Por desgracia, todos conocemos el gas mostaza, un agente químico letal, horrible y atroz que se ha usado en diversas ocasiones durante la historia militar. Pero hay poca gente que esté al tanto de que el gas mostaza, además de un arma también ha servido como una sustancia antineoplásica, es decir, como un remedio para tratar el cáncer. Un absoluto ejemplo de quimioterapia que ahora ha sido sustituido por agentes mucho más efectivos y más fáciles de controlar. Pero que en su momento se granjeó algunas "buenas acciones". Pues la guerra contra el cáncer es interminable, y toda ayuda es poca. Pero veamos, ¿cómo llega un gas letal a un hospital oncológico?

El letal gas mostaza

Sin más remedio, para comprender su papel como agente anticancerígeno, hay que entender su naturaleza. El gas mostaza, o Bis(2-cloroetil)sulfano, es normalmente un líquido, que se evapora a 214ºC. Como líquido es prácticamente inofensivo, aunque puede producir graves efectos con el tiempo. De color claro o transparente, este líquido se colocaba en las bombas las cuales esparcían el gas por el campo de batalla. El gas mostaza es terriblemente reactivo, especialmente su versión nitrogenada (la bis-2-cloroetilamina o β-haloalquilamina), algo más moderna. Esto provoca una ruptura inmediata en las células que tocan.

En la II Guerra Mundial todas las potencias se preparaban por si el otro bando decidía utilizarlo primeroEspecialmente en las mucosas, que inmediatamente provocan ulceraciones y ampollas allá donde actúa el gas. La muerte por este gas, por desgracia, la provocaban las terribles lesiones, que desfiguraban a los soldados hasta puntos insospechados. Se cataloga esta muerte como "asfixia agónica", un término casi demasiado ilustrativo. Pero volvamos a su historia, este gas fue sintetizado casi un siglo antes (o puede que más) de que Wilhelm Steinkopf desarrollara un método para producirlo en masa. Y sí, lo hizo, exclusivamente, por cuestiones militares.

Así, se empleó como instrumento táctico durante la I Guerra Mundial. Una vez que todos los bandos se hubieron calmado y se firmaron los tratados adecuados, todos se percataron con horror de los terribles efectos que el gas mostaza había tenido en sus tropas. Así que cuando estalló la II Guerra Mundial, ningún bando decidió usarlo contra el otro. Aunque, eso sí, todos lo tenían preparado en las primeras líneas por si acaso el otro decidía utilizarlo primero. Era una especie de seguro. La "bomba nuclear" antes de la propia bomba nuclear. Hasta que llegó el bombardeo sobre Bari.

Un ataque contra el cáncer

La raid ejercida el 2 de diciembre sobre el puerto de Bari, Italia, tuvo muchas consecuencias horribles. Como todas las guerras. Pero hubo una que determinaría un paso más en la lucha contra el cáncer. Muchos de los barcos fondeados cargaban con el susodicho gas mostaza. Al ser destruidos, los cargamentos liberaron su contenido, por lo que los marineros, sin pensarlo dos veces, se lanzaron al agua para salvarse de los gases. El caso es que parte del gas mostaza se diluyó en las aguas circundantes. Los soldados se vieron afectados por varios síntomas, aunque ninguno especialmente grave, como consecuencia de la exposición. Y una de estas consecuencias fue una reducción drástica en el número de glóbulos blancos. Fue entonces cuando los médicos pensaron que si este era el efecto en pacientes sanos ¿qué ocurriría en pacientes cuya producción es anormal? Y claro, cuales son los pacientes con producción anormal de glóbulos blancos. Por supuesto, los pacientes de leucemia, uno de los peores cánceres que existen.

Este fue el resultado de la "raid" contra Bari

Así que un arma letal se acababa de convertir en un candidato a luchar contra el cáncer. Y lo cierto es que el resultado fue espectacular. La reducción de la masa del linfoma en pacientes afectados se produjo de manera casi inmediata. Para ello, los médicos debieron usar el nuevo gas mostaza nitrogenado, ya que su versión anterior, azufrada, es más tóxico y menos concreto al actuar. El mecanismo de acción actúa sobre el ADN de los glóbulos blancos, "bloqueando" las moléculas y desnaturalizándolas, lo que provoca la muerte celular. De esta manera, el gas mostaza mata el linfoma. Por otro lado, el gas mostaza también se ha empleado en el tratamiento de la psoriasis, una enfermedad que todavía no entendemos del todo bien. No obstante, por desgracia, esta sustancia es un agente quimioterapéutico pero no es un remedio. No cura las células productoras, sino que trata sus consecuencias: el exceso de glóbulos blancos que funcionan mal. Pero gracias al gas mostaza, en los años 50 se desarrollaron nuevos agentes alquilantes más efectivos basados en este gas. Entre ellos están el clorambucilo el melfalán y el busulfan. Así que ya lo vemos, a veces, y hasta lo malo tiene un pequeño lado bueno. Y es que, como hemos dicho, la guerra contra el cáncer no acaba nunca.