Está por todas partes, en cada rincón de Internet; lo escriben nuestros amigos en las redes sociales y nos lo lanzan a los ojos los medios de comunicación: si se refieren a los años 80 del siglo pasado, tan en boga por la multitud de productos culturales como películas y series de televisión que crean para sacar provecho artístico o económico de nuestra nostalgia, incluyen en esa década el año 1980 y no 1990. Nada más normal, diréis; y no os extrañó en absoluto el bombardeo de artículos de prensa a finales de 2009 en los que se proponían listas de lo mejor o lo más destacado de la última década; ni todavía que la Wikipedia santa asegure, por ejemplo, que “los denominados años 90 comprenden la década del 1 de enero de 1990 al 31 de diciembre de 1999”.

Si os gusta el cine, no os parecerá raro que IMDb señale a Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990) como uno de los filmes más populares de los naintis o, sí, que las estadísticas sobre las votaciones de los usuarios de Filmaffinity y la información de premios como los Oscar ciñan las décadas con los años acabados del cero al nueve. Y no os choca porque, a muchos niveles, la realidad es contraintuitiva, pero se trata de un error a todas luces: las décadas empiezan a contarse desde los años terminados en uno y concluyen en los que acaban en cero. Es una suma elemental teniendo en cuenta que, precisamente, no existe el año 0 histórico: del año 1 antes de la era común se pasó al 1 de dicha era. De lo contrario, la década inicial de su primer milenio sólo habría tenido nueve años, y eso es inaceptable matemáticamente y según la definición de ‘década’.

contar bien décadas
Filmaffinity

Si tomamos la iniciativa de buscar informaciones sobre este asunto, en el Diccionario Panhispánico de Dudas podemos leer lo que sigue: “Los términos década y decenio significan, ambos, ‘período de diez años consecutivos’; pero mientras que decenio se usa para designar el período de diez años comprendido entre dos años cualesquiera, década designa en especial el período de diez años referido a cada una de las decenas del siglo (años diez, veinte, treinta, etc.)”. Y continúa: “En cuanto a las diez décadas de cada siglo, cada una de ellas comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0; así, la primera década del siglo XX es la que va de 1901 a 1910; la segunda, de 1911 a 1920; la tercera, de 1921 a 1930, etc.”

El problema radica en que la bola del despropósito antimatemático, que como mínimo habría que considerar alusiones a decenios y nunca a décadas —¿y para qué?, de todos modos—, hace muchísimo tiempo que llegó hasta el punto de que había que dar cuenta de que existe como fenómeno por pura y simple honestidad intelectual. En el mismo Diccionario Panhispánico de Dudas dice a continuación: “Es habitual utilizar expresiones como los años veinte, la década de los treinta, los cuarenta, etc., referidas a los decenios que comprenden los años de cada siglo que tienen la misma cifra en su decena; así, la expresión los años veinte alude conjuntamente a los años comprendidos entre 1920 y 1929, ambos inclusive”.

Lo que ocurre es que, por lo visto, nos resulta difícil relacionar sin reflexión los años que lucen “el número” de la década siguiente con la anterior: por ejemplo, 1990 con los años 80, cuando es el último de los mismos, o el 2000 con el siglo XX, que es con el que este concluyó, iniciándose el actual en 2001. Pese a una obviedad de este calibre, hay quien justifica la consideración errada de las décadas por la generalizada convención social al respecto y, sin embargo, lo que podemos decir sin duda alguna es que se trata de un error convencional. Y, si no nos esforzamos ni tan siquiera por defender el rigor de las matemáticas, es decir, el científico, con cuestiones de números, lo del indiscutible uno más uno, igual a dos, ¿en qué materias se supone que vamos a ser rigurosos? ¿No sabemos ni contar hasta diez?

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