les revenants

'Les revenants' - Canal +

La fiebre cinematográfica de los últimos casi tres lustros con los zombis al estilo de los que creó George A. Romero en su Night of the Living Dead (1968) sigue su curso, y series como la respetable The Walking Dead (Robert Kirkman y Frank Darabont, de 2010 a la actualidad) y su flojillo spin-off Fear the Walking Dead (Robert Kirkman, 2015) son éxitos de audiencia incontestables. Sin embargo, frente a esta machacona propuesta, ha surgido una alternativa que ya se apresuraron en reproducir en Estados Unidos y Gran Bretaña: la estupenda serie francesa Les revenants (Fabrice Gobert, de 2012 a la actualidad), que nadie debería perderse.

Estos resucitados sí que dan escalofríos

Robin Campillo, guionista de la serie, realizó en 2004 un largometraje homónimo en la que vuelven a la vida las personas fallecidas de la última década, la mayoría, como es lógico, ancianos, y su interés está puesto en el problema sociopolítico que esto entraña, cómo volver acoger a aquellos con los que no se contaba ya para la vida y la administración de una ciudad. La ficción creada por Gobert se basa en él, pero regresan individuos de toda índole y edad, al margen del año en que muriesen, y su enfoque es muy distinto: por encima de todo, se centra en el drama de los resucitados, que no encuentran su lugar y, la mayoría, ni siquiera entienden cómo ni por qué han vuelto, y de sus seres queridos, que habían aceptado la pérdida y seguido con su día a día y ahora deben afrontar tamaño asombro que pone su mundo patas arriba, en las consecuencias anímicas para el conjunto del pueblecito perdido entre montañas en que esto ocurre, una localización fascinante, y por fortuna, también en el misterio que envuelve a estas resurrecciones.

Opening de 'Les revenants' - Canal +

Es decir, los muertos vivientes de esta serie no tienen casi nada que ver con los de Romero y Kirkman, ni Les revenants con el cuento de los supervivientes que huyen de hordas de zombis, que ahora son mayoría y cuyo único impulso es devorarles, normalmente con una hermosa e innecesaria profusión de sangre y vísceras que salpican y enrojecen nuestras pantallas, y por puro morbo gore, es decir, con el objetivo de aplacar la sed de evisceraciones de los espectadores que se quejan cuando hay drama y no zombis. Aparte de eso, The Walking Dead no tiene nada de malo, entiéndaseme; la profundización en los personajes, el desarrollo dramático durante el que evolucionan enfrentándose a la brutalidad de los verdaderos monstruos humanos, o incluso convirtiéndose en ellos, la colocan 'Les revenants' cuenta con la presencia de algunos no muertos que ponen la piel de gallina, como el importantísimo Victor del pequeño Swann Nambotinsiempre muy por encima de la inmensa mayoría de las ficciones del subgénero; pero la cosa resulta mucho más atractiva e inquietante cuando los resucitados no son sólo sacos putrefactos sin cerebro con la única intención de hincar el diente, sino parte activa del drama, como en Les revenants.

Además, si no se desata un apocalipsis zombi mundial como en la serie de Kirkman, con el vértigo y la sensación fundada de desamparo que esto provoca, sí lo hay en miniatura, de una forma mucho más extraña y, por tanto, llamativa. Lo cual no se nos antojaría reseñable, ni la propia serie, de no ser por el detallismo, la elegancia y la impasible lucidez con que está elaborada. Porque a Les revenants no necesita explosiones de violencia para producir escalofríos y dejarnos los ojos como platos, con movimientos de cámara rápidos y un montaje acuciante; le basta con observar la violencia puntual con una mirada fría, desplazar el enfoque lentamente, aumentando así la tensión contenida en medio de tan inusitadas circunstancias, y contar con la presencia de algunos no muertos que ponen la piel de gallina, como el importantísimo Victor del pequeño Swann Nambotin; todo ello aderezado con una hermosa fotografía de Patrick Blossier y una banda sonora del grupo escocés Mogwai que contribuye mucho a la inquietud de los espectadores.

'Les revenants' - Canal +

A pesar de los tres años que han pasado entre la primera temporada y la segunda, no se aprecian diferencias notables además de los seis meses transcurridos en la ficción y el cambio en el estado de las cosas. Quiero referirme al hecho de que Gobert y el resto de guionistas han sido fieles al planteamiento inicial, y se han empeñado en profundizar en el drama y el misterio de la misma forma, comenzando con un estremecimiento reveladorSi la serie acabase con la segunda temporada, ya sería una conclusión satisfactoria para los que apreciamos algo preparado con tanto mimo antes de los sugerentes títulos y avanzando quizá, no sin turbaciones intermedias, hasta una nueva sacudida al final de cada episodio, aportando siempre más piezas al oscuro puzle de la historia, sobre todo a base de flashbacks, y ampliando así poco a poco nuestra perspectiva sobre lo que está ocurriendo. La producción, por otra parte, se ha mantenido intacta.

Si la serie acabase con la segunda temporada, ya resultaría una conclusión satisfactoria para los que apreciamos una narración audiovisual preparada con tanto mimo, en la que las aguas vuelven literalmente a su cauce; si bien su meritoria sutileza nos obligaría a hacer cierto esfuerzo interpretativo para comprender el meollo de tan fenomenales sucesos. Sin embargo, Gobert ha anunciado que existen planes para rodar una tercera temporada después de los buenos resultados de la última, en la que han explicado mucho a su manera pero no todo lo que podrían y deberían. Así que no cabe duda de que vendrá bien, y no pocos de nosotros la recibiremos ávidos y con los brazos abiertos.

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