En varios de los momentos que pretenden ser graciosos en Red One, lo humorístico del chiste en pantalla se pierde en medio de un escenario desordenado. De hecho, esta comedia navideña, con aires de película de acción, es un tablero de situaciones cada vez más ridículas. Eso se debe, en parte, a que es evidente, que la película es la suma de varias retomas y reescrituras. Por el otro lado, que a pesar de tener una historia novedosa y con posibilidades, el guion es tan mediocre que termina por parecer confuso. 

Eso, aunque la premisa es relativamente sencilla. Santa Claus (un desaprovechado JK Simmons) es el centro mismo de la Navidad y razón de su existencia. Por lo que su seguridad — y todo lo que le rodea — está en manos de un equipo preparado para cualquier contingencia. Mucho más, para enfrentar toda amenaza, una vez que el mundo se ha hecho más complicado y que el recorrido en trineo cada Nochebuena, resulta peligroso. En manos de todo el sistema de protección, se encuentra Callum Drift (Dwayne Johnson, sin pizca de su habitual carisma), malhumorado y eficiente. Y también, capaz de utilizar toda la tecnología y magia a su disposición para llevar a cabo su trabajo. 

Cuando Santa Claus es secuestrado — y toda la mecánica de la Navidad queda en suspenso —, Callum tendrá que reclutar a un escuadrón de élite para evitar el desastre. Lo que le llevará a recorrer el mundo para prácticamente traer por la fuerza a un experto que asegure el éxito de su misión. Para entonces, la película dedicó una buena cantidad de tiempo en mostrar todos los sofisticados aparatos e inventos que acompañan al personaje en su aventura. Y, por supuesto, a su colaborador a regañadientes, Jack O’Malley (Chris Evans), que deberá ayudar — quiera o no — en rescatar al padre de la Navidad. 

Red One

Red One intenta ser, al mismo tiempo, una aventura de acción, una comedia navideña y también, un buddy film con dos compañeros irreconciliables. Pero no logra ser ninguna de esas cosas. Eso, debido a su guion torpe, predecible y vacío. Lo que provoca que la travesía en busca de un Santa Claus secuestrado, se transforme en una colección de lugares comunes y clichés, en medio de un apartado visual deficiente.

Puntuación: 2 de 5.

Muchas piezas que no funcionan entre sí

Una de las cosas que se lamenta en Red One, es la incapacidad del guion de Chris Morgan, de ser algo más que lugares comunes. Con todo el elaborado contexto que insinúa — desde la logística navideña para repartir obsequios hasta el uso de una combinación mágica de la tecnología —, la película se queda corta en ambiciones. En especial, porque se enfoca demasiado en crear una buddy film, sin que sus dos actores tengan la química suficiente para lograrlo. Johnson parece más interesado en parecer invencible — que lo es, en cierta medida, — que darle humanidad a su personaje.

Por otro lado, Chris Evans peca de sobreactuado en su perpetua sorpresa sobre lo que ocurre a su alrededor. De hecho, una vez que se establece que toda la mitología asociada a la Navidad es verdadera — lo que incluye renos, monstruos y criaturas de leyenda —, su constante asombro parece artificial. Lo que hace que su papel curtido cazarrecompensas, parezca más torpe que hábil y más ridículo que gracioso. Ambos actores se esfuerzan por burlarse de ellos mismos o de las extravagantes situaciones que atraviesan. Solo que el humor físico, se resume a caídas, gritos y sacudidas. Cuando se trata de juegos de palabras, todo es obvio, aburrido y sin gracia.

Buenas ideas desperdiciadas

Incluso JK Simmons, parece fuera de lugar o, en el mejor de los casos, sin nada nuevo que aportar a su personaje. En los últimos años, Santa Claus ha llegado a la pantalla grande desde su lado más gamberro. De la versión cínica, borracha y pesimista de Mel Gibson en Matar a Santa (2020) a la bonachona y pendenciera interpretada por David Harbour en Noche de paz (2022). Lo cierto es que la importante figura navideña se ha reinventado lo suficiente para ofrecer posibilidades. Pero el argumento, no brinda al personaje la suficiente historia o profundidad, como para ser algo más que una excusa para todo lo que ocurre en la trama.

La película desaprovecha su propio mundo y desconcierta, que buena parte del guion ignore lo que podrían ser sus puntos más hilarantes. Cuando el equipo de rescate finalmente se acopla entre sí y va en busca de Santa Claus, hay docenas de guiños a personajes no tan habituales en cintas de la fecha. Lo que permite alcanzar sus mejores momentos, al reflexionar acerca de la Navidad de manera distinta. Pero a la cinta le falta ambición, para profundidad, en una idea tan sugerente y sigue de largo, entre chistes verdes, medio disimulados y risas falsas.

Mención aparte, el Krampus interpretado por Kristofer Hivju, que ofrece, quizás, la escena más memorable de la película y la que demuestra, lo que pudo ser en toda su extraña combinación de situaciones. Eso, cuando la mítica criatura se enfrenta a Callum en una pelea con aires callejeros. Pero de nuevo, el guion parece tener más prisa en hacer chistes sin gracia que profundizar en sus puntos más interesantes.

Una promesa que no llega a ninguna parte

Red One, parece lamentablemente simplona a pesar de querer ser una aventura gigantesca que abarca varios continentes y escenarios. Pero el apartado visual — un deficiente CGI que resulta borroso y poco pulido la mayor parte de las veces — no acompaña la intención. Mucho menos, cuando la película debe cerrar sus principales puntos para, claro está, salvar la Navidad y demostrar que la amistad de los chicos malos salvó el día.

Sin embargo, esta colección de clichés no llega a funcionar nunca. Tediosa, más larga de lo que debería y sin nada que aportar al género navideño, Red One es un conjunto de piezas sueltas sin mayor sustancia. Algo más que claro, en su urgencia de divertir con todo tipo de situaciones, sin sentido, orden ni habilidad. Eso, sin lograrlo apenas y abandonando con mucha frecuencia su parte más cínica — que es la que realmente funciona — por el común mensaje de alegría navideña. Solo que esta vez, sin demasiado entusiasmo o gracia. Su problema más extraño, siendo, precisamente, una comedia de acción.


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