Del imaginario de Constant al concepto de economía colaborativa
La idea de Constant sobre cómo sería Amsterdam

Constant, un artista holandés que vivió los años más duros del siglo XX, creó de cero un modelo alternativo de sociedad en que existirían otras formas de pensar y de vivir. Si bien "Nueva Babilonia" fue considerada desde el principio como una visión utópica, sin quererlo, podría haber sentado las bases de lo que sería la economía colaborativa, más por forma que por concepto.

De la economía colaborativa se ha hablado, y mucho, durante los últimos años. Airbnb, Car2Go, BlaBlaCar... cientos de startups se han sucedido bajo el amparo de este término, y las que aún están por llegar. Y muy lejos ha llegado desde que este concepto fuese acuñado por primera vez, y en este caso sí como definición al uso, por Rachel Bostman en 2011, en su libro "What's Mine Is Yours: How Collaborative Consumption is Changing the Way We Live". Al final de todo esto, la era de la economía colaborativa ha supuesto un cambio cultural en el que se está pasando de una sistema de propiedad y de tenencia a una economía de acceso.

Constant

La creación de un concepto... con un pequeño error de cálculo

Constant basó la creación de esa nueva sociedad utópica en la arquitectura, pese a no tener nociones en esta materia. Pensaba que su misión final en el mundo era la de crear, ya luego otros más experimentados en el campo de la construcción se encargarían de llevarlo a cabo y encontrar las soluciones a sus complejos, a la par que simples, sistemas de organización. Como él mismo decía: "soy un mero provocador y me limito a hacer sugerencias". Sugerencias, que sin premeditación, se han tomado en parte por un sistema de empresas que buscar compartir los recursos económicos.

Nuestro amigo Constant tenía una visión del futuro, nuestro presente, bastante diferente a la realidad, nuestra realidad. Muy en consonancia con su vocación de artista esta se basaba en la libertad como esencia: el ser humano se habría liberado completamente de su obligación de trabajar para sobrevivir, también de las ataduras familiares y de las responsabilidades cívicas, aunque estas dos últimas no vienen al caso en este momento. Las máquinas, en su concepto más amplio, habrían sufrido tal evolución, gracias a nuestro desarrollo tecnológico, que estarían en disposición de realizar todas esas molestas tareas que nosotros debemos llevar a cabo cada día, estando estas a nuestro completo servicio y, por lo tanto, podríamos estar en disposición de dedicar nuestra vida a "jugar" y a compartir.

Para Constant, las ciudades aisladas dejarían de existir y todo sería una única ciudadEn este contexto, el concepto de economía colaborativa no tendría cabida puesto que, de hecho, en la sociedad de Constant no existe la economía como tal. Pero recordemos que el quería llegar un paso más allá, y nuestra realidad ha ido tomando aspectos relevantes de ciertas cuestiones que nos han interesado. Lo importante para él era el concepto de compartir.

En su ideario de ciudad del futuro habríamos de partir de una base: nada de lo que conocemos ahora nos sirve; hay que acabar con lo antiguo para dar paso a lo nuevo. Adiós Torre Eifel, arquitectura románica o cualquier cosa antigua. Un eslogan muy aplicable al tipo de economía al que nos referimos. Constant diseñó un complejo y amplio laberinto de habitáculos, que se situarían encima de las antiguas y desaparecidas ciudades, transformando el mundo entero en una sola red conectada. La vida se desarrollaría entorno a una serie de áreas colectivas, sin habitáculos diferenciados, sin propiedad privada e individualismo; cuestiones totalmente superaras para él. Radicalismos aparte, son varios elemento muy de startups y de economía colaborativa. Al final, con todo esto se conseguiría una cosa importante: libertad de ir donde se quiere. ¿Imaginas ir desde Holanda hasta Madrid en una sola ciudad conectada?

Geraldo Cid juntó varias redes de mapas del mundo siguiendo el ideario de Constant, haciendo una ciudad única al menos bajo tierra.

Ni que decir tiene que todo esto ha quedado en mero arte, rechazado por los sistemas tradicionales y entrando en conflicto con el simple concepto de propiedad privada. Quizá con rasgos ciertamente comunistas pero que, en cualquier caso, utiliza para compartir elementos de la vida. el error de cálculo es obvio, ni los avances tecnológicos han alcanzado ese punto, de momento, los sistemas políticos y sociales no están en disposición de perder su estatus y las ciudades son las que son. Pero, también estamos viendo el cambio en los modelos productivos, en los que la propiedad privada ya no es el primer paso para nada, pese a que esa misma tradición es la que también está rechazando los nuevos modelos de gestión: con el ejemplo de Airbnb en Barcelona. No son ciudades conectadas, pero por algo se empieza.

Para Constant, cualquier restricción a la libertad de movimiento, creación del estado de ánimo y la atmósfera, tiene que ser evitada. Todo tiene que seguir siendo posible, todo está por suceder, el medio ambiente tiene que ser creado por la actividad de la vida, y no a la inversa. También nos suena de algo.

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