En febrero del año 2000, el cineasta inglés Danny Boyle (Slumdog Millionaire, Steve Jobs) estrenó en medio mundo el conocido largometraje La playa, con libreto de John Hodge, la adaptación de la novela homónima de su paisano Alex Garland, quien luego escribió entre otros los guiones de 28 días después (2002) y Sunshine (2007), las dos de Boyle, y ha dirigido Ex Machina (2014) y la reciente Aniquilación (2018). El filme, en el que intervinieron actores como Leonardo DiCaprio, Tilda Swinton, Robert Carlyle o Virginie Ledoyen, únicamente pudo quedarse a poco de triplicar su presupuesto —cincuenta millones de dólares— en taquilla, y la crítica especializada le dio más palos que a una estera. Pero parece que el público lo vio con los buenos ojos suficientes para que se le asentase en la memoria Maya Bay, la bella playa tailandesa de la isla Phi Phi Leh, situada en el mar de Andamán.

Dieciocho años después, este lugar paradisíaco recibe una media de 4.000 visitantes cada día, nada menos, que descienden de unas 200 embarcaciones, y según informa Associated Press, el daño ambiental ocasionado por tanta actividad turística obliga ahora a las autoridades a cerrar la playa al menos cuatro meses año, a partir de junio, para permitir que el entorno coralino se recupere, algo absolutamente imprescindible: un grupo de biólogos marinos han descubierto que gran parte de los arrecifes de coral de la zona ha desaparecido junto con el resto de la vida marina que les es propia. Al contrario que otros parques nacionales marinos tailandeses, Maya Bay había permanecido abierta el año entero mientras aumentaba la afluencia de turistas desde que el equipo de Boyle rodó allí en 1999. “Es como alguien que ha trabajado durante décadas y nunca se ha detenido”, explica Thon Thamrongnawasawat, uno de los científicos responsables de este medio ambiente en Tailandia.

la playa danny boyle
AP, Rajavi Omanee

“Con exceso de trabajo y cansancio, toda la belleza de la playa se ha ido”, continuó. “Necesitamos un tiempo de espera para la playa”. Y cuando regrese el turismo, habrá un límite diario de 2.000 visitantes y a los barcos ya no se les permitirá fondear allí sino en unos muelles flotantes al otro lado de la isla. Otras experiencias de conservación ambiental han resultado exitosas, como las de las islas Koh Yoong, de la misma area, y Koh Tachai, en las Similan, cuyos arrecifes han recobrado el vigor felizmente desde mediados de 2016 tras prohibir el acceso turístico, tal como se hará con la famosa playa a la que arriba Richard, el personaje al que interpreta DiCaprio en la obra de Boyle. “Siempre había soñado que algún día podríamos trabajar para devolverla a la vida”, ha dicho también Thon. “He estado trabajando en Maya Bay por más de treinta años. La había visto cuando era un paraíso y la veo ahora cuando no tiene nada”.

Esperemos que esta decisión, tomada ayer por el Departamento de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Tailandia, surta el efecto deseado. “Si me preguntan si es demasiado tarde para salvar nuestras islas, la respuesta es no”, ha declarado Thanya Netithammakum, directora de dicho Departamento. “Pero si no hacemos algo hoy, será demasiado tarde”. Como ella, Thon es muy consciente de lo imperativo de estas disposiciones: “Los lugareños lo saben y todos lo sabemos”, ha dicho. “Esta sería una buena manera de comenzar a administrar nuestros destinos turísticos. Y podemos mejorar lo que aprendemos después del primer año. Sabemos que es importante que gestionemos bien nuestros recursos. No se trata de un mayor número de turistas, sino de un turismo sostenible que beneficie a los lugareños también”. Dado el celo con que la comunidad de La playa pretendía esconder este hermoso paraje del mundo, resulta irónico que hoy se pongan en práctica estas medidas para protegerlo.