Mel Gibson regresa a los cines con Amenaza en el aire nueve años después de la estupenda Hasta el último hombre. En esta ocasión, regresa al thriller ambientado en el presente para ofrecer un claustrofóbico relato en el interior de una avioneta. Junto a él cuenta con un nuevo rostro de primerísimo nivel como Mark Wahlberg, a quien se unen Michelle Dockery (Downton Abbey) y Topher Grace (Spider-Man 3, Interstellar). A sus 69 años, el director tiene la firme intención de demostrar que sigue siendo uno de los más grandes de todo Hollywood.

La trama de Amenaza en el aire lleva a la teniente general Madolyn (Dockery) a llevar a un importante testigo (Grace) custodiado en una avioneta. Este hombre, Winston, va a testificar contra la mafia para la que trabajaba. El piloto del avión (Wahlberg), por su parte, deberá llevarles sanos y salvos atravesando las enormes montañas de Alaska. Pero en pleno vuelo, las tensiones se disparan, ya que no todo el mundo a bordo es quien parece ser. Y a 3.000 metros de altura no hay escapatoria posible.

Amenaza en el aire

Mel Gibson regresa a los cines encomendándose, contra todo pronóstico, al thriller de serie B. Amenaza en el aire es un entretenimiento sin pretensiones que sorprende por su falta de ambición dado el nombre detrás de las cámaras. No es fallida, pero sí que resulta muy simple y vacía.

Puntuación: 3 de 5.

Película claustrofóbica

Lo más interesante de la premisa de Amenaza en el aire es que, frente a las superproducciones a las que nos acostumbra Mel Gibson, esta vez mueve toda la película a un solo espacio. A excepción de los primeros minutos de arranque, todo el filme se desarrolla dentro de la avioneta. Eso le permite al cineasta un ejercicio cinematográfico muy sugerente, aunque hay que reconocer que no demasiado imaginativo.

Es verdad que al encontrarnos en un espacio tan pequeño con tres personajes y con la tensión disparada, Amenaza en el aire transmite esa buscada sensación de claustrofobia. Pase lo que pase, no hay escapatoria. Y cuando estás encerrado con un monstruo en estas circunstancias, el nerviosismo se apodera de los protagonistas y del propio público. Pero sorprende que, más allá de eso, Gibson no sea capaz de ofrecer una dirección particularmente atractiva para una historia tan sugerente.

El cineasta se limita a tiros de cámara básicos y una iluminación estándar propia de telefilme. No hay rastro de ese director capaz de recibir nominación tras nominación. En casi cualquier figura de la industria, una película como Amenaza en el aire sería un estreno más, sin mucho que ofrecer pero suficiente dentro de sus propias características. En alguien como Mel Gibson, es inevitable sentir una sensación de potencial desaprovechado.

Amenaza en el aire

Un guion sin fuerza

El gran problema de Amenaza en el aire es en realidad su guion. Aunque la historia es buena, los diálogos no están ni mucho menos a la altura. Los personajes hablan de una forma extremadamente impostada. Sueltan de vez en cuando frases que pretenden ser lapidarias pero que carecen de garra ni coherencia.

En general, el conjunto entretiene y se mueve con un ritmo muy ágil que no da un solo respiro. Sabe a lo que va y se arroja a ello sin ningún miedo. Amenaza en el aire es una película pura de serie B. Un entretenimiento lúdico, barato, simple, vacío. Pero en eso se queda, sin ser capaz de sobresalir o mirar más allá de ninguna forma. Da tantas vueltas sobre lo mismo (es el peligro de hacer una película en un solo espacio cerrado), que acaba resultando algo cansina, aunque nunca aburrida.

A Amenaza en el aire le cuesta llegar del punto A al punto B porque entre medias solo repite los mismos patrones una y otra vez. Pero ese toma y daca es suficiente para, al menos, lograr el aterrizaje forzoso que busca y no resultar un accidente aéreo a cámara lenta. Además, Wahlberg, Dockery y Grace conforman un trío que florece de entre las cenizas para pilotar la nave.

Amenaza en el aire

En definitiva, Amenaza en el aire es la película ideal para apagar el cerebro y disfrutar de un thriller serie B sin ninguna pretensión. Esto no sería malo de no ser porque detrás de las cámaras está una leyenda como Mel Gibson, de quien cabría esperar mucha más ambición y desparpajo. No es un fracaso y los espectadores echarán un buen rato con este entretenimiento fast-food, pero se olvidarán de ella a las pocas horas.


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