The Last of Us culminó su irregular segunda temporada con una escena clásica del juego. Ellie (Bella Ramsey) finalmente encuentra a Abby (Kaitlyn Dever). O sería más preciso decir, esta última atrapa a Ellie y la embosca. Fundido a negro y después, la trama sigue ahora a Abby, de vuelta en Seattle tiempo atrás. Por lo que la entrega concluye con un cambio de perspectiva que muchos fanáticos del original reconocerán. Se acerca el cambio de perspectiva, que permitirá explorar en el punto de vista de la asesina de Joel Miller (Pedro Pascal).
De modo que la serie de HBO, demuestra sus intenciones de adaptar buena parte de lo esencial del juego de Naughty Dog del que proviene en la próxima temporada. Eso, a pesar de sus complicadas decisiones en cuanto a cronología y desarrollo de personajes en la entrega que acaba de finalizar. La aparente contradicción, de hecho, demuestra hasta qué punto, la producción se enfrenta al reto de trasladar una historia icónica a un nuevo formato. Hacerlo, además, respetando buena parte de la trama, pero introduciendo los inevitables cambios que requiere la televisión.
Un precario equilibrio que a la segunda temporada de The Last of Us le llevó esfuerzos mantener y que provocó que la producción, tuviera tanto momentos brillantes, como otros irregulares y hasta tediosos. Para explorar en lo anterior, te dejamos lo bueno, lo malo y lo feo de la segunda temporada de la producción. De una cuidadosa mirada a la distopía original hasta una versión simplificada de un conflicto cada vez más duro. Todo, para entender los problemas y virtudes de uno de los sucesos televisivos del año.

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Lo bueno de la segunda temporada de ‘The Last of Us’

A pesar del reto de perder a uno de sus protagonistas apenas en el segundo episodio, la serie logró mantener la suficiente tensión dramática como para sostener el resto de la temporada. De hecho, la muerte de Joel (un punto trágico que se adaptó en una escalofriante escena de tortura y asesinato), es uno de los puntos fuertes de la temporada. La llegada de Abby permitió, además, presentar al importante personaje con todo su subtexto y una explicación temprana de sus motivaciones.
Una decisión que, seguramente, hará más sencillo el desarrollo de la venidera tercera temporada, que se enfocará en lo que rodea a la complicada figura. El punto de vista de Craig Mazin y Neil Druckmann de aclarar sin justificar las actuaciones de Abby, además brinda una mayor humanidad al personaje. Más allá de su crimen, que la serie no dudo mostrar en toda su dureza, también es una superviviente en busca de redención. Al menos, de sostener el precario mundo que intenta mantenerse en pie en medio de la epidemia de Cordyceps.
Profundizar en el mundo original

Por supuesto, la segunda temporada tuvo la habilidad de incluir varios giros complejos relacionados con los infectados. De nuevos tipos de criaturas hasta la siniestra posibilidad de poder contagiarse de la infección fúngica debido a las esporas. La serie tomó decisiones correctas para ampliar, enriquecer y profundizar el universo original. Algo que le permitió incluir detalles de los Serafitas, los peligrosos fanáticos religiosos de la segunda parte del juego.
Además, de los WLF (Washington Liberation Front, por sus siglas en inglés), el grupo que derrotó a FEDRA en Seattle y cuyas instalaciones vemos en la última escena de temporada. The Last of Us también presentó a Isaac (Jeffrey Wright), un importante personaje del clásico de Naughty Dog, cuya llegada a la historia fue uno de los grandes momentos de la temporada.
Un héroe trágico y su contexto

Otro punto de interés en la segunda temporada de la serie, fue su capacidad para brindar a Joel un lugar preponderante en la historia, más allá de su trágica muerte. De explorar en su psiquis gracias a la figura de la psicoanalista Gail (Catherine O’Hara) hasta el inolvidable capítulo seis, que mostró a fondo su relación cariñosa y cercana con Ellie. Lo cierto es que el protagonista trascendió el mero hecho de ser el detonante de una venganza sangrienta y brutal.
También, como pilar fundamental de Jackson, Joel mostró su capacidad para la empatía, la colaboración y la solidaridad. Un punto que agrega capas de complejidad al personaje, que tomó una decisión drástica y en esencia egoísta en el final de la primera entrega. Lo cierto es que con su aire pesimista, agobiado y lleno del dolor, el Joel que encarna Pedro Pascal, es tanto un hombre falible como un padre amoroso. A la vez, un asesino que fue capaz de cometer una masacre que al final terminaría por cobrarse su vida.
Desde la ambigüedad, el guion indagó en las motivaciones de un personaje con una enorme dimensión humana. También, brindó una segunda lectura a la desesperada necesidad de venganza de Ellie, que no solo perdió a una figura paterna. También, la posibilidad de ser querida, aceptada y protegida en un mundo que le niega precisamente todo eso. Una óptica desgarradora y en cierta medida cruel, que se convirtió en el punto más alto de la temporada.
Lo malo de la segunda temporada de ‘The Last of Us’

