Entre los ordenadores más vendidos de la historia aparecen nombres como Commodore 64, MSX, PC de IBM, Apple II o Sinclair ZX Spectrum. Viejas glorias que introdujeron la informática en millones de hogares en una época en la que la computación era algo de empresas, universidades o entidades gubernamentales. Y aunque la historia de la informática está centrada muchas veces en Estados Unidos, hubo un tiempo en el que desde Reino Unido también tenían mucho que decir al respecto. Gracias a Sir Clive Sinclair. Inventor de la calculadora de bolsillo, de los ordenadores Spectrum y del no tan conocido Sinclair C5.
Del mítico Spectrum se ha hablado mucho. Más de 5 millones de unidades vendidas desde su lanzamiento en un lejano 1982. Y millones de niños de aquel entonces se introdujeron en la informática gracias a él. Un ordenador que era más bien una consola de videojuego. Su éxito fue tal que por su 40 aniversario se lanzó una versión renovada para nostálgicos y coleccionistas. Eso sin contar con el mercado de segunda mano del que se nutren sus entusiastas para adquirir modelos antiguos, piezas y accesorios.
También se habla relativamente mucho de que Sir Clive Sinclair produjo la primera calculadora electrónica delgada del mercado. La Sinclair Executive de 1972. No fue la primera en su clase pero sí una de las que gozaron de mayor popularidad. Pero los ordenadores y calculadoras no fueron los únicos inventos de Sinclair. También apostó por la movilidad eléctrica. Por desgracia, en una época en la que era ciencia ficción. Y a pocos les interesaba tal excentricidad. De ahí que el Sinclair C5 fracasara. Sin embargo, como ocurre con los ZX Spectrum, el C5 de Sinclair tiene aficionados que mantienen vivo su legado. Y sirvió de inspiración para otros ingenios eléctricos que vemos hoy por nuestras calles.
Vida y primeros años de Clive Sinclair

Clive Sinclair nació en una familia de ingenieros navales. Su padre y abuelo trabajaron para la empresa naval Vickers. Con todo, nacer en plena Segunda Guerra Mundial no fue fácil. Refugiados fuera de Londres para evitar los bombardeos, que inevitablemente redujeron su casa a escombros, al finalizar la contienda se mudaron a Bracknell, en Berkshire. Las penurias económicas familiares hicieron que cambiara de escuela en varias ocasiones. Con todo, se le daban muy bien las matemáticas. Lo que le permitió cursar física, matemáticas puras y matemáticas aplicadas.
Y para ganar algo de dinero y contribuir a la economía familiar, realizó varios trabajos. Algunos de ellos en empresas de electrónica como Solartron o Mullard. Al cumplir 18 años y abandonar los estudios, empezó a soldar kits de electrónica por correo. Este tipo de tecnología amateur para aficionados y entusiastas de la electrónica, hablamos de los años 50 y 60 del siglo pasado, tenía relativo éxito. En revistas del sector, se explicaba como montarlos. E incluso se podían comprar por correo, sin montar o ya montados.
Sinclair llegó a soldar miles de estos circuitos a petición de los compradores. E incluso llegó a escribir un libro sobre el tema en 1959, poco antes de cumplir los 19 años. De ahí que, en 1961, creara su propia empresa, Sinclair Radionics. Primero vendió tecnología de terceros mediante licencias y kits de circuitos de impresos, como los que montó años atrás. Pero pronto empezó a diseñar sus propios aparatos, como una radio de bolsillo o un televisor de bolsillo. También escribiría más libros sobre electrónica y colaboraría en revistas del sector.
Los éxitos de Sinclair con la computación

Pero el primer gran éxito llegó en 1972 cuando puso a la venta la Sinclair Executive. Una calculadora electrónica de bolsillo y ultraligera para la época. Y para los estándares actuales. Bien diseñada y práctica, llegó a exponerse en el MoMa de Nueva York. Con todo, la empresa como tal no acabó bien. Así que decidió poner en marcha otra compañía, Sinclair Research, esta vez en colaboración con Chris Curry, que ya tenía experiencia dirigiendo su propia empresa de electrónica.
El primer gran producto de Sinclair Research fue el ZX80 de 1980, un ordenador doméstico y económico que podías comprar ya montado o en formato kit de montaje. Luego vendría el ZX81 y el ZX Spectrum. Gracias a estos éxitos sería nombrado Sir en 1983. Y aquí es cuando la inventiva e inteligencia de Sinclair chocan de nuevo con la realidad. Creando un vehículo eléctrico innovador cuando la sociedad no tenía necesidad ni interés en algo así.
El Sinclair C5, innovador pero desastroso

