Dicen que el dinero no da la felicidad, pero mucha gente no está de acuerdo con esta afirmación. En realidad el dinero solo es un factor más entre todas las cosas que nos pueden hacer felices, pero ¿es cada vez más importante para sentirnos bien?

No es la primera vez que se habla sobre este asunto y, probablemente, tampoco será la última. Estamos ante un tema controvertido y más complicado de lo que uno pueda imaginar. Sabemos, tal y como apunta en The Conversation Jean Twenge, profesora de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, que varios estudios corroboran que el dinero sí da la felicidad. Hasta los 66.398,71 euros anuales (o 75.000 dólares anuales), cuanto más aumentan los ingresos, más feliz se es. Sin embargo, a partir de esa cifra, no hay diferencia alguna entre ganar mil dolares más o diez mil.

Twenge y otro compañero, decidieron realiza también su propio estudio. Por ello, analizaron la relación entre el dinero y la felicidad en 40.000 estadounidenses de más de 30 años. Y lo que han encontrado es que ahora hay una «relación más profunda entre el dinero y la felicidad», cuenta.

La encuesta realizada abarca cinco décadas, de 1972 a 2016, por lo que los investigadores pudieron ver «si el vínculo entre el dinero y la felicidad cambió con los años«. Y el resultado es que «hoy, el dinero y la felicidad están más estrechamente relacionados que en el pasado», indica Twenge. «Parece que el dinero compra más felicidad que antes», añade.

Dinero, felicidad y nivel educativo

«Entre los estadounidenses blancos en la década de 1970, los adultos con y sin título universitario tenían la misma probabilidad de decir que estaban «muy felices» y eran alrededor del 40%», indica Twenge. «Pero en la década de 2010, había una brecha educativa en la felicidad: solo el 29% de los que no tenían un título dijeron que estaban muy contentos, en comparación con el 40% de los que tenían un título. Lo mismo sucedió con los ingresos: la diferencia de felicidad por nivel de ingresos creció de manera constante desde la década de 1970 hasta la de 2010«, explica.

En el caso de la felicidad de las personas afroamericanas con más educación e ingresos, aumentó de la década de 1970 a 2010. En cambio, comenta la autora del estudio, la felicidad de las personas con menos educación e ingresos se mantuvo estable durante ese mismo tiempo. «Por lo tanto, hay una pequeña brecha de felicidad por nivel de ingresos en la década de 1970 se convirtió en una brecha mayor en la década de 2010 para los afroamericanos».

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Tras la crisis, la relación con el dinero cambia

Si hay que buscar un por qué a esta tendencia, puede ser en parte por la brecha económica que ha surgido en Estados Unidos tras la crisis, apunta Twenge. «Probablemente hay muchas razones para estas tendencias. Por un lado, la desigualdad de ingresos ha crecido: los ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han empobrecido más», sentencia.

Pero también el hecho de estar casado puede ser un efecto importante, ya que «las personas casadas son más felices en promedio que las personas solteras». «Las tasas de matrimonio también pueden explicar parte de la tendencia. En la década de 1970, estas tasas apenas diferían según la clase, pero ahora las personas con más ingresos y educación tienen más probabilidades de casarse que las que tienen menos», concluye la psicóloga.

En definitiva, el dinero cada vez nos da más la felicidad, pero sigue unido a otros factores como el nivel educativo o tener una pareja. Tras la crisis, las desigualdades en Estados Unidos, al igual que en España, se hicieron más visibles. Y este puede ser un motivo que explique el cambio de relación con el dinero. Ahora, los salarios son más bajos y la gente sigue teniendo los mismos gastos básicos. Algunos incluso tienen que pluriemplearse, por lo que queda poco tiempo para disfrutar del resto de cosas que nos hacen felices.

¿Y qué es lo que nos importa al final? El dinero. Porque es lo que necesitamos para (sobre)vivir.

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