– Feb 20, 2019, 10:00 (CET)

Soy alérgico a los gatos, ¿qué hago con mi mascota?

Aunque la solución perfecta sería no tener contacto con ellos, para algunas personas sus gatos son su familia, por lo que vale la pena conocer otras opciones.

Hoy es el Día Internacional del Gato, ese gran amigo que nos acompaña, pero sin agobiarnos, nos da cariño, pero dejándonos espacio, y es una fuente incansable de ronroneos, mimos y, en algunas ocasiones, estornudos. Y picor de ojos, lagrimeo, moqueo… ¡hasta asma!

Según un estudio publicado el año pasado en Allergy, Asthma and Clinical Immunology, la prevalencia de la sensibilización a los alérgenos de los gatos ha aumentado en los países occidentales en los últimos años a un 10%-30% de la población. Cada vez son más las personas que manifiestan los síntomas antes mencionados al visitar a ese familiar o amigo que comparte su vida con un amigable felino. O, lo que es peor, son precisamente los que viven con los gatos los que empiezan a desarrollar la alergia. ¿Qué se pueden hacer en esos casos? Para responder a esta pregunta en Hipertextual nos hemos puesto en contacto con Ignacio Jesús Dávila González, jefe del servicio de alergología del Hospital Universitario de Salamanca y profesor titular de la facultad de medicina del mismo centro.

¿Cómo puedo saber si soy alérgico a los gatos?

Por lo general, suele ser fácil detectar esta alergia. “Normalmente los pacientes lo suelen relacionar, porque lo notan cuando están en casa con los gatos y cuando están fuera no”, explica Dávila al otro lado del teléfono. ”Hay pacientes a los que les sucede cuando van a casa de personas con gatos, en ese caso la reacción es inmediata y lo notan enseguida. Otros que están más en contacto, por vivir con uno, no lo perciben tan fácilmente o no quieren hacerlo, porque hay una dependencia afectiva con los animales”.

Aunque el abanico de síntomas es muy variable, por lo general la alergia se suele manifestar a través de estornudos, secreción nasal, mucho picor de nariz y sintomatología ocular, como lagrimeo, picor o hinchazón. En los casos más intensos puede dar asma, que cursa con opresión del pecho, tos, sibilancias y fatiga. “Algunos pacientes también tienen lo que se llama urticaria de contacto; es decir, al acariciar al gato se pone roja la piel o les sale un habón. Además, cuando les arañan un poco se produce más hinchazón que en otras personas”.

¿Qué pasa si no quiero desprenderme de mi gato?

La mejor forma de solucionar un caso de alergia a los gatos, es evitar el contacto con ellos, por lo que si tenemos uno como mascota lo más eficaz sería sacarlo de casa. Sin embargo, para muchos sus gatos forman parte de su familia. ¿Cómo desprenderse de un familiar por una simple alergia? Por otro lado, como ha contado Dávila a este medio, en otras ocasiones no se trata de lazos afectivos, sino profesionales. Es el caso de los veterinarios, que también pueden desarrollar alergias, pero no por eso dejan de atenderlos en consulta.

Para estas personas hay algunos “trucos” que pueden no funcionar al cien por cien, pero al menos minimizan los síntomas. Para empezar, hay que reducir el contacto en la medida de lo posible: “Las personas que viven con gatos deben evitar que el animal entre en el coche y también en el dormitorio, pues es una zona de la casa en la que pasamos muchas horas”, aclara el alergólogo de la Universidad de Salamanca. “También se debe lavar con más frecuencia la ropa, así como cambiarla después de estar en contacto con el gato, limpiar las alfombras regularmente y también lavar al animal más a menudo”.

Por otro lado, existen ayudas farmacológicas. “Se pueden administrar antihistamínicos, corticoides bronquiales o inhaladores, entre otros medicamentos. Además, existen vacunas que funcionan de una forma variable, dependiendo de la respuesta de cada individuo”. En general, según narra el especialista, esta opción es buena para personas que tienen contacto esporádico con gatos, pero no viven con ellos. Por ejemplo, si tenemos un familiar al que visitamos con frecuencia que vive con uno de estos animales, puede ayudar a reducir los síntomas. Sin embargo, en caso de contacto mucho más regular la eficacia no suele ser tan buena.

Finalmente, también se puede tratar de reducir la capacidad del gato para generar alergia, administrándole una espuma que evita que los alérgenos se esparzan.

¿Hay un gato perfecto para alérgicos?

Quizás no haya aún ningún gato en casa, pero queramos tener uno, aun sabiendo que somos alérgicos. ¿Hay alguna opción mejor en estos casos?

“No está claro que haya gatos mejores en este sentido”. Sí que se sabe que algunos producen menos Fel D1, una proteína conocida por ser el principal alérgeno generado por todos estos animales. Al contrario de lo que muchos piensan, no se produce en el pelo, sino en otras partes como la piel y principalmente en las glándulas sebáceas, salivares y perianales. Se sabe que los machos producen una mayor cantidad de esta proteína que las hembras y que si están castrados generan más o menos lo mismo que ellas. “De todos modos, en el caso de las hembras esta concentración varía en función de su ciclo hormonal”, aclara Dávila.

También se ha intentado obtener gatos modificados genéticamente que no fabriquen esta proteína, pero ni siquiera de ese modo se obtendrían animales totalmente hipoalergénicos, ya que Fel D1 no es el único alérgeno generado por estos felinos. “A veces lo son otras moléculas, como las albúminas o las lipocalinas”. Otro factor importante a tener en cuenta es que, si bien estos gatos modificados genéticamente no tienen pelo, eso no significa que sirva de nada rapar a los animales para evitar la alergia.

Por lo tanto, decir adiós a nuestra mascota es la mejor opción curativa si padecemos alergia a los gatos. Sin embargo, despedirse de un amigo no es fácil, por lo que vale la pena probar cualquier opción que ayude a reducir los síntomas. Si ninguna de ellas funciona, siempre nos quedará dejarlo al cuidado de un familiar e ir a visitarlo regularmente. En ese caso, sí que podría ser suficiente con ponernos una simple vacuna. Al final siempre nos salvan las vacunas.