Comencé a usar Facebook en el 2006 o 2007, ya no recuerdo bien. Solo sé que era algo muy nuevo, y ya nos empezábamos a aburrir de MySpace. En aquel entonces me parecía una cosa súper genial y me emocionaba al preguntarle a cualquier conocido "¿ya estás en Facebook?" Era una persona bastante diferente, con amigos diferentes, y con ocupaciones diferentes. La lista de amigos en los años siguientes se me llenó como hasta las 400 o 500 personas entre todos los amigos y contactos de la universidad, la familia, y los conocidos y amigos de ellos. Un día me harté de toda esa gente chismeando la vida de los demás y publicando tests, juegos y otro montón de cosas que ya me tenían asqueada. Eliminé al 90% de la gente y empecé de nuevo.

Fue mi primera purga, más de un compañero de clases me miró con indignación cuando descubrió que lo había eliminado de Facebook. ¡Oh, el drama!

Así pasaron los años y solo añadía en la red social a gente que me interesara leer, lo usé como una página para seguir intereses y no a personas de mi circulo social, y pues lo abandoné casi completamente cuando me uní a Twitter.

La decisión de prostituir tu perfil

Hace dos años más o menos, me pareció buena idea que ya que no hacía nada con esa red social, ¿por qué no usarla para darle algo más de visibilidad al contenido que creo en Internet? Si ven mi perfil de Facebook, es poca la información personal que comparto, y la mayoría de las fotos son de mi gato. Así que decidí empezar a aceptar todas y cada una de las solicitudes de amistad que recibiera, sin importar que tan extraña pareciera. Y convertí mi Facebook en casi un feed con los artículos que escribo, apenas compartiendo algo diferente a enlaces. Podríamos decir que lo prostituí.

Meses pasaron y meses pasaron, y cada vez tenía más y más "amigos". Completos desconocidos que deciden añadirte por equis razón y nunca te hablan... o peor, te hablan demasiado. Todos tus amigos pueden escribirte mensajes, esto es lo que pasa cuando alguien quiere ser tu amigo demasiado.

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Solo una pequeña muestra del tipo de mensajes que recibía todo el tiempo. Decenas semanalmente.

Mucha gente es amable y te escribe para decirte que admira tu trabajo o agradecerte por algún artículo que le sirvió de ayuda. Pero la mayoría parece no saber cómo iniciar una conversación, se ponen en plan acoso no-me-respondes-eres-mala. Otros te quieren utilizar de soporte técnico gratuito, y más de uno parece estar completamente loco.

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Para julio del presente año tenía más o menos 1100 contactos en Facebook. Me habían invitado a tres docenas de grupos de los que formaba parte sin siquiera tener idea, la cantidad de mensajes en el chat era incontable, y ni que decir de la sección "otros" que muchos no saben ni que existe. Si quería abrir Facebook para algo, me tenía que conseguir con un monstruo mutante que había creado yo misma aceptando a cualquier desconocido, los pocos amigos que sí tengo en la "vida real" me preguntaban constantemente quién era fulano porque Facebook se lo recomendaba como amigo porque era mi amigo. Mi promiscuidad hasta afectaba a los demás.

La purga 2

Facebook funciona de tal forma que las relaciones que tienes con las personas construyan una experiencia de usuario especialmente diseñada para ti. Si le das me gusta muy seguido al contenido de un amigo, pues con más frecuencia verás a ese amigo en tu feed. Si algo no te gusta deberás decirle a Facebook: "no quiero ver esto" para que deje de mostrártelo. Si aceptas o añades a alguien como amigo, inmediatamente lo sigues, y sus actualizaciones aparecerán en tu perfil. ¿Qué pasa cuando aceptas a 900 extraños como amigos pero no te interesa nada de lo que publiquen? Pues, tienes que dejar de seguir a 900 perfiles uno por uno para no ver sus publicaciones.

Las constantes notificaciones de actividad de personas que no tenía ni idea de quiénes eran, cumpleaños, grupos extraños donde alguien me añadía sin permiso (aún no tengo idea de cómo prevenir eso), constantes mensajes privados sin sentido, recomendaciones de amistades completamente al azar, etiquetas absurdas, etc. Apagué las notificaciones push de Facebook solo por el constante ruido. Mi uso de Facebook se convirtió en una carga pesada.

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Tener que hacer eso todo el tiempo empezaba a ser agotador. Y entonces decidí que era hora: o eliminaba mi perfil para siempre, o tendría que eliminar a todos los extraños de una vez por todas. Facebook no lo hace fácil, para nada. No existe manera de gestionar tu lista de amigos y seleccionar múltiples cuenta a la vez para eliminar. Tienes que eliminarlos uno por uno.

Debes ir a tu perfil, hacer clic en "Amigos" y luego un par de clics más para eliminar a alguien. Esos son más de 1800 clics que tuve que hacer en dos noches separadas para poder limpiar mi cuenta. Por un segundo recordé aquella vez que mi vecina me preguntó si yo trabajaba haciendo clics en Internet ¯_(ツ)_/¯

Decidí mantener en la lista de amistades solo a aquellas personas que conozco lo suficiente como para recordar sus nombres y que hayamos tenido una conversación en al menos el último año. Los demás, fuera. Nada personal, solo ya no lo soportaba más. Ahora apenas tengo 100 amigos, y puedo usar la red social sin quejarme de lo horrible que es y cómo me molestan sus usuarios. Te das cuenta de que Facebook no es el problema, el problema es cómo decides usarlo.