Sin duda, el mayor problema de la segunda entrega de The Last of Us, es su pobre escritura. A pesar de tener un guion capaz de indagar en los temas del juego con la misma profundidad que el original, el argumento tuvo verdaderos problemas por lograr un equilibrio entre adaptar y crear. Mucho más, cuando tomó la decisión de subvertir la cronología disruptiva del juego, en favor de una más lineal que pudiera ser más comprensible a un público que no es fanático del clásico de Naughty Dog.
La estrategia es, hasta cierto punto, lógica. Pero también requiere que el argumento trabaje entonces en evitar que la historia se vuelva predecible o desordenada. Cosa que ocurrió en más de una ocasión. Del innecesario discurso de Abby exponiendo punto a punto sus motivos para asesinar (cuando ya se había explicado su motivación), hasta reales problemas de ritmo después de la muerte de Joel. La segunda temporada de The Last of Us, no supo cómo lograr que el argumento pudiera tanto tomar decisiones originales, como rendir tributo al juego. Eso, llevando a la trama a varios de sus momentos más inverosímiles y atropellados.
Un puñado de escenas sin sentido

Algo que incluye varias de las secuencias más importantes de su cierre de temporada. Entre otras situaciones, el episodio trató de definir la relación entre Dina (Isabela Merced) y Ellie, luego que esta última finalmente le revelara lo ocurrido con Nora (Tati Gabrielle). La escena, que tenía por objetivo profundizar en una relación romántica corrompida por la culpa y el horror, pareció superficial, cuando no torpe.
Algo que también podría decirse de la llegada de Tommy (Gabriel Luna) y la explicación superficial de Jesse (Young Mazino), sobre cómo lograron hallar a ambas jóvenes en Seattle. ¿El más incompresible? El encuentro de Ellie con los Serafitas, una confusión de tonos y situaciones. Los detalles se multiplican como para mostrar que, a pesar de los esfuerzos de la producción por mantener su escala de drama devastador, cometió graves errores al indagar en su trama.
Una protagonista contradictoria y confusa

Pero, sin duda, el punto más débil de la serie es la forma en que enfoca la tragedia y el dilema de Ellie. A pesar del innegable talento de Bella Ramsey, el personaje abarca una maraña de situaciones sin sentido. La mayor parte de ellas, contradictorias entre sí e incluso, directamente absurdas. Ellie, que en el juego es una sobreviviente al borde del abismo mental y físico, llega a la segunda temporada en medio de una superficial historia de crecimiento. Algo que incluye el amor, su enfrentamiento con Joel y al final, encauzar toda su voluntad y fuerza en la búsqueda de la venganza.
En ningún momento a lo largo de los 7 capítulos de la entrega, Ellie resulta convincente. Ya sea embarcándose en una travesía que la llevará a convertirse en una asesina desalmada o solo, enfrentando la ausencia de Joel. La protagonista parece carecer de propósito, torpe y desbordada por una serie de problemas que van desde el uso de las armas, hasta querer ser una presencia paterna para el bebé de Dina. El guion crea un desordenado arco de aprendizaje y crecimiento, en el que Ellie deambula a tumbos y mucho peor, en el territorio movedizo de la contradicción.
Lo feo de la segunda temporada de ‘The Last of Us’

Sin duda, el aspecto más desagradable de la segunda temporada, fue la campaña de odio en Internet contra la actriz Bella Ramsey. Durante la primera entrega, hubo rechazo hacia el hecho de que fuera escogida para el papel de Ellie Williams, pero su actuación demostró su capacidad para afrontar el reto. Mucho más, que más allá de su muy debatido parecido con la protagonista del material original, supo sacar provecho de las fortalezas del guion. Algo que le permitió profundizar con sutileza en los dilemas que planteaba el papel.
En la segunda temporada, ocurrió exactamente lo contrario. Por lo que el guion deficiente la hizo el centro de todas las críticas contra el programa. Pero, no debido al desarrollo de Ellie en la adaptación, las torpezas de los diálogos o la contradicción frecuente en el arco de crecimiento que muestra el papel. Buena parte de la agresiva campaña tóxica en contra de la actriz, se concentró en su aspecto físico.
Ya fuera para señalar que su apariencia juvenil le impide parecer una joven mujer de 19 años — aunque Ramsey tiene más de veinte — o que no es todo lo atractiva que supone el rol. Lo cierto es que, desde el fenómeno del review bombing hasta una cruel oleada de memes, chistes y video burlones. Bella Ramsey se encontró en el ojo del huracán de la crítica misógina. El peor momento de la segunda temporada con diferencia.

