Outlander, basada en la obra del mismo nombre de Diana Gabaldon y ahora en su sexta temporada, tiene una ilustre reputación televisiva. Una que se sostiene sobre su respeto al material original y haber creado un universo particular magnético y conmovedor. Como si eso no fuera suficiente, esta narración que mezcla viajes en el tiempo, magia, amor, un cuidado recorrido histórico y crueldad es de una delicadeza asombrosa. Durante sus capítulos más intensos, marcó un hito en las series de su estilo en la televisión de la última década. En sus puntos bajos, demostró que puede resistir de una forma u otra, la inevitable erosión de su premisa. 

La temporada cinco de Outlander fue una de las más duras y una prueba de fuego para la solidez de la serie. No solo debió atravesar la muerte de un personaje importante en la trama, sino la violencia contra otro. Ambas circunstancias sacudieron los cimientos de la trama y pusieron al show en medio de un debate incómodo. ¿Era necesario maltratar de una manera tan brutal a uno de los pilares de la serie? ¿Hasta qué punto la serie podía soportar un aumento exponencial de la violencia? Outlander es sin duda una adaptación inteligente de una aventura histórica convertida en sublimación épica. A la vez, una narración en la que la producción ha cuidado el centro motor de lo que ocurre: el amor. ¿Parece sencillo? No lo es tanto.  

De modo que la temporada cinco sorprendió, desconcertó y sacudió a los fanáticos. ¿Qué podría esperarse de la temporada seis de Outlander? ¿Cómo lidiará la serie con los conflictos aparejados a sus traumáticos sucesos? Y lo que resulta más preocupante: ¿cómo afrontar el inevitable desgaste de la historia? Porque a pesar que la obra de Diana Gabaldon sigue creciendo en papel y se anuncia un spin off de la adaptación, Outlander tiene un universo propio. Uno en el que ha ocurrido prácticamente de todo y comienza a necesitar una nueva percepción de sus puntos centrales. ¿Lo hace la sexta temporada?

Una vuelta a lo sencillo en la sexta temporada de 'Outlander'

Para su sexta temporada, Outlander toma la inteligente decisión de volver a sus elementos esenciales. Y lo hace construyendo la historia alrededor de Fraser’s Ridge, además de enfocar su atención en Claire y Jamie (Sam Heughan). Para sus nuevos episodios, Outlander olvida — o trata de hacerlo — el mundo exterior y se concentra en sus personajes. ¿Funciona? Lo hace en la medida en que logra instrumentar esa vuelta de tuerca después de una temporada especialmente cruenta. El cambio es inteligente y sostiene el hecho de que sin duda este es un argumento en el que el amor lo es todo.

De modo que la sexta temporada de Outlander brinda especial mimo a sus personajes principales. Una mirada acertada cuando la pareja es el centro medular de la historia. Es el amor entre ambos, la devoción, la fidelidad y la innegable atracción física, lo que permite que la serie continúe conservando su personalidad. Eso, a pesar de que Jamie comienza a envejecer — y el argumento hace énfasis en el tema —  y el pueblo se convierte en un espacio silencioso de paz. Claire lucha contra las secuelas de la durísima experiencia que vivió, pero también recuerda por qué es su presencia es fundamental en el programa. 

Balfe otorga a su personaje una nueva vitalidad a pesar de las heridas — invisibles y visibles —, toda una cualidad poderosa que se agradece. Todo mientras el sentido del tiempo cambia con lentitud y se hace cada vez más elocuente.

Es notorio que la sexta temporada de Outlander tiene problemas para unir algunas piezas en los conflictos principales, pero tiene la delicadeza suficiente para crear una narrativa convincente. Finalmente, se revela lo ocurrido con Ian (John Bell), sobrino de Jamie y el guion logra que la información encaje en el extraño fluir temporal de la serie. Un punto conveniente e inteligente, que Outlander aborda con un pulso preciso que sorprende por su ingenio. 

Por supuesto, el vínculo de lo que vivió el Ian se vincula también a Jamie y su “presente”. La sexta temporada de Outlander, que hasta ahora ha jugado con enorme habilidad con líneas temporales e ideas complejas sobre la metáfora de la vida, lo hace de nuevo. Solo que en esta ocasión todas las historias transcurren en cierto estrato íntimo. Una especie de versión mesurada de las grandes aventuras del pasado y en especial, el asombro por un futuro que se define a cada paso desde una percepción emocional.

Y al final, tras la tormenta sopla en calma 

Para sus primeros capítulos, la sexta temporada de Outlander parece sostener la idea de que la serie crea una necesaria pausa de lo ocurrido en la anterior temporada. ¿Cuánto de conveniente es algo semejante para una historia basada en sus momentos más intensos? Por ahora hay algo profundamente nostálgico y dulce en el hecho que la sexta tamporada de Outlander haya regresado a los espacio de las historias de amor y los vínculos sinceros. Sin duda, solo es la antesala de algo sin duda más cruento. Pero también es una forma de apreciar lo esencial de una serie que sobrevive incluso a su declive.