Seamos realistas, vivimos en una sociedad enamorada del concepto de multiverso. Más que nada porque con los años y el consumo desmesurado de ficción especulativa nos hemos ido volviendo más y más exigentes, y buscamos mayor complejidad en las series, películas y novelas que leemos. Incluso ha transpirado al imaginario popular con frases hechas como «¿Ah, sí? ¿En qué universo paralelo?». Pero, ¿existen realmente los universos paralelos? ¿Están poblados por doppelgängers perversos muy parecidos aunque no exactamente iguales a nosotros?

En io9 se lo han preguntado a su físico residente, el doctor Dave Goldberg, y como quiera que io9 es un blog de ciencia ficción, las cosas iban por el terreno de las aplicaciones en el mundo real. La respuesta, asombrosamente larga y asombrosamente compleja, por lo menos para los legos en la materia (como yo) se resume rápidamente así: no os molestéis en ir por la calle buscando un doble vuestro con perilla o el pelo teñido de rojo, porque por lo que sabemos, incluso si existe es muy improbable que venga de visita.

La cuestión es que podemos hablar de tres niveles de multiversos—en realidad de cuatro, pero el cuarto nivel no lo explica. El primer nivel es el más aburrido, y, ¡oh sorpresa!, también el único cuya existencia está garantizada. El tema es que hay regiones del multiverso que, si bien parten del mismo origen que la nuestra, están tan sumamente alejadas que es físicamente imposible que tengan absolutamente ninguna influencia sobre la nuestra. Por lo tanto serían, en la práctica, universos distintos, aunque por supuesto con una estructura esencialmente idéntica al nuestro: las mismas dimensiones, la misma física, el mismo tiempo. La cuestión de los dobles se resolvería con una cuestión de simple probabilidad: si es lo suficientemente grande, habrá dobles. Vamos, los infinitos monos escribiendo Shakespeare.

La segunda posibilidad es un multiverso en el que todos los universos proceden del mismo suceso, lo que nosotros llamamos Big Bang, pero no estén separados simplemente por distancia, sino que sean estrictamente universos distintos. Esos universos distintos podrían tener leyes de la física distintas, o electricidad distinta, o sutiles variaciones en las constantes que nosotros hemos observado. Sin embargo, esas sutiles diferencias serían precisamente las que harían sumamente improbable la presencia de William Bell en una versión paralela de las Torres Gemelas.

Si realmente hay un multiverso de nivel 2, con universos cada uno con leyes de la física distintas, esos universos no se parecerían demasiado al nuestro. [...] Sin humanos y probablemente sin vida ni estructuras complejas en absoluto. Resulta que la física necesita estar muy ajustada para que ocurran cosas como las estrellas, o los elementos pesados, y la mayoría de universos simplemente no servirían.

La tercera posibilidad, y la favorita de autores y lectores de ciencia ficción por igual, es la interpretación de los múltiples mundos. Según ésta, y simplificando mucho, cada vez que un suceso puede ocurrir de dos formas distintas —a nivel cuántico—, realmente ocurre de las dos formas, provocándose una escisión en el universo, que se convierte en dos: uno en el que la cosa ha ocurrido de una forma y otro en el que ha ocurrido de la contraria. Precioso. Ahí si que tenemos Londres con dirigibles en 2010, o un mundo en el que los chinos colonizaron América, o, o, o...

El problema de este tercer nivel sería precisamente el grado de variación. El efecto comúnmente conocido como efecto mariposa significaría que las variaciones más nimias causarían diferencias descomunales a largo plazo, de modo que sólo podríamos encontrarnos con universos parecidos a los nuestros si hubieran divergido muy recientemente. Y eso en el hipotético caso de que supiéramos cómo cruzar, aunque la ciencia nos dice a día de hoy que no es que no sepamos: es que es imposible.

Por desgracia la ciencia actual nos dice que incluso si existe el multiverso debería darnos básicamente igual, porque nunca va a afectar a nuestras vidas en nada. Sin embargo nosotros podremos seguir disfrutando libremente de nuestras Crisis en Tierras Infinitas y demás frivolidades multidimensionales, porque al fin y al cabo, que no era muy riguroso científicamente lo sospechamos desde un principio.