a conocer primicias de su gobierno, responder dudas de los ciudadanos, o anunciar actos oficiales y actividades de trabajo.

En este sentido, la cuenta funciona como un canal de comunicación directa con el presidente. Para Sergio Méndez Silva, abogado en Derechos Humanos, mandarle un tweet a Calderón equivale a que en un acto público, una persona se le acerque y le dé una carta. Por esta razón, un bloqueo de usuario sí representa una violación a los derechos individuales del ciudadano, y también constituye un acto de discriminación.

¿Es demasiada quisquillosa esta reacción? ¿En qué nos afecta que el presidente no quiera leernos? Existen reacciones que minimizan esta acción comparándola con los viejos tiempos en que la disidencia política significaba cárcel. Estoy de acuerdo que no se compara, pero malo que siguiéramos en las mismas condiciones. Señores: no porque antes estuviéramos peor significa que ahora estamos bien. Una censura menor sigue llamándose censura.

En lo personal, aplaudo que Felipe Calderón haya abierto una cuenta de Twitter para estar en contacto con él o enterarse de primera mano de muchas de sus actividades. Sin embargo, no es válido que sólo quiera escuchar lo que quiere (ya hasta parece artista pop) y no soporte ciertas opiniones de sus seguidores. Los insultos que recibe no son más que el reflejo de la opinión pública respecto a muchas de sus políticas de Estado. Si quiere oír lo que su pueblo opina, que se atenga a todas las voces, no sólo a las que le convienen.