Windows 7 fue, sin lugar a dudas, un éxito de ventas, pero no podía ser de otro modo: Microsoft lanzó al mercado un sistema operativo que debía suplir algunos de los enormes defectos de Windows Vista con el objetivo de que sus usuarios dejasen de utilizar un sistema operativo de hace prácticamente diez años que instala por defecto el navegador web Internet Explorer 6. ¿Y además, cuánto gastaron en marketing? Más de lo que ha gastado la Linux Foundation en toda su existencia y lo que ha gastado Apple en varios dispositivos juntos, seguramente. Pero el hecho es que fue un éxito. Punto. Y cuando parecía que la situación de Microsoft estaba mejorando, anunciaron de un día para el otro que dejarían de vender el Kin, tan sólo seis semanas luego de que fuera anunciado el dispositivo. De todos modos, el "dejarían de vender" puede ser simbólico, pues en ese lapso de tiempo sólo habrían vendido 500 unidades.

El equipo encargado del Kin fue la compañía Danger (quienes habían desarrollado previamente teléfonos para T-Mobile), compañía adquirida por Microsoft en el año 2008 con sólo ese objetivo. En su momento la idea no sonaba nada mal: crear no un smartphone sino un dispositivo social, pero ocurre que el gadget estuvo dos años en desarrollo . Un comentario de un empleado del equipo da una imagen bastante clara sobre qué fue lo que no funcionó:

Es cierto, el equipo que quedó de Danger no está siendo del todo profesional ni estamos mostrando algunas de las cosas interesantes que hacían de Danger una buena compañía. Pero la razón es nuestro desgano colectivo, producto de trabajar en un lugar tan venido a menos. Nos tomamos largos descansos y lo único que hacemos en la sala de conferencias es decir cosas como "¿Puedes creer que quieran que hagamos esto?" o "¿Escuchaste que no va a haber YouTube al final?", "¿Puedes creer lo mal que está siendo manejada la compañía?".

Por favor, entiendan que pasamos de ser una organización extremadamente funcional y apasionada a ser una compañía disfuncional en que las decisiones son tomadas por razones políticas en lugar de lógicas.

Leyeron bien, esos comentarios fueron hechos por un empleado actual de Microsoft en el blog Mini-Microsoft. En un comentario de la misma entrada, otro empleado anónimo dijo:

Mi moral está más baja que nunca.

Millones de dólares desperdiciados en el Kin, 500 unidades vendidas y un enorme terreno perdido en el sector móvil. Todo lo que oigo sobre Windows Phone es negativo y los managers bajan los hombros como si un desastre no fuese nada importante.

Cada vez son menos, muchas menos las renovaciones de contratos y no estamos consiguiendo buenos nuevos negocios. No tengo fe alguna en los ejecutivos (Ballmer, Turner, Ozzie, Brummel), pero tampoco veo ninguna otra persona que pueda entrar y tomar las decisiones difíciles y tomar un necesario nuevo rumbo. Claro, a no ser que vuelva Bill Gates, pero aún así no sé si él sería capaz de cambiar el camino.

Las acciones están bajando y no están bien posicionadas, mientras estamos en una profunda recesión. Esto tampoco, sin embargo, parece no importarle a los dueños.

No debe ser un buen momento para trabajar en Microsoft y como si fuera poco, ha anunciado una nueva serie de despidos (que no deberían llegar a los casi 6.000 efectuados el año pasado). Lo curioso es que los empleados parecen preferir ser despedidos a que seguir trabajando en la empresa. Un empleado del departamento de marketing que acaba de ser despedido dijo sentirse "liberado" de no tener que seguir en el gigante de Redmond. Una falta total de liderazgo y una burocracia kafkiana parecen ser los principales problemas de una compañía que, dicen sus empleados, se encuentra completamente desconectada de sí misma.