De los circuitos impresos a los transistores. Y de ahí a la informática doméstica. Pero el ya entonces Sir Clive Sinclair quería ir más allá. La automoción eléctrica. En marzo de 1983 creó Sinclair Vehicles, una empresa centrada en lo que sería el Sinclair C5, su primer y último producto. Para financiar el proyecto puso dinero propio. Y como director ejecutivo nombró a Barrie Wills, que ya tenía experiencia en el sector de la automoción tras trabajar en DeLorean Motor Company, la empresa responsable del mítico DeLorean, que entonces fue un sonado fracaso.
A principios de 1985, Sinclair presentaba al público el Sinclair C5, un vehículo de pequeñas dimensiones, técnicamente un triciclo eléctrico para un pasajero. Eso sí, con un diseño futurista y práctico para viajes diarios en ciudad. El diseño, por cierto, era de Lotus. Y la carrocería, de polipropileno. Para moverse, contaba con una batería de ácido de plomo de 12 voltios. Que le daba una autonomía de unas 20 millas, es decir, más de 30 kilómetros. Ideal para viajes diarios dentro de la ciudad. Y pesaba 30 kilos sin batería y 45 kilogramos con ella. Eso sí. La velocidad que alcanzaba el C5 era de tan solo 24 kilómetros por hora.
Estar en el lugar y momento equivocados

La intención era crear posteriormente modelos de mayor tamaño del Sinclair C5. Con cuatro asientos. Y con velocidades mayores. Hasta 130 kilómetros por hora. Sin embargo, nada de esto fue posible. El C5 había sido un fracaso. Si se anunciaba en enero, en agosto de ese mismo 1985, el fabricante del vehículo, Hoover, anunciaba que paraba la producción por disputas financieras con Sinclair Vehicles. La compañía de automoción de Sinclair cambió su nombre a TPD Limited. Y, a finales del mismo 1985, entró en liquidación voluntaria.
¿Qué falló para que Sinclair C5 fuera un fracaso comercial? Para empezar, era muy lento. 24 kilómetros por hora. Segundo. Era descapotable. Y en Reino Unido, llueve la mayor parte del año. Y cuando no llueve, hace frío. Al menos, así era en 1985. Más problemas. La batería era de ácido de plomo. La batería de iones de litio no llegó hasta 1991. Cuando llovía o nevaba, las baterías podían mojarse. Todo esto unido a que en el mercado inglés eran más de coche que de moto o triciclo, volviendo de nuevo a las inclemencias meteorológicas, hicieron que el Sinclair C5 tuviera una vida muy corta.
Tal vez de haber salido a la venta en un país con clima más atemperado, como el sur de Europa o la costa californiana, o de haber incorporado ya baterías de iones de litio, el Sinclair C5 hubiera gozado de más éxito. O de haberle dado un uso de nicho, como los carritos de golf o las furgonetas de tres ruedas.
El legado del Sinclair C5

Aunque el precio del Sinclair C5 no era excesivo, 400 libras de la época, su escaso éxito hizo que se rebajase hasta 139,99 libras. Pero no hubo manera. La prensa se tomó este vehículo eléctrico a broma. Y quienes se lo tomaron en serio, criticaron su falta de seguridad por la carrocería abierta o que no podía subir cuestas por su poca potencia.
El desastre del Sinclair C5 afectó a Clive Sinclair de varias maneras. En lo económico, ya que invirtió dinero de su propio bolsillo. E incluso llegó a costarle el matrimonio, tras 20 años casado. E, indirectamente, acabó ocasionando la venta de los derechos de sus ordenadores a Amstrad, la empresa competencia propiedad de Alan Sugar. Por su parte, Sinclair decidió seguir apostando por inventos y desarrollos propios, a pequeña escala, bajo su empresa Sinclair Research.
En 1992, volvió a las andadas. Esta vez, una bicicleta eléctrica, llamada Zike. Y, de nuevo, fracasó, como hiciera el C5. Compacta y plegable, tenía un inconveniente: sus diminutas ruedas y la posición del manillar y del asiento la hacían difícil de manejar. Y en 2011, Sinclair anunció que estaba trabajando en un vehículo eléctrico, el X1. De dos ruedas y a un precio de 595 libras esterlinas. Sin embargo, no supimos nada más del proyecto, ya que no llegó a salir a la venta.
Por su parte, el Sinclair C5 sigue teniendo sus entusiastas. Con su propia web y todo. Está claro que llegó muy pronto. De ahí sus carencias en potencia y autonomía. Y que el diseño era demasiado veraniego para la fría Inglaterra. Tal vez hubiera tenido mejor éxito en un momento como el actual, en el que se abren paso patinetes, motos y automóviles eléctricos. Con más autonomía, velocidad y prestaciones que el propio C5.
