Una de las características que hicieron tan populares a Internet fue la posibilidad de acceder a un número virtualmente ilimitado de información al instante. Pero ese instante no siempre resultó tan literal en cada rincón: buscadores como Google siempre funcionaron con su propio archivo de la web, que se actualizaba horas y hasta días después que los sitios originales. Las páginas de Internet necesitaban que las actualicemos manualmente desde nuestro navegador para mostrar los últimos contenidos. Otros servicios que en lógica deberían ser instantáneos, como el correo electrónico, también se nutrieron mucho tiempo de intervalos para chequear la presencia de correos nuevos con el servidor.

Hoy en día, las ampliación de las posibilidades tecnológicas está cambiando este paradigma, y los servicios y aplicaciones web están cada vez más atentos a satisfacer la necesidad del usuario al instante. Lo que en apariencia parece un gran paso hacia una mejor experiencia en Internet, puede también traer sus complicaciones encubiertas y debatir la necesidad de mezclar dos mundos que convivieron juntos pero separados durante mucho tiempo: los contenidos sólidos (largos, elaborados, atemporales) con los contenidos blandos (cortos, desestructurados, instantáneos).

El ejemplo más cercano que tenemos es el de Google, quien recientemente adoptó un nuevo motor de búsqueda llamado Caffeine, cuya principal diferencia es su capacidad de nutrir su índice mucho más rápido y de fragmentos más pequeños de la web, logrando resultados más actualizados, en tiempo real en muchos casos. El problema que percibo con esta nueva práctica es que un resultado más actual no implica que sea más relevante, por lo que si realizamos una búsqueda sobre un tópico popular, encontraremos los artículos que han sido procesados y categorizados con el tiempo, sumados a los nuevos contenidos provenientes de redes sociales como Twitter que no recibieron esta valoración por parte del buscador, y sólo están ahí por coincidir en las palabras clave, un modelo de búsqueda del cual Google se alejo hace mucho muho tiempo para no tener los problemas de spam que sufrían otros, como Altavista.

En el caso del correo electrónico, la tecnología que se impone es el push combinado con el protocolo IMAP, lo que da como resultado que clientes como GMail reciban los últimos mensajes directamente empujados desde el servidor, sin tiempo de espera. Aunque es una tecnología admirable y eficiente, es el infierno de la productividad si no sabemos controlar la urgencia por chequear el correo, y debemos moderar nuestra conducta para impedir que esta constante ola de comunicación nos ahogue. Ni hablar de Google Wave.

Otros sitios de la web están implementando soluciones en JavaScript como APE o protocolos como PubSubHubbub para lograr notificaciones instantáneas, como es el caso de Google Reader, que en lugar de los habituales 20 ó 30 minutos que tardaba en agregar un artículo nuevo, ahora lo hace casi en tiempo real y mientras leemos los otros. Esto, sumado a la implementación de lo que Digg inició y hoy se conoce como Spy, representa una catarata de información constante cayendo sobre nosotros, y cuya relevancia es marginal en algunos casos.

En conclusión, no pretendo ser retrogrado, pero me parece que este es un caso concreto donde el podemos supera al queremos, y estamos siendo presa de los avances tecnológicos y la constante sobrecarga de contenidos, sin espacio para analizar la dirección hacia donde queremos ir. El foco en los contenidos, que Google siempre defendió, hoy se está moviendo a favor de la fecha, y lo importante es entregar todo ayer, en lugar de mejor.

Fotos: Impact Labs, Google