Dentro de la cultura corporativa de muchas compañías, el Eating your own dog food está considerado como una de las señas de identidad de la compañía, una norma estricta que obliga a empleados y directivos a utilizar los mismos productos que desarrollan. Para muchos este tipo de prácticas son algo normal y, básicamente, una directriz lógica que toda empresa debería seguir para "predicar con el ejemplo" y mostrar a los usuarios lo comprometidos que están con sus productos, sin embargo, casos como el de Miguel de Icaza nos muestran que esta doctrina no es siempre tan sólida y, en mi opinión, no está de más observar que se hace fuera para poder innovar y mejorar lo que estamos haciendo dentro.

La base del Eating your own dog food es que si una compañía espera que alguien use sus productos, es de esperar que la compañía use los productos como reclamo y como signo de confianza en estos. De hecho, esta idea es algo más profunda porque también encierra el sentimiento de no apoyar a la competencia y convertir a cada empleado en una especie de "embajador" de la compañía y sus productos. No es raro que empresas como Google o Microsoft prueben, internamente, sus nuevos productos antes de lanzarlos al mercado; sin embargo, esta forma de ver la industria, y que está tan arraigada en las empresas, convierte a las empresas en una especie de burbuja que puede llegar a perder el contacto con el mercado y con lo que realmente buscan los usuarios.

Casos como los de Steve Sinofsky (que al poco de abandonar Microsoft comentó en su blog que usaba un iPhone), Miguel de Icaza o Young Sohn, el responsable de estrategia de Samsung que, en una entrevista para el MIT, comentó que era usuario de dispositivos de Apple han levantado mucho revuelo en el sector y son 3 buenos ejemplos de que, quizás, el Eating your own dog food sea una visión obsoleta de las cosas y, quizás, un síntoma de comportamiento zombie y de inercia empresarial.

En muchos casos, el Eating your own dog food se considera una especie de símbolo de lealtad a la compañía, una manera de promocionar la actividad de la compañía y una muestra de coherencia, sin embargo, si la estrategia de una compañía solamente se basa en mirarse hacia dentro comenzará a perder el contacto con la realidad y, a largo plazo, podría terminar quedándose ciega y alejada del mercado o lo que demandan los usuarios.

Mirar a la competencia, en mi opinión, no es una traición, es más, creo que es una práctica que deberían seguir muchas más empresas. Mirar qué hace la competencia, entender sus productos o su visión de las cosas nos puede ayudar a mejorar nuestros productos o nuestros servicios y a verlos desde un punto de vista distinto y "no viciado". El usuario es sabio y, al final, escogerá el producto que mejor se adecue a sus necesidades o aquellos productos que sean capaces de adelantarse a sus necesidades y si no somos capaces de entender el contexto que nos rodea y solamente nos miramos a nosotros mismos, será complicado hacerse un hueco en el mercado y marcar la diferencia.

Steve sinofsky - Eating your own dog food

Aunque pueda parecernos una blasfemia, usar los productos de la competencia de vez en cuando es una forma de aprendizaje que muchas empresas deberían adoptar para pulsar la realidad y mejorar sus productos. Asumir este tipo de prácticas no significa copiar, significa innovar en tus productos, romper con la inercia y mejorar qué ofrecemos o qué experiencia queremos brindar a nuestros usuarios, un aspecto que también requiere un análisis interno que va más allá de usar nuestros productos por imposición sino que también requiere una visión autocrítica valiente.

En el libro "El arte de la guerra" atribuido a Sun Tzu, podemos encontrar un pasaje que es bastante interesante y viene al hilo de lo que estamos comentando:

Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla

El Eating your own dog food es una práctica corporativa muy extendida que es norma en muchas empresas y que, incluso, se recomienda en algunos libros. Sin embargo, creo que no deberíamos tomarlo como algo estricto que convierta a nuestra empresa en una burbuja, no debemos perder el contacto con la realidad ni tampoco con nuestra competencia; estudiar a la competencia y entenderla nos ayudará a innovar y a ser mejores, una oportunidad que las empresas no deberían desaprovechar si no quieren terminar sumidas en la inercia y estancadas viendo cómo los usuarios abrazan los productos y servicios de otras compañías que sí que se adaptan a lo que buscan o que son capaces de adelantarse a sus propias necesidades.

Imágenes: Free Great Picture y Apfel Page